Real 5*GL en Santander
Hotel Real 5*GL
País:
España
Provincia:
Cantabria
Localidad:
Santander
Cód. Postal:
Nº habitaciones:
123
Nota de cata PRECIO MEDIO:
200 €
Nota de cata VALORACIÓN MEDIA:
8.5
Nota de cata SERVICIO AL CLIENTE
8.5
Nota de cata HABITACIÓN
8.5
Nota de cata INSTALACIONES
9.3
RCP CALIDAD-PRECIO
8.5
Opiniones de Real 5*GL
OPINIONES
2

El Hotel Real se alza en la colina de Reina Victoria como si de un orgulloso balneario de principios de siglo se tratara. Blanco impoluto y techado de pizarra negra se erige por encima de cualquier otro edificio de la capital cántabra. Muchos son los lugares desde los que se puede ver el hotel, pero todavía son más los que se pueden disfrutar desde cualquiera de sus balcones, amplios y luminosos, hoy al alcance de cualquiera que quiera darse un caprichito pero antes sólo disfrutable por la corte que acompañaba a la familia real en sus veraneos.

Alojarse en el Hotel Real es una experiencia en sí misma, no apta para quienes busquen las atenciones y servicios de un hotel de cinco estrellas de hoy pues, muy a mi pesar, la gestión no es ni mucho menos la que un hotel insignia como este debería tener pero sí, desde luego, para los que entiendan que el lujo a veces pasa por prescindir de las amenities más chic, el maletero que cargue con tu equipaje o el debido cuidado de los detalles, para adentrarte en un edificio lleno de historia en el que han dormido reyes, jefes de estado y las más exquisitas señoras con parasoles y puntillas que veraneaban tres meses durante la florida Belle Epoque.

Las habitaciones varían mucho de unas a otras, nunca pasando por grandes lujos, pero si cambiando en orientación, vistas y decrepitud del mobiliario. En general: camas amplias, un armario antiguo, un escritorio, una mesita y dos sillas, componen la decoración de las habitaciones, cómodas aunque tal vez más propias de hoteles con una estrella menos. Baño bien equipado, de mármol aunque en ningún caso nuevo. Lo mejor, sin duda, los balcones orientados al mar (tarifa diferente según las vistas) desde los que se filtra una mágica luz que, como si de la varita del hada madrina se tratara, convierte esa calabaza de 4 estrellas en la carroza más lujosa que jamás uno haya visto….lujo de 7 estrellas, visión impagable….

Desde el balcón se ve el mar infinito de Santander, las playas de Somo y Pedreña, el faro y, a lo lejos, el palacio de la Magdalena con sus maravillosos jardines. Para los curiosos, hay muchas habitaciones que dan justo encima de la casa de Emilio Botín, ejemplo perfecto del aristocrático entorno de viviendas residenciales que rodea al hotel.

Los desayunos los sirven en un bonito invernadero que da a los jardines. Buenísima calidad de productos en un buffet que bien merece el no poder probar bocado hasta la cena. En los salones se puede tomar una buena copa hasta tarde y, en verano, la terraza es una de las más agradables de todo Santander. La pega quizá sea que los salones, otrora perfecta combinación de estilo palaciego con grandes cortinas y sofás tapizados con sedas y encajes, hoy lucen más apagados y un pelín faltos de cariño.

Por último, para los amantes de los tratamientos de agua, el hotel inauguró un centro de talasoterapia en el 2003 que, aunque chiquitito, ofrece un punto de calor, descanso y agua, a todos aquellos que tengan miedo a probarla directamente del gélido cantábrico.

Un icono en horas menos lustrosas pero sin duda un lugar que ningún buen viajero que se precie debería perderse…

He de reconocer que no voy a ser objetivo. Simplemente, me encanta este hotel desde que lo visitamos por primera vez hace ya una docena de años por lo menos, cuando todavía no tenía el centro de talasoterapia. Mi mujer dice que le entra complejo de marquesa cuando está allí... A mí me pasa lo mismo. Me cuesta horrores abandonar el hotel

Me gusta su arquitectura, su ubicación, su entorno, la ciudad y su gente, el trato del personal, las vistas de las habitaciones que he ocupado, el mobiliario de anticuario, las arañas de cristal, las alfombras algo ajadas, sus terrazas, los combinados de Sabino y Bea (nada de ordinarios GT, no hay como un clásico Manhattan para después de una buena cena), los sobaos del desayuno, las jubiladas merendando por la tarde, las aglomeraciones del fin de semana con gente de la ciudad y los alrededores (curiosísimo...). La clase y elegancia que desprende todo el hotel, huyendo de modernidades efímeras. Y eso que no soy familia ni del Sr. Gaspar ni del Sr. Botín.

Voy a poner una pega, para que no se diga: la TV de la habitación no es de pantalla plana... Me da igual, prefiero mirar por la ventana ;-)

No sé el precio exacto, pero fueron unos 100 euros por habitación y noche con desayuno incluido aprovechando una oferta.

Dispone de aparcamiento al raso, PC con internet en la planta sótano y wifi en todo el edificio gratuitos, además del centro de talasoterapia (pagando) en un edificio anexo.

Una recomendación: visitarlo fuera de temporada. Es más barato y el trato es mucho más familiar y cercano. Hay bastantes ofertas en su página web.

Nota para Ramico: nos pusieron una cesta de fruta y una botella de champagne como detalle de bienvenida, además de los bombones sobre la almohada (de viscolástica, pedida gracias a la carta de almohadas que había en mi mesita de noche) de cada noche y otra cajita de bombones que apareció en manos de mi hijo... Y la mantequilla estaba a temperatura ambiente. Y eso sin que supieran de antemano que soy de verema y que iba a escribir este comentario y el e-mail de agradecimiento que les acabo de enviar. Eso es trato VIP y lo demás son, como decimos por aquí, collonades :-D

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