Presentación CAVINSA Hotel Intercontinental, Madrid (2ª parte)

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    #1
    astolfi

    Presentación CAVINSA Hotel Intercontinental, Madrid (2ª parte)

    Parada rápida en la llena-a-rebosar mesa de Luis Cañas, donde una joven y un señor servían a discreción (con mucha discreción) su Hiru 3 Racimos (entre otros) sin mirarte ni interrumpir las sin duda interesantes conversaciones que mantenían con unos catadores expertos que confirmaban las bondades del vino. Qué decir del Hiru3? Pues que para lo que cuesta, ya puede estar bueno (y lo estaba, por supuesto) Sigo pensando que la mejor relación calidad precio en esta bodega la tiene el crianza básico, y que el Amarén es el más razonable y equilibrado de todos.

    Mientras los huesos de los jamones del Sr. Castro hacían mutis por el foro, una riada de camareros empezaba a servir el cóctel. Tarea complicada a veces esto de cazar un pinchito al vuelo, ya que debían de tener instrucciones de ir corriendo hasta la otra punta del salón, desde la puerta de las cocinas, que es donde casualmente estaba yo. El tema es que esto de comer algo se había convertido en una prioridad para mí: eran más de las ocho y yo no había tomado ni agua desde las dos de la tarde, y como yo no soy profesional de esto, me daba pena tirar a la escupidera esos vinos tan ricos tras la cata, y hasta que descubrí el ";bastayagracias";, me zumbé todo lo que me iban poniendo en la copa.

    Siguiente parada en unos Ribera del Duero, Convento San Francisco, donde un joven muy simpático me invitó a probar sus tres creaciones (barrica, crianza y edición especial) Muy agradables, muy Riberas todos, y poca diferencia entre el de 14 euros y el de 40, pero mucha entre estos dos y el de 50 (hablo de memoria, puede que me falle)

    Volví a probar suerte, esta vez con éxito ya que llevaba mi copa, con los blancos de Dos Victorias. Fresco, aromático y frutal el ";joven";, pleno de matices el barrica. Muy adecuados para copa o para acompañar platos ligeros.

    Excursión a René Barber, donde presentaban Manyetes, un priorato redondo, sin una arista, como una esfera, sin que nada pareciera ni demasiado, ni demasiado escaso. Me recordó al Finca Dofí en su elegancia femenina. Para tomar solo, sin comida que distraiga de su degustación. Una delicia a unos 45 euros presentada con pasión por Albert Sábado, que justo después se marcho al ver agotadas sus botellitas de pizarra.

    Mientras unos cuantos asistentes alucinábamos viendo de reojo un vídeo porno en un portátil que había por allí encima de una mesa (estos virus...), y a la vez que escuchaba a mi lado (sin querer, lógicamente) un retazo de conversación donde un expositor comentaba a un asistente-cliente-amigo algo así como: “Aquí la gente sólo viene a beber buen vino gratis, pero qué le vamos a hacer, esto es lo que hay.” llamó mi atención en la esquina del fondo una botella tipo Borgoña con una etiqueta naranja muy llamativa. Y entonces confirmé que, sin duda, la vista es el primer sentido que entra en juego a la hora de elegir un vino, al ver la etiqueta. Unos vinos triunfarán mientras que otros fracasarán tan sólo por ese papelito pegado en la botella. Resultó ser un Syrah y Tinto Velasco prefiloxérico con potentes taninos que, al ser catado tras el Priorat, no lo tenía fácil, pero aún así, resultó gratamente sorprendente, igual que la conversación con uno de sus productores, el periodista Marcial Pita. Por cierto, el único de todo el evento que me ofreció envinar con su vino la copa (bien escaso que no podíamos soltar) para limpiarla antes de catarlo. Sin duda, este original vino merece ser degustado con tranquilidad, más adelante, ya que va a mejorar aún más con algo de reposo en botella.

    Otra incursión a la Ribera (Martín Berdugo), con tres vinos (joven, barrica y crianza) básicos y sin estridencias, buenos para acompañar cualquier plato en cualquier momento, y un concurso (en su web) a ver quien escribe el mejor microrelato definiendo qué es la felicidad. Total nada.

    Me quedé con las ganas de probar el primer tinto con denominación de orígen Roda, con etiqueta de diseño by Victorio & Lucchino, porque se les había acabado. Pero habrá que verlo.

    Para acabar (porque aunque había más, consideré que mi cabeza merecía ya un descanso) un refresco con un par de Albariños Pazo de Señorans (";joven"; y crianza barrica de acero), frescos, aromáticos y potentes donde primaba el aroma a melocotón y albaricoque, sobre todo en el criado.

    En resumen, una nueva oportunidad (en una presentación bien organizada), para conocer cosas nuevas, sorprenderse como un niño y también reencontrarse con viejos amigos.

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