Unos días después disfruté de otras dos botellas más, como sigue siendo habitural en verano, ya he dicho en varias ocasiones que es mi blanco de cabecera.
Una de las dos botellas la acompañamos con un bacalao dorado, estilo restaurante el Cristo, o sea con más patatas que bacalao (le gusta a alguno de mi familia), la experiencia ha sido recordable y casi memorable, por supuesto que lo volveremos a repetir, aunque la próxima vez será con más bacalao que patatas.
La otra acompaño a una paella de "señoritos", o sea con gambas, almejas y mejillones pelados, para no encontrar nada que tirar en el arroz. Era demasiado plato para este vino, no estuvo mal pero demasiado caballo para tan poco jinete.
A pesar de todo mantengo que es un vino muy notable y con una muy buena RCP.
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