Rafael y Olga amén de su trabajo diario en la elaboración de sus vinos, destacan por su pasión y respeto a la tierra, las viñas y a todos aquellas personas que apoyan y respetan este mundo.
A lo largo de sus añadas en Beryna, al menos de las que conozco 2002 a 2006, del cual soy fiel seguidor, me cautivó el 2002 bien porque me descubrió el mundo Beryna y seguro ponderó al alza este recuerdo en comparativa con el resto de añadas.
Este 2006 se presente con falta de botella que produce amargor en su final, aunque destaco su potencial de guarda y a pesar de estas notas, actualmente se bebe muy bien.
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