Corcho extraído con sacacorchos de láminas en perfecto estado, no demasiado bañado en vino rojo picota oscuro para tener casi 27 años (y embotellado mínimo 16 años). Huele genial a fruta roja y negra muy madura por el interior.
Catado el 22 de agosto de 2016 (mi 40 cumpleaños), por la noche, y recatado a las 24 horas del descorche (ahora mismo). No decae prácticamente con 24 horas abierto (al revés, en muchos aspectos incluso mejora).
Visual: rojo rubí cobrizo de capa media-alta con ligeros reflejos anaranjados y ligeramente ocres de buena intensidad. Ribete anaranjado-cobrizo-transparente. Limpio, brillante y de buena lágrima de lenta caída. Se nota evolución lógica de un vino de casi 3 décadas y una crianza larguísima pero sin excesos (es decir, lo esperaba más evolucionado en visual todavía).
Nariz: de mucha potencia a fruta roja y negra muy maduras, casi pasificadas ya (sobre todo a las 24 horas de descorchado), flores marchitas, especiados, balsámico-mentolados a tope, herbáceos, tostados poderosos, cacao, café negro, higos muy maduros (prácticamente secos), piel de naranja madura, ciruelas también muy maduras, monte bajo, pimienta negra, tabaco rubio, caja de puros habanos, ligeros cueros, maderas y muebles algo viejunos,... todo en un equilibrio sin igual, perfectamente conjuntado y aromas súper bien integrados pero, a la vez, totalmente distinguibles. A más temperatura (20-22ºC) observo un fondo con notas que recuerdan a vino amontillado de Jerez. Maduro, fresco, elegante, poderoso y complejísimo. Una pasada.
Boca: el ataque es rotundo pero elegante a más no poder. Con un frescor y acidez tremendas. Se expande en boca poderoso y llena la misma de matices a frutos rojos y negros maduros, notas anaranjadas, notas a pimienta, mineralidad notable. Paso por boca con mucho nervio y vigor. Taninazo impresionante, todavía perceptible en mucosas pero con una elegancia aterciopelada como pocos vinos tintos pueden presumir tener (y menos con 27 años ya). Taninos potentes pero, a la vez, dulces y sabrosos. En el paso por boca vuelve esa naranja madura, esa sensación de acidez explosiva y esa elegancia a terciopelo espectacular. El final es largo, muy largo, larguísimo, con recuerdos en retrogusto y retronasal a frutos rojos y negros muy maduros dulce-amargosos, especias, hojarasca, flores marchitas, balsámicos, cacaos, notas anaranjadas y minerales, pimienta, maderas nobles,... es enorme la complejidad y el rastro final que deja (la permanencia en boca supera los 4-5 minutos).
Vinazo, una bestia, quizás en su mejor momento de consumo a sus 27 años. Eso sí, se le ve mimbres para mantenerse (e inclusive podría mejorar, si cabe) mínimo 10-15 años más. Este vino, bien conservado, fácilmente podrá beberse con 40-50 años y estar todavía estupendo y con una madurez excepcional. Prácticamente ya no hay Riojas (ni vinos) que me den esas sensaciones de tanta entereza, tanta rotundidad, tanto poderío, tanto tanino, acidez, vertebración, estructura, densidad y mimbres, para resistir 4-5 décadas "con la gorra". Éste es uno de ellos sin ser de una añada precisamente histórica (sólo fue calificada por el Consejo Regulador de "Buena"). La Rioja Alta me da la impresión de que está, parcialmente, al margen de las consideraciones de añada del CRDO. Hace unos vinos fantásticos desde Alberdi a 890 (pasando por Arana, Ardanza y 904) pero, en sus gamas altas (algunos Ardanzas y, sobre todo 904 y 890), al menos en estas añadas antiguas, sus vinos son, simplemente, excepcionales.
No me ruborizo al decir que, ahora mismo, me parece que La Rioja Alta 890 Gran Reserva 1989 está a un nivel muy alto (vino de clase mundial).
PD: Vino no barato precisamente pero con una RCP que considero muy buena. En la tienda que lo compré lo vendían por 95€ y lo adquirí, negociación mediante, por algo menos de 80€. PVP fabuloso teniendo en cuenta que la añada 2004 (de otro perfil, con más madera nueva y extracción), anda ya en 85-110€.