Inolvidable

Vista. Marrón castaño con tonalidades teja, descubierto de capa, completamente limpio y manteniendo bastante brillo (síntoma de acidez latente).

En nariz se presenta con una intensidad media baja, donde lo que predominan son los aromas de crianza reductiva, tales como cuero, aromas animales y piel de naranja seca. Tras abrirse un poco en copa, nos ofrece unas sutiles notas de cacao y tabaco negro. Al reposar, la piel de naranja seca se apodera de la nariz, ofreciendo a su vez un ligero fondo de paja seca y cáscara de nuez. Tras dejar la copa reposar unos 15 minutos, comienza a dar unas curiosas notas atrufadas que se pueden asimilar a las que daría un vino licoroso (botritizado).

En boca destaca su entrada seca y llena de viveza en cuanto a acidez, para nada acética, teniendo un paso fluido, aunque en el centro no aparece nada más que algo de lo descrito en nariz (o nada menos, después de 43 años de vida), destacando el café y la cáscara de nuez. El final es relativamente largo y eminentemente ácido, dejando unos recuerdos finales reductivos que nos recuerdan a la piel curtida y la madera antigua encerada.

En resumen un vino histórico que, a modo de pieza arqueológica, nos desvela cómo se elaboraban los vinos en aquella época, pudiendo deducirse aspectos tales como la acidez y la concentración que debía tener la uva, el equilibrio justo que le otorgó la madera desbravada y la filosofía riojana de la generación anterior, en cuanto a buscar la delicadeza y el equilibrio frente a la fruta basta y el color.

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