Este es el primero de los vinos de la cena de nochebuena. Se trata de un Riesling de la excelente añada de 1966. Hay que tener en cuenta en la década de 1960 la designación de "Kabinet" se utilizó para los mejores vinos de la finca, nada que ver con la actual designación "Kabinett" utilizada después de 1971.
Abrimos la botella con el abridor de lamas y afortunadamente conseguimos sacar el tapón íntegro. Lo dejamos respirar unas necesarias tres horas previas a la cata y lo servimos a 12°C:
VISUAL: Posee un color amarillo dorado, casi ocre, con reflejos cobrizos. Brillante y muy cristalino. De lágima untuosa fina y escasa. Impactante aspecto.
OLFATIVA: Al principio se mostró bastante cerrado, con notas rancias que desaparecieron por completo tras tres horas de aireación. Con la copa parada apreciamos fruta escarchada (orejones) . Al agitar se abre como un libro abierto, surge un desfile de aromas que atesoraba durante los últimos 50 años. Frutas de hueso, nísperos y albaricoque, florales de jazmín y azahar, herbáceos de tila y manzanilla y frutos secos (almendras tostadas). Seguimos con la nariz inmersa en la copa y detectamos recuerdos de mazapán y membrillo, así como un atisbo de comino y anís estrellado. Al final, en las últimas copas, muestra una cierta mineralidad (sílex, pedernal) para terminar con unas golosas notas dulzonas de caramelo líquido. Una pátina aromática maravillosa, que incita a oler una y otra vez pues parece no tener fin. Con una intensidad media-alta y de una complejidad asombrosa. Nariz espectacular y difícil de olvidar.
GUSTATIVA: En boca es muy lácteo, graso, con un paso por boca muy suave y de buena acidez. Asoma un carácter cítrico que recuerda a la piel de naranja con variados aromas retronasales, anís, hinojo y notas de frutas tropicales, piña y lichi. De una delicadeza sorprendente, aterciopelado y totalmente redondo. Su persistencia es media, sobre los dos minutos. Intuyo que puede sobrevivir varias décadas más sin despeinarse, pues su estructura es titánica. Decir que conforme pasaban las horas mejoraba ostensiblemente, se hacía más amable si cabe. La última copa tras 6 horas abierto fue sin duda la mejor, tomada como postre vamos... Riesling espléndido, embotellado el año que nací y en mucho mejor estado que yo.
La RCP fue excelente pues conseguimos tres botellas de esta joya sin precio a 26 euros cada una. Un regalo.
Fue el vino entrante de la cena y lo tomamos con un foie gras de canard, unas tostas de salmón ahumado noruego y unos langostinos de Vinaroz calibre 00 a la plancha. Para mi gusto el maridaje con el foie y con el salmón fue algo mágico. Esa cremosidad y su acidez desengrasaron a la perfección ambos platos. Gran Riesling señores, creo que el mejor que he probado nunca. Sencillamente delicioso y sobre todo...memorable!!
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