Dr. Jekyll y Mr. Rejón

Porque al principio nos salió demasiado dulzón, cerrado... Mucho alcohol y azúcar por doquier. Pero al cabo de unas cuantas horas, se mostró muy bueno, elegante, fino, con todo integrado. Una pena, porque fue jarreado un par de horas antes de la primera prueba, porque pensábamos que sería suficiente. Pero no.

La nariz, pues lo dicho, muy cambiante, con un dulzor tremendo al principio, tostados, vainilla por doquier, fruta muy madura, ahumados, flores azules, toffee, monte bajo y un alcohol marcado, un bombón de licor muy muy potente. Luego, con mucho rato de apertura, pues se suaviza la nariz, con una madera de fondo muy elegante, los tostados integrados, la fruta madura, pero con toques de frutos del bosque, sin tanta mermelada como al principio. Los balsámicos dan frescura, como las flores, las especias picantes y una mineralidad y ahumados marcados. Notas de tierra húmeda, de matorral. Se percibe frescura, no el toque plomizo del principio.

En boca, vamos por el mismo camino, con esa noche y día, con ese toque mermeladoso, dulce, con bollería, un tanino domado, pero con algún toque rústico. El alcohol es cálido, los tostados poderosos, toffee y el final largo y demasiado licoroso. Pero como con la nariz, pasa lo mismo. Con mucha oxigenación, la boca se vuelve elegante, más fina y suave, con especias picantes que ni se percibían de inicio (pimienta negra, nuez moscada, toques de canela) y un toque balsámico y mineral fresco. Flores, suave alcohol, el tanino más notable, pero fino, maderas finas, esas notas de tierra húmeda y flores. Es largo y bueno, nada pesado.

Pues eso, que es un vino que ha cambiado una barbaridad con la oxigenación. Pero hay que darle demasiadas horas, con lo que eso le penaliza según mi punto de vista.

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