Dorado. Limpio, brillante y glicérico. Excelente corcho.
Aromas de buena intensidad, arquetípicos de lo que deben ser (al menos para mí) los de esta uva. Pomelo, hinojo, anises, leves notas almendradas, mantequilla, tostados y mineralidad.
La boca me ha parecido diferente a la de las chardonnays francesas. No estoy acostumbrado a probar las de Estados Unidos y como no tengo el registro he intentado compararlas con las que más conozco. Se asemeja a algún Meursault por su corpulencia, aunque las sensaciones del Shafer son menos grasas. La acidez es altísima, casi tanto como la de ciertos vinos de Chablis y posee buen equilibrio. Alguien me dijo que la bodega sobre-maderizaba, pero creo que el uso de la barrica está contenido. Me parece curioso también que pese a sus 14.9º, el alcohol se muestre tan integrado. Matices parecidos a los descritos en la fase anterior, ahora quizá con mayor presencia frutal, como la piel de melocotón o el plátano.
Final muy largo y marcado.
Distinto, poderoso pero elegante. Con una gran paleta y una soberbia frescura, esto tiene que envejecer de miedo. Me ha gustado.