Restaurante L'Alquería del Pou en Valencia

Restaurante L'Alquería del Pou

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Datos de L'Alquería del Pou
Precio Medio:
32 €
Valoración Media:
6.5 10
Servicio del vino:
4.9 10
Comida:
6.1 10
Entorno:
7.9 10
Calidad-precio:
7.3 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Tipo de cocina: Valenciana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 25,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


8 Opiniones de L'Alquería del Pou

Si por algo destaca L'Alquería del Pou es por sus arroces, en un marco huertano que contrasta con la vecina Ciutat de les Arts i les Ciències.

De entrantes: 

* Croquetas caseras (muy buenas)

* Titaina (me gusta más la Cabanyalera)

* Paella valenciana (perfecta)

* Postre: Fruta del tiempo

* Vino D.O. Valencia y cervezas.

 

Hoy he comido en este magnífico lugar inmejorable ubicación, los entrantes correctisimos y los arroces muy elaborados, postre en línea con lo anterior todo buenísimo......venía con la intención de un homenaje en toda regla y me encuentro una carta de vinos muy tradicional y conservadora, más de lo mismo que en todos lados, quería probar cosas nuevas en este sentido y me quedé a medias en mi humilde opinión le haría falta una renovación en el vino a los que nos gusta la novedad y el descubrir nuevos vinos en este lugar lo tenemos difícil.

Desde luego la ubicación marca, creo que es un acierto y resulta un lugar agradable en el que cuesta en muchas ocasiones encontrar mesa. Cubertería, vajilla y copas correctas, servicio atento, buen pan y carta de vino corta y sencilla aunque adecuada a lo que se ofrece. El servicio del vino es muy flojo, prácticamente inexistente. Tomamos un correcto Perro Verde, fresco y adecuado para la comida.
Plato de alcachofas, hay que aprovechar la temporada que se acaban, correctas y en buen punto. El otro entrante calamar pequeño con ajos tiernos y habitas baby, correcto y poco más.
Al medio un arroz del señoret, la verdad es que no hace falta ni encargarlos, te los hacen en un momento, y no me extraña, bien de punto pero algo aceitoso y salado pero sobre todo falto de alma, efectista diría yo. Postres correctos, café y gin tonic de buena elaboración, creo que en ese terreno se manejan muy bien y el lugar se presta.
En resumen, local con cierto encanto por la ubicación pero falto de pasión por el vino y la comida, lo cual tampoco les hace falta a la vista del éxito y del público al que va dirigido. Correcto.

No soy yo muy de arroces, y por eso aún no había visitado este restaurante. Mira tú por dónde, me invitaron a una comida de trabajo y para allá que fuimos, con curiosidad, la verdad: eso de comer en una alquería en plena Valencia tiene su aquél.

Está a tiro de piedra de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y más cerca todavía, prácticamente enfrente, del Centro Comercial El Saler. Se accede desde el Carrer d’Antonio Ferrandis, tomando un desvío por un caminito rural y a unos pocos metros te encuentras inmerso en plena huerta.

Como decíamos, se trata de una alquería restaurada sin grandes alardes, pero queda molona, y con una especie de terraza-porche acristalado que le da mucha vida, toda, al negocio. Ahí nos acomodaron, con vistas a la huerta y a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Más valenciano imposible.

Lleno, hasta arriba, muy buen ambiente, mucha comida de negocios como la nuestra, pero atmósfera alegre y desenfadada. Buena separación entre mesas y comensales, te sientes desahogado.

Joé, pues como se coma bien… esto va a ser la reos en bicicleta.

La carta está, no podía ser de otro modo, enfocada absolutamente a la gastronomía tradicional valenciana, con los arroces como protagonistas principales.

Pedimos algo de picar al centro y un arroz, lo mismo que hizo “tó Cristo”:

Titaina.
All i pebre.
Gambas al ajillo sobre ajoarriero.
Arroz caldoso de buey de mar.

Pues… No, no se come especialmente bien, la verdad. Corrijo: no comimos especialmente bien ese día.

La titaina, me “paró” (como se dice por aquí) algo ácida y desestructurada; el all i pebre, excesivamente líquido y falto de carácter; y el arroz de buey, pues adolecía de lo mismo que el all i pebre, le faltaba untuosidad y punch, no estaban malos ni mucho menos, pero…. Pues eso. Sin embargo un plato que estaba fuera de carta y nos recomendaron, las gambas al ajillo sobre ajoarriero, estaban de muerte, tersas y sabrosas las gambas, y con el caldo del ajillo y pimentón que se mezclaba con el fondo de ajoarriero conformando un bocado exquisito. Ése es el camino.

Carta de vinos correcta, sin servicio del mismo. Tomamos una copa de Martivillí 2014 (qué bueno estaba este verdejo oye, que fresco y vivo) y una botellita de Bassus Pinot Noir 2012, siempre en la brecha éstos de Hispano Suizas.

Servicio rápido y amigable.

Pese a no salir satisfecho de la comida, el entorno y el ambientillo me resultaron francamente agradables, por lo que le daré otra oportunidad si se tercia.

Desconozco RCP, fui invitado, pero se adivina buena por lo visto en carta.

Un grato descubrimiento que he hecho recientemente. Restaurante de comida típica valenciana situado dentro de la misma Valencia pero enclavado en medio de la huerta que se encuentra anexa a la Ciudad de las Artes y las Ciencias y al Bulevar Sur. Se llega al mismo por el Camí del Pou d'Aparisi. El restaurante, como su propio nombre indica está estructurado bajo el concepto de Alquería, con una gran casa rodeada de huerta. En el interior, decoración de estilo rústico con muchas notas modernas. Mantelería cuidada. El comedor está delimitado por unas cristaleras con vistas a la huerta y a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. La separación de las mesas es la adecuada.
Con respecto a la cocina nada negativo que objetar, la carta es de corte tradicional, con la presencia de la típica titaina, esgarraet, calamar,... y por supuesto los arroces.
Nosotros nos decantamos por probar la ensalada de la casa, recomendable por su variedad y buena combinación de los diferentes elementos: boquerón, espárragos, lechuga maravilla, salmón,... en buena sintonía. A continuación nos decantamos por probar la titaina, que estaba buena, aunque quizá no de las mejores por eliminar demasiado la acidez del tomate. A continuación probamos el calamar plancha, perfecto, muy bien cocinado. El arroz que probamos fue el meloso de Bogavante, y no defraudó en absoluto, muy en su punto, y la sustancia del crustáceo perfectamente integrada con el arroz.
De postres, para el que no lo haya probado y le guste la calabaza le recomiendo el Arnadí, típico de Valencia también, aunque en esta ocasión me decanté por el flan de naranja, brillante, para probar.
Acompañamos la comida con un Sequé, cuya monastrell estuvo más que a la altura.

Como nota agridulce y negativa: el servicio. Les pedimos más pan en un par de ocasiones pero simplemente nos ignoraron. Luego, al describir la lista de postres (no nos trajeron carta), nuestra memoria no los asimiló todos y en la última petición le solicitamos a la chica que nos atendía si nos los podía volver a repetir, y ésta empezó a cantar los postres con tono de voz pesado y burlón. Y este hecho es una lástima, porque resta valor al buen trabajo que en mi opinión se hace en cocina. Esperemos que simplemente haya sido "el día".

Sin duda para probarlo, pero antes de ir entrenad la memoria...

Había oído comentarios sobre el lugar y sabía que era de los mismos dueños que la Alquería del Brosquill con lo que supuse que, a parte de los arroces, poco o nada mas.

No obstante decidimos probarlo y para no estar mediatizados por nuestra elección en carta contratamos un menú de la casa por 30 euros por cabeza lo que además de darnos una idea de la calidad del producto y de la técnica culinaria, también nos dice mucho sobre el concepto con que trabaja el lugar.

La cena decepcionante, hacía muchos años que no cenaba tan mal, pude comprobar que el lugar no sirve para disfrutar de los manjares, tan solo para saciar el hambre de quien lo necesite.

Este es el menú

1º.- Una fritura requemada de mini-boquerones, rabas de calamar y un empastre a medio camino de lo que pudiera parecer tortitas de camarón pero que resultaba una especie de caucho incomible

2º.- Cómo no¡¡ Sepia entera a la plancha con picadillo de ajo, perejil y aceite (mas molusco, con este, dos platos de molusco)

3º.- No se exactamente si quería ser un suquet de pesacdo y calamar (otra vez molusco) o una fritura con algo de caldo. Acompañaba a los trozos de pescado unas cuantas gambas impresentables y unas cigalitas asi como el socorrido molusco (calamar) ya que estamos en la tierra del molusco.

4º.- Unas paellas llenas de patatas a lo pobre, huevos fritos (la mayoría secos y quemados) y embutido bastante flojo

5º.- Muestra de postres tipicos (lo único salvable de la comida)

Como vereis, la imaginación no es una de las virtudes de los cocineros de este lugar ya que los tres primeros platos eran lo mismo pero cocinado (es un decir) de forma distinta y el ultimo plato mas parecía el almuerzo de un día de campo que un plato para servir en un restaurante que se precie.

Finalmente el servicio de vino resultó flojo, sin orden ni maridajes y los blancos sin cubeta que les mantuvisen frescos.

Una lástima, ya que el lugar es un lujo, estar en Valencia pero en medio de la huerta.

No es el concepto de cocina que yo tengo, se supone que cuando vas a un restaurante ieres disfrutar de la comida, que te sorprendan, pero aqui no entienden eso

Fuimos de rebote porque no pudimos encontrar mesa en el Brosquil, pero no se que decir.
Como comentan, misma filosofía pero con el valor añadido de ser mas pequeño, menos ruidoso , un defecto del Brosquil, una sensación de amplitud total que hace que te encuentres en medio de la huerta. Han acristalado la terraza y les ha quedado redondo.

Comimos, demasiado visto después, albóndigas de bacalao, una por cabeza, calamar rebozado, esgarrat y blanquet, típico de las dos Alquerías. Después un arroz del " senyoret" para menos de los comensales pero aun así muy abundante, para buenos comedores.

De vino de la casa un Malavida, refrescado y en copas correctas, el postre algo mas inconcreto, unos dulces para compartir en platillos y la fruta bien presentada pero insulsa.
Terminamos con cafés y con la invitación de la coca de lllanda y la mistela fría.

Como era una reunión familiar aun atacamos unos gin tonics que estando bien se pueden
mejorar, por ejemplo preparandolos en directo y no traerlos con la Ginebra ya servida.

Un buen sitio para cuando nos preguntan a los valencianos donde comer un buen arroz.

El trato eficaz y profesional y el aparcamiento un problema que no le resta encanto, todo no van a ser facilidades...

Cogiendo la ronda sur y justo antes de tomar la salida hacia El Saler, hay un desvío hacia el camino del Pou d’Aparisi, un par de minutos después nos encontramos con L’Alquería del Pou. No pongo número de teléfono ni del camino pues no lo encuentro, pero no tiene pérdida. Creo que lleva como mucho un par de meses abierto y es complicado encontrarlo por la red. Tiene un parking que ya se ha quedado pequeño, pues llena prácticamente todos los días.
Antigua alquería valenciana restaurada de manera muy bonita. En el comedor no hay sitio para más de dos mesas, en la terraza (que es donde nos colocamos), unas diez y creo que tiene comedor en el primer piso, el que usarán cunado llegue el frío (si llega).
De los dueños de L’Alquería del Brosquil, siguen la misma filosofía… producto valenciano, cocina tradicional intentando dar de comer honestamente y a un precio competitivo. Nos comentan que intentan llevar la filosofía del show food, el km0, o como se llame ahora, abasteciéndose de la maravillosa huerta colindante.
Mesa redonda para tres comensales, bien vestida y con vistas a la Ciudad de las Ciencias (y a un semialmacén de cajas de refrescos…).
Trato muy amable, cervezas para empezar que acompañan de olivas y cacaos, bien.
Buena cubertería, vajilla y copas de batalla.
Pedimos para compartir:
• Albóndigas, mandoguilles o croquetas de bacalao, según a quien le preguntes... también hay algún amigo que las denomina cloquetas o almóndigas.
• Calamar de playa.
Ambos entrantes buenos, nos acompañan de varios tipos de pan y un allioli muy fino.
Como principal una extraordinaria paella de pollo y conejo, muy, muy rica.
Pepe, que ya había estado el día anterior se pidió una sartén con embutido y patatas a lo pobre, buena ración.
Para acompañar escogemos un Enrique Mendoza cabernet sauvignon, servido bien de temperatura. Servicio que consiste en descorche y primer llenado de copa, que es lo que a mí particularmente más me gusta. Aquí mejoraron mucho las copas.
Raciones generosas lo que invitaba a no pedir postre, aunque compartimos una torrija con helado de merengada y chorrito de horchata, muy bueno.
Cafés e invitación a mistelas y coca (de llanda).
Buena sobremesa, salimos los últimos de allí.
Un sitio a tener en cuenta, buena comida, buena RCP, buen trato y vistas… no se como será allí en invierno.
Muchas gracias Pepe por estos ratos.
Volveremos.

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