Restaurante Suculent en Barcelona
  

Restaurante Suculent

13
Datos de Suculent
Precio Medio:
59 €
Valoración Media:
7.1 10
Servicio del vino:
6.2 10
Comida:
8.1 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 37,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)


Restaurante Suculent Steak tartar templado sobre tuétano a la brasa y patatas soufflés y tobiko Suculent Ajoblanco con sardina ahumada y huevas de trucha. Suculent en Barcelona Ceviche de gambita roja, aguacate y maiz. Restaurante en Barcelona Croqueta de rabo de vaca y trompetas de la muerte Restaurante Suculent Nuestra Waldorff Suculent Gelée de naranja con olivas Suculent en Barcelona Steak tartar tibio sobre tuétano a la brasa, con patatas "soufflés" y tobiko Restaurante en Barcelona Alcachofas a la brasa con suquet de galeras Restaurante Suculent Guisantes del Maresme con tartar de sepia y panceta Suculent Canapé de cresta de gallo glaseada Suculent en Barcelona Ajoblanco con sardina ahumada y huevas de trucha. Restaurante en Barcelona Ceviche de gambita roja y aguacate Restaurante Suculent Guisantes Suculent Raya con manteca negra Suculent en Barcelona Calamar y foie Restaurante en Barcelona Steak Tartar Restaurante Suculent Gran Crisalys 2012 DO penedès Suculent Pastel de queso Brie a la vainilla de Tahití y gelée de Moscatel, Pastel de chocolate con cítrico y Arroz con leche de coco, mango, lima y chile Suculent en Barcelona Canelones de liebre a la royale, con sus lomitos, foie gras rallado y ficoide glacial Restaurante en Barcelona Pulpo a la brasa con garbanzos sofritos Restaurante Suculent Guisantes del Maresme con butifarra negra y papada Suculent Cresta de Gallo glaseada Suculent en Barcelona Gin Piña Restaurante en Barcelona Liebre a la royale, con su lomo, tartar de foie-gras y  trufa melanosporum Restaurante Suculent Ceviche de gambeta roja y Croquetas de rabo de vaca vieja con trompetas de la muerte

13 Opiniones de Suculent

Segunda visita de este año, al restaurante Suculent,  uno de mis fijos hasta ahora en bastantes de mis desplazamientos a Barcelona.

Fuimos a cenar, tres comensales, el sábado 29 de diciembre. Al llegar al restaurante la primera impresión que tuve es que había cambiado de sitio, y no me equivoqué, antes estaba ubicado en el n° 43 de la Rambla del Raval y ahora está en el n° 45. Pienso, que ocupa los locales donde antes estaba su restaurante vegetariano " 4 amb 5 mujades",  que no se si ha cambiado también de ubicación o ha desaparecido. En el nuevo local, al entrar tienes que bajar cuatro o cinco escalones y te encuentras con una salita similar a la del antiguo, con la barra a la derecha y cuatro o cinco mesas enfrente, la diferencia es que por detrás se accede a otra sala mas grande con 5 mesas mas, en la que nos situaron, con una puerta que comunica con un pasillo que deja la cocina a la izquierda y que nos lleva a otra sala al fondo, que no visité.

No voy a describir nuevamente ni su cocina, ni su servicio, pues todo sigue igual o casi... y podéis consultar, si os parece útil descubrirlo, mis  tres precedentes comentarios y los de otros cronistas de Verema que también lo han visitado. Su cocina continua siendo excelente y su filosofía general no ha cambiado, carta en la barra y menús en la mesa, pero cuando eres asiduo del restaurante y te gusta deleitarte tranquilo en una mesa, este sistema me parece problemático, porque los menús te obligan a comer ciertos platos que ya has degustado en otras y varias  ocasiones... por ejemplo de los 5 platos salados que tomamos en nuestro menú, tres los habíamos ya tomado en otro menú distinto en nuestra visita de Enero del 2018.  Si se pudiese comer a la carta esto no ocurriría y se podría disfrutar plenamente de su cocina.

Ahora, se está mas cómodo, hay mas sitio... en la sala en la que estuvimos las mesas son grandes, de madera, bien separadas las unas de las otras, desnudas, sin manteles, ni corre manteles, cubiertos y vajilla contemporánea de calidad y copas Riedel. El servicio de sala fue bueno y simpático pero algo lento. El servicio del vino sigue siendo el punto mas flojo, se ciñe estrictamente al descorche y primera cata y la carta no ha evolucionado demasiado en relación con la ultima visita, me siguió pareciendo corta . Han habido cambios en el personal de sala, no reconocí a ninguno de los camareros actuales, ni al jefe de sala.

Decidimos tomar el menú Los Clásicos a 48 €, agua y pan incluidos, porque era el mas corto, compuesto por 3 aperitivos, 5 platos salados y dos postres.

Paso a detallar nuestra cena :

Primeramente nos trajeron un coctel de bienvenida "Adonis", del que no recuerdo su composición, pero si que puedo decir que estaba muy rico. Este provenía de su coctelería Sol y Sombra, situada al lado del restaurante.

Seguimos con tres aperitivos, al centro de la mesa :

Gelée de taronja amb olives Gelée de naranja con olivas. Refrescante y buen preludio.

La Nostra Waldorff Nuestra Waldorff . Presentada sobre una penca de apio. Una versión muy personal que guarda la esencia de la original. Buena.

Croqueta de cua de vaca i trompetes de la mort Croqueta de rabo de vaca y trompetas de la muerte. (degustado en los distintos menús tomados en 2014 y 2016). Perfectamente cocinada. Muy sápida y muy buena.

Platos :

Cebiche de gambeta vermella, aldvocat i blat de moro   Ceviche de gambita roja, aguacate y maiz. ( Degustado también en otro menú distinto en Enero del 2018). Sabores intensos y bien diferenciados, bien equilibrado. Excelente producto, fresquísimo. Fue un inmenso placer devorar las cabezas de las deliciosas gambas de Palamós y mojar el excelente pan del restaurante en su salsa.

Ajoblanco amb sardina fumada i ous de truita Ajoblanco con sardina ahumada y huevas de trucha. (Degustado en otro menú en Enero del 2018). Muy rico. Buen maridaje de la sardina con la sopa fría de ajoblanco

Steak tartar tebi sobre moll de l'os a la brasa i patates soufflés i tobiko Steak tartar templado sobre tuétano a la brasa y patatas soufflés y tobiko. ( Degustado en otro menú distinto  en Enero del 2018). Un clásico de Toni Romero, una combinación perfecta de contrastes y sabores, perfectamente condimentado.  Riquisimo.

Las fotos de los siguientes platos, dado que en Verema solo pueden cargarse seis, aparecen en el primer comentario

Rajada a la mantega negra i puré citric . Raya a la mantequilla negra y puré citrico.. Perfectamente cocinada. Una delicia

Costellam Ibèric amb coco tendre i suc thai. Costillar de cerdo ibérico con coco tierno y jugo thai. Coccion perfecta y textura excelente de la carne, que casi se deshace. Plato Sabrosísimo y riquísimo. Un platazo.

El pan que acompañó la cena, fue muy bueno.

Finalizamos los platos salados a las 22h y hasta las 22h20 no apareció el primer postre, lo que denotó una mala sincronización entre la sala y la cocina. Es la primera vez que esto nos ocurre.

Postres :

Mandarina amb pastanaga al Grand Marnier i crema de vainilla. Mandarina con zanahoria al Grand Marnier y crema de vainilla. Un postre totalmente anodino y servido a dosis homeopáticas. La foto corresponde a lo servido para tres personas.

Pastis de xocolata, avellanes i mandarina. Pastel de chocolate, avellanas y mandarina. Diferentes texturas (crujientes y suaves) y sabores hacen que este postre sea delicioso. Muy bueno

Para beber tomamos además del agua Km0, una botella de vino blanco crianza de agricultura biodinámica, fuera de carta y el único que poseían con barrica Planètes de Nin DOQ Priorat 2017 . Celler Familia Nin-Ortiz, Porrera. Cepajes 100% Carinyena blanca (un cepaje poco común en el Priorat). Viñas muy antiguas. Crianza de 6 meses en ánforas de barro y 3 meses en barricas de roble. Vino amarillo pajizo, graso, con mucha personalidad, elegante y persistente en boca. Acompañó bien la cena.

Finalizamos con 3 buenos cafés, ofrecidos por el restaurante para hacerse perdonar por las demoras y tiempos muertos.También nos propusieron una copa de cava pero decliné la invitación.

La cuenta ascendió a 61 €/persona. Muy buena RCP, aunque en esta ocasión debido a la falta de coordinación en los tiempos de servicio entre la sala y la cocina, voy a darle una nota de buena, que pienso que reflejará mejor el desarrollo de la cena. Reitero mas o menos lo mismo que dije en mi visita de Enero 2018 pero con ciertos matices, " cuando se va a esta casa de comidas hay que tener en mente que sobre todo se va a disfrutar de lo que hay en el plato, de la buena cocina que elabora al frente de los fogones Toni Romero y que el resto del entorno no debe tener mayor importancia... aunque se haya agrandado,  no es el lugar perfecto ni para una larga sobremesa ni para una velada romántica. Muy buena cocina de proximidad, de temporada y de producto perfectamente elaborada. Me gustaría matizar que preferiría que este restaurante permitiese que el cliente pudiese elegir libremente entre los menús y la carta, en mesa, como se hacia cuando lo visité por primera vez en el 2014. Cuando ya se conoce el restaurante y se visita al menos una vez al año, los menús pueden resultar repetitivos ( mismos platos en los diferentes menús...)  y a veces demasiado largos ... Mucha noches puede apetecerte disfrutar, sentado en la mesa, de ciertos platos de la carta por que te vienen de gusto en ese momento sin estar obligado a tener que elegir un menú completo. Espero que el restaurante cambie esta filosofía, porque me fastidiaría no volver regularmente como lo hago. Si ésta sigue así, mis visitas serán desde luego mas espaciadas. Sigo recomendándolo, se come muy bien.

  • Steak tartar templado sobre tuétano a la brasa y patatas soufflés y tobiko

  • Ajoblanco con sardina ahumada y huevas de trucha.

  • Ceviche de gambita roja, aguacate y maiz.

  • Croqueta de rabo de vaca y trompetas de la muerte

  • Nuestra Waldorff

  • Gelée de naranja con olivas

Desde hace unos años, el nombre de Suculent resonaba en mi cabeza como de uno los lugares imprescindibles a los que había que rendir visita más pronto que tarde. Las buenas críticas leídas en foros y portales especializados eran ya muchas, así como las valoraciones positivas por parte de buenos amigos que saben, y mucho, de esto de la gastronomía. Ello me había impulsado a recomendar el lugar sin haber estado aún en persona a familiares y amigos que me consultaban sobre sitios aconsejables en sus visitas a la Ciudad Condal. Todos quedaron plenamente satisfechos. Finalmente se presentó la ocasión idónea y para allá que nos encaminamos.

Si la ciudad de Barcelona es mundialmente conocida por su diversidad y su ambiente  cosmopolita, el barrio del Raval podría erigirse como el mejor estandarte de tales atributos. Mientras caminamos hacia el restaurante, nos vemos envueltos por un halo de multiculturalidad y mestizaje. Los rótulos y los escaparates de los comercios que vamos viendo, la indumentaria de algunos de los transeúntes que nos cruzamos, las conversaciones en diferentes idiomas que nos alcanzan… constituyen un verdadero crisol de culturas que, todavía hoy, no deja de sorprendernos.

Cierto es que todo esto ha contribuido aún más a la degradación cuasi total que ya padecía esta zona, conocida hasta no hace mucho como el barrio chino de Barcelona. El barrio sufrió un incremento alarmante de los niveles de pobreza y criminalidad. Pero ahora parece ser que, como ha ocurrido en tantos lugares de otras ciudades, la devaluación inmobiliaria que todo ello motivó, ha actuado como aliciente para inversores y nuevos emprendedores que, no exentos de riesgo, apuestan por abrir negocios aquí con un coste asociado mucho menor de lo que les supondría abrir en zonas bastante más cotizadas y, poco a poco, están consiguiendo revitalizar nuevamente la zona. Podemos afirmar que el Raval está saliendo lentamente de una larga pesadilla para volver a lucir como uno de los barrios más importantes de la Barcelona histórica.

Una casa de comidas del siglo XXI: Tal vez sea esa la mejor afirmación con la que poder definir la filosofía de Suculent. La primera prueba irrefutable de ello es el interiorismo y la decoración del lugar. En clara contraposición a otros restaurantes más afamados en la ciudad, en esta casa no se ha apostado por un proyecto arquitectónico de cientos de miles de euros. Aquí el envoltorio no actúa como reclamo, factor que sí toma gran relevancia en otros restaurantes. O, ¿tal vez esté equivocado y este otro concepto también atrae comensales? Ese marco como de taberna antigua a la que se va, sobre todo, a disfrutar especialmente de la comida también puede tener su encanto y atraer la afluencia de un público que busca más la autenticidad que la apariencia.

Muchos son los elementos decorativos que nos trasladan al pasado. Las mesas de madera rústica, las sillas de mimbre, el ladrillo caravista, la pila de piedra de los servicios… dejan ver que Suculent se construye sobre la base de la tradición y sobre un lugar que en su día ya fue taberna importante en el barrio. Sin llegar a descuidar detalles como la vajilla, los cubiertos o la cristalería, sorprende la sencillez en los mismos. La amplia barra que encontramos junto a la entrada favorece aún más ese concepto que todos tenemos de “bar de la esquina” donde el residente sabe que va a recibir un buen trato y, lo que es aún más importante, donde va a comer muy dignamente.

El restaurante no trabaja con carta, Solo se pueden pedir raciones y platos de la misma si uno toma asiento en la barra. En la mesa, sin embargo, sólo se da la opción de elegir alguno de los cuatro menús que se ofrecen: el menú clásico, el menú “L”, el “XL” y un cuarto menú que, sin llegar a ser vegetariano o vegano, sí otorga todo el protagonismo a los productos de la huerta, aunque éstos se aderezan con grasas provenientes del mundo animal. Optamos por el menú intermedio que se ofrece por 68 € (cuatro aperitivos, cuatro entrantes, cuatro principales y dos postres):

- Cóctel de bienvenida: Aprovechando que el establecimiento tiene otro negocio asociado en la misma calle un par de números más arriba, la coctelería “Sol y sombra”, nos sirven una de sus propuestas como primer aperitivo del menú. Se trata de un combinado de vermú, vino de Jerez y bíter de naranja. Muy rico.

- Gelée de naranja amarga con aceitunas y AOVE: Este aperitivo constituye, juntamente con el cóctel, una buena antesala para los platos de mayor complejidad sápida que les sucederán. Agradable el efecto refrescante de la gelée y acertada la combinación con el sabor particular de las aceitunas.

- Croqueta de bogavante, sepia y gamba: Una maravilla desde el punto de vista de la ejecución y del sabor. Tamaño correcto, tirando a grande, y perfecta la fluidez en su interior. Los sabores de los tres productos usados no llegan a fusionarse. Es agradable y divertido percibir a ratos la gamba, la sepia en otro momento o los puntazos del bogavante por separado. Muy rica.

- Apio, nueces, queso y manzana: Posiblemente el plato más vanguardista del menú. Se presenta a modo de pequeña tosta. La base es el propio tallo del apio y, sobre él, unas motas de praliné de nueces, otras de queso azul y unos daditos de manzana Grand Smith que aportan cierta acidez y frescura al conjunto.

- Ceviche de gambeta roja: Se utilizan pequeñas colitas de gamba de Palamós, enteras, sin corte alguno. La base del plato es una especie de tamizado de aguacate. Riquísima la leche de tigre que acompaña. Muy fidedigna a la receta original. No sólo se usa para aderezar el conjunto, sino que se convierte en protagonista destacada del plato.

- Tartar de bogavante: Se sirve sobre la cascara del crustáceo y se acompaña de unas galletitas crujientes que no son más que unas porciones de piel de pollo deshidratadas y fritas. Un tanto intrusivo el sabor de éstas que acaba por desbancar el sabor sutil y elegante del tartar. ¡Ojo con ello!

- Canapé de cresta de gallo: Nuevamente se usa la piel crujiente de pollo como base y, en clara contraposición a ésta, la textura melosa y gelatinosa de la cresta. Se usa, además, la salsa hoisin, una especie de salsa barbacoa oriental, que aporta gran jugosidad al conjunto. Perfecto ese contraste de texturas y digna de elogio, ahora sí, la conjunción plena de sabores, sin predominio de ninguno de los ingredientes sobre los demás. Un bocado de mucho nivel.

- Guisantes, sepia y panceta: Plato de homenaje y exaltación al producto. Legumbre seleccionada que combina a la perfección con el velo de panceta de ínfimo grosor y las lonchas del cefalópodo. Me resulta especialmente difícil atisbar si las mismas se sirven crudas o mínimamente cocinadas (baja temperatura, supongo).

- Steack tartar y tuétano: Sobre la media cañada que ha sido cocinada a la brasa se monta el tartar de carne y se decora con unas huevas de pez volador y unas patatas sufladas. Increíble la combinación que crean la carne cruda y fría del tartar con la médula braseada y caliente. Haciendo honor al nombre del restaurante, creo que jamás había probado un bocado tan suculento. Una delicia.

- Alcachofas y suquet de galeras: Otra demostración de concentración sápida y de combinación elegante y perfecta. El fondo del crustáceo maravilla por su persistencia y personalidad. No se parece en nada a los fumets preparados con otros mariscos (gambas, cigalas…) y complementa magistralmente los corazones de alcachofa preparados a la parrilla. Ahora pienso: sólo nos faltó una copa de algún rico amontillado para maridad un plato perfecto.

- Suquet de anguila: La concentración del suquet alcanza tal nivel que se juega al límite con el punto de sal y de pimentón. Tal vez se sobrepasa el umbral de lo comúnmente aceptable. Aun así, el plato nos parece una maravilla. Homenaje personal del cocinero al all-i-pebre, uno de los platos estandarte de la gastronomía de su tierra: la Comunitat Valenciana.

- Albóndigas de pato: Nuevamente una bestialidad (y ya llevamos unas cuantas). La degustación de las albondiguillas supone una buena dosis de hedonismo en estado puro y, por si fuese poco, éstas se acompañan con unos daditos de foie a la plancha y unas motas de mostaza en grano que, nuevamente, aportan al conjunto una acidez que se agradece y que palía cualquier sensación de contundencia excesiva o pesadez. Bravísimo.

- Fresones con chocolate blanco: A pesar de no considerarme muy fan del chocolate blanco, el postre me gustó. Muy rica la combinación de éste con los fresones, de gran tamaño y que se rellenan con el mismo. Especialmente buenas las fresitas que acompañan y la gelée de rosas que corona el plato.

- Tarta de queso brie: Muy sencilla, pero muy rica. Correcta la base tipo galleta y sabrosa la cobertura de queso. Buen final.

En el campo del vino, decidimos maridad el menú con la propuesta que hace el equipo de sala. No se trata exactamente de un maridaje plato-copa. Se sacó en primer lugar un vino para los aperitivos: Manzanilla La Guita. Para acompañar los entrantes nos sirvieron un vino blanco: Cop de vent 2016 (macabeu y muscat – DO Empordà). Seguimos con otro vino blanco: Cru (garnacha blanca y macabeu). Rematamos la parte salada del menú con el Beso de Rechenna (100% bobal – DO Utiel-Requena) y armonizaron los postres con MR Mountain wine, un moscatel de la sierra de Málaga especialmente bueno. El maridaje se ofrece por 24,00 €, precio que me parece bueno, teniendo en cuenta que no se escatima a la hora de rellenar la copa. Las nuestras, nunca quedaron vacías y, de cada vino, tomamos tanto como quisimos.

La RAE define suculento como jugoso, sustancioso, exquisito. En muy pocas ocasiones he estado en un restaurante en el que se dé una comunión tan perfecta entre el nombre o marca elegido para denominarlo y la experiencia vivida en la mesa. Me viene a la cabeza la experiencia vivida en “Disfrutar”, también aquí en la Ciudad Condal, como un ejemplo más de esa curiosa conjunción.

Los tres adjetivos que usa la RAE para calificar la palabra en cuestión me sirven a la perfección para definir la tónica general de todos los platos que degustamos. Elaboraciones con sustancia, con mucho sabor, cocina con alma y un nivel de exquisitez de sobresaliente en prácticamente todos ellos. Lugar, por tanto, muy recomendable. Disfrutamos mucho, créanme.

Post ilustrado en: http://www.vinowine.es/restaurantes/restaurant-suculent-sustancia-y-exquisitez.html

Tercera visita a este restaurante, desde el año 2014 en el que colgué mi primera experiencia. No voy a describir nuevamente ni el local, ni su cocina, ni su servicio, pues todo sigue igual o casi... y  podéis consultar, si os parece útil descubrirlo, mis  precedentes comentarios y los de otros cronistas de Verema que también lo han visitado. Desde la última visita del 2016, han habido sin embargo cambios importantes, no en el local, pero si en su filosofía, que detallaré mas adelante.

Al frente de los fogones de esta casa de comidas que hace honor a las antiguas fondas de Barcelona sigue dirigiendo la orquesta el excelente Chef castellonense Toni Romero, que nos deleita con su cocina popular puesta al día y llena de olores y sabores distintos y profundos que hace disfrutar.

Fuimos a cenar el pasado viernes 25 a las 21h, tras haber reservado con algunos días de antelación. Estuvimos ubicados en el mismo emplazamiento que en nuestra ultima visita , al final del comedor en una mesa alta, desde donde podíamos divisar todo el movimiento de la sala. El servicio de ésta fue bueno, amable y simpático. El servicio del vino sigue siendo el punto mas flojo, se ciñe estrictamente al descorche y primera cata y la carta no me pareció demasiado extensa.

He aquí lo que ha cambiado en la filosofía de Suculent : solo se puede comer a la carta en la barra. En mesa proponen 4 menús distintos que oscilan entre los 48 y los 80€,  uno de ellos de estilo vegetariano de su restaurante colindante "4 amb 5 mujades", y otro mas de temporada de caza a 105 €, todos sin vinos. Nos explicaron que estos menús cambian muy a menudo, en función de las llegadas de productos y pienso que también según el humor del chef.  Lo pudimos experimentar personalmente, porque gente que había pedido, a priori, el mismo menú que nosotros tuvo algunos platos distintos de los nuestros.

También han habido cambios a nivel de la "Taverna del Suculent" situada al lado de éste, que además de continuar siendo un bar de tapas de día, es ahora también una coctelería clásica llamada "Sol y Sombra" de noche

Paso a detallar el menú que escogimos : "Menu L", compuesto de algunos platos clásicos del restaurante y de las ultimas innovaciones de la cocina de Toni Romero, menú que conoces a medida que te lo van sirviendo. Consta de un coctel de bienvenida, tres aperitivos, cuatro entrantes, cuatro platos principales y dos postres.

Comenzamos pues con un cocktail cuyo nombre no recuerdo pero si que puedo decir que estaba muy bueno y que fue el inicio de una magnifica cena.

(Las fotos de los aperitivos por imponderables técnicos de Verema aparecerán en el primer comentario así como dos platos principales y dos postres)

Aperitivos :

Mandarina amb olives Waldorff, mandarina con olivas Waldorff, bueno sin mas, no dejaba presagiar lo que iba a seguir a continuación.

Croqueta de llamantol, sèpia i gamba, croqueta de bogavante, sepia y gamba. Chapeau, tal vez una de las mejores croquetas que he comido en mi vida, crujiente y fluida al mismo tiempo, llena de tropezones y que sapidez ...  un baño en el mediterráneo. Ambos fuimos unánimes en nuestra apreciación.

Ortigues de mar, Ortiguillas de mar. Solo habíamos probado una vez las ortiguillas y tuvimos una mala experiencia, pero gracias a Suculent hemos descubierto que bien preparadas están riquísimas. Un intenso sabor a mar.

Entrantes :

Ceviche de gambeta vermella i alvocat Ceviche de gambita roja y aguacate. Un plato para compartir. Muy rico y equilibrado, sabores intensos y bien diferenciados. Disfrutamos.

"Ajoblanco" amb sardina fumada i ous de truita Ajoblanco con sardina ahumada y huevas de trucha. También para compartir. Buen maridaje de la sardina con la sopa fría de ajoblanco, un plato de verano para dar alegría al invierno.

Canapé de cresta de gall glassejada Canapé de cresta de gallo glaseada, con piel crujiente de pollo de pagès,  que realza el sabor de la cresta. En boca las diferentes texturas de ambas crean un bocado delicioso. Riquísimo

Pèsols del Maresme amb tartar de sèpia i cansalada Guisantes del Maresme con tartar de sepia y panceta, un mar y montaña de temporada. Matrimonio perfecto de sabores y materias. Esos guisantes son celestiales. Sublimidad total.

Principales :

Carxofes a la brasa amb suquet de galeres Alcachofas a la brasa con suquet de galeras, otro original mar y montaña...  primero te sirven las alcachofas a la brasa solas y después te vierten encima el suquet . Este crustáceo aunque muy sabroso  tiene muy poca carne pero es ideal como base para caldos y arroces y en este caso cumplió su función de mil maravillas. Muy rico

Steak tartar tebi sobre moll de l'os a la brasa, amb patates "soufflés" i tobiko Steak tartar tibio sobre tuétano a la brasa, con patatas "soufflés" y tobiko. Un clásico de Toni Romero, 100% carnívoro y perfectamente condimentado.  Que decir... una pasada, rico no riquísimo

All i pebre d'anguila ,  fue la primera vez que probábamos este plato y a ambos nos gustó mucho. No tengo otras referencias pero lo encontramos suculent o.

Canelons farcits de llebre a la Royale amb full d'ostra, Canelones de liebre a la Royale con hojas de ostra, acompañados con su lomo perfectamente cocinado, foie gras y hojas con sabor a ostras (mertensia marítima) crujientes y muy sápidas envolviendo las entrañas del lepórido. Plato muy potente pero no indigesto. La salsa estaba impresionante, para mojar unas cuantas rebanadas de pan. Un platazo de 10.

El pan que acompaño la parte salada fue muy bueno.

Postres

Maduixots farcits de xocolata blanc i gelatina de roses, Fresones rellenos de chocolate blanco y gelatina de rosas. Plato para compartir. Bueno sin mas. No lo encontramos a la altura de la cena.

Tarta de formatge Brie a la vainilla de Tahiti , Tarta de queso Brie a la vainilla de Tahiti. Plato para compartir. Bueno

Los postres no han evolucionado mucho, no se han casi renovado en relación con nuestras dos anteriores visitas, pienso que en este capitulo deberían hacer un esfuerzo.

Para beber tomamos una jarra grande de agua, gratuita, y una botella de vino blanco que me recomendó el Jefe de Sala, elaborado en exclusiva para ellos,  Cru de Coto 2016 DO Montsant, por Alfredo Arribas en Bodegas Vinsnus , cepajes Garnatxa blanca y Macabeu. Si no recuerdo mal el jefe de sala me dijo que tenia 5 meses de crianza. Lo encontré fresco, mineral y bien equilibrado, fácil de beber. Acompañó bien toda la cena.

Finalizamos con dos buenos cafés.

La cuenta ascendió a 83,90 €/persona. Muy buena RCP. Cenamos muy bien, y repito lo que dije en mi ultimo comentario, cuando se va a esta casa de comidas hay que tener en mente que sobre todo se va a disfrutar de lo que hay en el plato, de la buena cocina que elabora al frente de los fogones Toni Romero y que el resto del entorno no debe tener mayor importancia... no es el lugar perfecto ni para una sobremesa ni para una velada romántica. Muy buena cocina de proximidad, de temporada y de producto perfectamente elaborada. Lo sigo recomendando sin ninguna duda. Imperativo reservar. En cuanto podamos volveremos.

NB: A la comida le daría un 9, pero como Verema no permite puntuaciones exactas, estaré obligado de darle la nota de  8,5 y jugar con otras puntuaciones, como la del entorno, para llegar a una valoración media que me parezca honesta.

 

  • Steak tartar tibio sobre tuétano a la brasa, con patatas "soufflés" y tobiko

  • Alcachofas a la brasa con suquet de galeras

  • Guisantes del Maresme con tartar de sepia y panceta

  • Canapé de cresta de gallo glaseada

  • Ajoblanco con sardina ahumada y huevas de trucha.

  • Ceviche de gambita roja y aguacate

Suculent es un lugar para aquel que únicamente está buscando el placer culinario. Su nombre es un juego de palabras entre “suculento” y “sucar lentament”, en castellano, mojar lentamente. En esta casa de comidas, oficia Antonio Romero, joven cocinero con una dilatada carrera por espacios como El Bulli, Arzak o Pic en Valence.

Espacio ni para dejarse ver ni para ser visto. Sin la decoración de ningún famoso interiorista para aparecer en las revistas de tendencias y estilo de vida. Únicamente comida y bebida. En este contexto “simplista” pero difícil de ejecutar, surge el placer gastronómico.

Bocados sabrosos, con personalidad, sin ninguna timidez ni muestra de pesadez. Los puntos de los productos y las salsas se abrazan para ser un conjunto casi indivisible en la boca. Además en un buen número de los pases, está presente un elegante brochazo de acidez que además de equilibrar, ayuda a preparar el paladar para el siguiente bocado. En Suculent, se tiene la sensación que Antonio Romero se explaya sin ningún tipo de presión con solo una finalidad, que la comida sea puro placer. Talento e ideas claras.

Comenzamos con un boquerón marinado. Piel brillante, textura que roza la crudeza, vinagre y limón para un bocado que abre las papilas gustativas gracias a la acidez.

La croqueta de bogavante, sepia y gamba es el ejemplo perfecto para darse cuenta que la cocina de Suculent va en serio. Sabor, sabor y sabor gracias a la generosidad en el relleno. Nada que ocultar y todo que mostrar. Una croqueta verdaderamente sobresaliente. Empieza la blasfemia.

La codorniz en escabeche resulta sutil en su acidez. De textura tersa, casi melosa. Bocado fino que recupera al paladar. Notable.

El ceviche de gambeta roja y aguacate es de una elegancia suprema. La incorporación del aguacate frena la potencia ácida, de forma que el plato gana en armonía y equilibrio. Se reconocen todos los sabores. De nota.

El crujiente de pollo y tartar de bogavante me emociona. Un mar y montaña sabroso, gustoso, que se disfruta desde el primer mordisco. Una muestra que la emoción en gastronomía puede proceder de muchos frentes. Una barbaridad.

Las alcachofas con papada ibérica son un ejemplo de sencillez perfectamente ejecutada. Verdura asada mediante suave brasa y una salsa de picada catalana con un fondo de caldo de pollo que actúa de hilo conductor entre lo vegetal y lo cárnico. Rico de verdad.

El canapé de cresta de gallo hace que se me agiten las piernas. Movimiento que expresa alteración gastronómica. Surge la expresión: “Joder, ¡Cómo está esto!”. Texturas crujiente (de nuevo con el pollo) y melosa la de la cresta. Pura perfección la sensación en boca. La salsa hoisin y la picada cruda luchan entre sí sin que nadie se lleve el gato agua. Para comerse un carro. Pura y sobresaliente suculencia.

La calabaza, con crema de parmesano y trufa es un plato apetecible, aunque con un ligero punto de dulzor debido a ese cocinado lento de la calabaza. Queso y trufa aúpan el conjunto pero con esa base final golosa.

El lomo de atún con emulsión de piñones también reconforta. El pez casi a modo de tataki. Destaco la temperatura a la que se sirve que acompaña la degustación y mejora el gusto.
Ese punto untuoso y ligeramente dulce se enfrenta con la ligera acidez de un tomate maduro. Muestra de cocina aparentemente simple, pero donde todas las elaboraciones están muy pensadas y medidas.

A continuación el calamar con foie a la brasa, kimchi de maíz y piel de lima. Probablemente el plato más complejo de este menú. A destacar las diferentes sensaciones. Por una parte picante y ácido (siempre elegante), por otra esas notas untuosas de grasa junto con la necesidad de hincar el diente al cefalópodo. Emplatado muy adecuado para que todas esas percepciones descritas aparezcan casi a la vez, buscando la unión entre los diferentes ingredientes a la hora de degustar. Inteligente, sabroso, diferente, placentero.

Se finalizaría con el costillar ibérico con coco y jugo thai. Lo primero resaltable es la textura de la carne, la facilidad con la que la misma se desprende del hueso. Prácticamente, la urdimbre y el contexto te invitan a comer con las manos. La frescura del jengibre y la acidez de la lima provenientes del jugo thai desengrasan la boca en cada bocado para volver a atacar el costillar. De nuevo, el “¡Joder, qué bueno!”

El primer postre fue media ración de quesos junto con una excelente mermelada de pera y un un muy adecuado crujiente de pan. Los quesos ofrecidos a muy buen temperatura. En concreto un Gouda viejo, un Saint Agur de mayor cremosidad y finalmente un Morbier con un punto de mayor intensidad. Buenas elecciones.

El pastel de chocolate con avellanas y mandarina resulta un postre de línea más clásica. Remarcable, la textura crujiente de la galleta de avellana sobre la que se aposenta el chocolate rematado con la fruta ligeramente caramelizada. A un menor nivel que la cocina dulce, pero fiel a ese punto de sustancioso.

Suculent es uno de esos sitios que cuando sales ya quieres volver. Por buscarle un simil en Madrid, Suculent me ha recordado a Triciclo. Lugares ambos donde la cocina está por encima de todo lo demás y donde se tiene la sólida sensación que siempre habrá algo que te encandile.

Se percibe el acabado y la redondez de los platos, las adecuadas temperaturas, el contraste entre elementos. La aparición y fluidez de un tipo de acidez que ayuda a un menú prolongado, abanderando momentos de armonía y frescura.

Post completo y fotos en http://www.complicidadgastronomica.es/2017/03/suculent/

Entorno 6,5
Servicio del vino 6,5
Comida 8
RCP 8

Cocina, para mí, extraordinaria en un local ya de sobra comentado en el barrio del Raval de Barcelona. Cenamos 4 con una comanda de todo para compartir al centro con alguna repetición. Todos los platos son de notable mínimo.

- Tartar de bogavante con crujiente de pollo. Interesante esa piel muy crujiente como tosta.
- Canapé de cresta de gallo glaseada (x2).
- Calabaza asada con crema de parmesano y trufa negra
- Guisantes del Maresme con sepia y panceta. Descomunal elaboración.
- Raya a la mantequilla negra (x2). Gustó mucho a mis acompañantes y se repitió.
- Calamar con foie a la brasa. Buen mar y montaña.
- “Steak tartar” tibio sobre tuétano a la brasa. Si steak tartar gusta y el tuétano también, juntos es algo tremendo. Un vicio.
- Canelones rellenos de liebre, su lomo y foie gras. Una muy buena royal de liebre. La presencia de la pasta "aligera" un poco la potencia de sabor de royal, haciéndola más fácil para paladares menos acostumbrados. Imprescindibles.
- Fresas con chocolate blanco y vainilla que no probé pero que gustaron mucho en la mesa.
- 1/2 tabla de quesos con una mermelada casera de pera exquisita. Perfecta para acabar el vino.

Buen pan con y sin tomate. De beber: agua, dos cervezas y dos botellas de Morgon 2013 de Marcel Lapierre a 29€ cu. Servicio del vino limitado a dar probar. Buenas copas.

PS: Excelentes las fotos de mi amigo Joan, un crack con la cámara.

  • Guisantes

  • Raya con manteca negra

  • Calamar y foie

  • Steak Tartar

Primera cita gastronómica de nuestra visita a Barcelona, durante las fiestas navideñas, en la "Casa de menjars" Suculent, el sábado 26 de diciembre a las 20h30.

No voy a describir nuevamente ni el local, ni su cocina, ni su servicio, pues todo sigue igual o casi... como explicaba en mi anterior comentario en Verema del 28 de diciembre de 2014.
Esta vez sin embargo estuvimos ubicados en un emplazamiento algo mejor, al final de la sala en una mesa alta, desde donde podíamos divisar todo el movimiento, que fue mucho, de la primera planta. El restaurante estaba lleno hasta los topes, no cabía ni una mosca y por este motivo el servicio de sala aunque bueno y simpático fue un poquito lento, el servicio del vino se limitó, como en nuestra ultima visita, al descorche y a la cata.

Teníamos pensado tomar uno de sus menús degustación, pero dado que era un sábado festivo en Cataluña, y justo después del día de navidad, estos menús estaban amputados de la mayoría de sus platos de pescado, por lo que finalmente decidimos cenar a la carta y principalmente a base de platos del día. Mientras decidíamos, nos trajeron unas olivitas para picar.

Fuimos 3 comensales, y optamos por lo siguiente :

Compartimos :

Croquetas de rabo de vaca vieja con trompetas de la muerte (1u/persona) Como en el 2014, crujientes por fuera y melosas por dentro. Riquísimas.

Seguimos con :

Crestas de gallo glaseadas Excelente e inusual entrante, que nos gustó a los tres.

Guisantes del Maresme con butifarra negra y papada Para subir al cielo, excelentes, hubiera hecho falta un poquito mas ...

Pulpo a la brasa con garbanzos sofritos Tan sencillo que parece y que difícil que es cocinarlo tan rico. Me encantó.

Canelones de liebre a la royale, con sus lomitos, foie gras rallado, y ficoide glacial MC y Anaïs le dieron un 10 por unanimidad . Me lo dieron a probar y también lo encontré excelente, casi me arrepentí de no haberlo tomado en lugar del pulpo, y conociendo mi pasión por los cefalópodos, eso quiere decir mucho.

La parte salada la acompañamos con unos buenos panes de cristal con tomate y rústico.

Como postres nos decidimos por :

Pastel de queso Brie a la vainilla de Tahití y gelée de Moscatel, Pastel de chocolate con cítrico y Arroz con leche de coco, mango, lima y chile Tres buenos postres, aunque en el de arroz con leche casi podían contarse los granos (ración que a MC le pareció muy escueta).

Para beber, tomamos 3 botellas pequeñas de agua de Veri sin gas y una botella de vino blanco crianza Gran Crisalys 2012 DO Penedès de Bodegas Torelló, cupaje de las variedades de uva, Xarel-lo y Chardonnay, fermentación y bâtonnage en barricas de roble francés durante dos meses. Buena acidez, largo en boca, con cuerpo, por momentos recordaba a un Cava, pero sin burbujas. Nos gustó.

Finalizamos con unos buenos cafés.

La cuenta ascendió a 70 €/persona. La RCP fue buena. Cenamos muy bien, cuando se va a este mini-restaurante hay que tener en mente que sobre todo se va a disfrutar de lo que hay en el plato, de la buena cocina que elabora al frente de los fogones Antonio Romero y que el resto del entorno no tiene mayor importancia... no es el lugar perfecto ni para una sobremesa ni para una velada romántica. Buena cocina de proximidad, de temporada y de producto perfectamente elaborada. Lo sigo recomendando. Imperativo reservar. Estoy casi seguro que volveremos un día u otro.

  • Gran Crisalys 2012 DO penedès

  • Pastel de queso Brie a la vainilla de Tahití y gelée de Moscatel, Pastel de chocolate con cítrico y Arroz con leche de coco, mango, lima y chile

  • Canelones de liebre a la royale, con sus lomitos, foie gras rallado y ficoide glacial

  • Pulpo a la brasa con garbanzos sofritos

  • Guisantes del Maresme con butifarra negra y papada

  • Cresta de Gallo glaseada

Domingo 28 de Diciembre a las 13h00. Nos encontramos en plena rambla del Raval de Barcelona, frente a la escultura del gato de Botero, donde se encuentran ubicados la Taverna del Suculent y el Suculent, dispuestos a visitar el cuarto restaurante previsto en nuestra visita a Barcelona. Antes de entrar a la "Casa de Menjars"(Casa de comidas) como asi se llama, hicimos un alto en la barra de la Taverna para tomarnos unos vermouths de grifo (que estaban muy buenos...) con unas olivitas.
El Suculent, está dirigido por el chef Armando Anta, ex Espai Sucre, ex Mugariz, ex Sergi Arola y ex Alkimia, junto a sus dos socios Javier Coto y el estrellado Carles Abellan, pero el chef que esta al frente de los fogones al dia a dia es Antonio Romero, un joven cocinero de Castellon que trabajó en El Bulli, en Arzak y en El Pic (Valence).
La superficie del local es minúscula, entre las mesas y la barra deben caber alrededor de 20 comensales apretaditos. Justo al entrar, a la derecha se encuentra la barra y al frente y a lo largo del mini-local 4 mesas para 4 personas. Me olvidaba que hay también 3 o 4 mesas en la calle, en la terraza exterior y algunas en una mini mezanina. Las mesas son estrechas, los platos de un lado y otro de la mesa casi se tocan. Predomina en la decoración el color madera de las mesas, no hay manteles, y el blanco de las paredes. El local es algo ruidoso. Las sillas son bastante incomodas. El servicio de sala es "décontracté", simpático y profesional. La carta de vinos es bastante importante pero el servicio es casi inexistente, o al menos ese dia. Pero lo principal estuvo en el plato.

Tienen 3 menús degustacion "Los Pucheros" , carta de raciones para picar y una carta de cocina de unos 14 platos.

Optamos por comer a la carta, compartimos 2 entrantes de la carta de raciones y después cada uno tomó un segundo diferente.

Compartimos pues,

Ceviche de gambeta roja Buenisssimo... para mojar mucho pan...
Croquetas de rabo de vaca vieja con trompetas de la muerte (1 u /persona) Crujientes por fuera y casi liquidas por dentro. Top.

Seguimos con :

Rabo de vaca vieja gallega con salsa de chocolate y minizanahorias Mi hija lo encontró sublime.
Liebre a la royale, con su lomo, tartar de foie-gras y trufa melanosporum MC la encontró "suculenta", una gozada.
Suquet de rape revisitado por el chef, una versión diferente del suquet tradicional. Muy bueno.

Acompañamos la comida con unos "excelentes" panes, con tomate para los platos compartidos y normal para el resto, que según parece compran en el horno de Sant Josep.

De postre, MC y mi hija tomaron Gin piña Magnifica presentación y según ellas delicioso. Yo tome un Pastel de Queso Brie un pastel diferente de los que estoy acostumbrado con un gusto muy marcado que recordaba mas al camembert que al brie ... estaba riquissssimo....

Para beber, tomamos una botella de tintoEls Pics 2013 Crianza,DOQ Priorat a base de Garnatxa, Cariñena y Cabernet Sauvignon, pasa bien, tiene un final largo y persistente. Maridó perfectamente con toda la comida. también tomamos 1 botella de agua de 1L de Veri.

Finalizamos con 3 buenos cafés. La nota ascendió a 47,60 €/persona. Buena RCP. Buena cocina de proximidad, de temporada y de producto perfectamente elaborada. Restaurante recomendable a pesar de la pequeñez del local. Imprescindible reservar. Volveremos

  • Gin Piña

  • Liebre a la royale, con su lomo, tartar de foie-gras y trufa melanosporum

  • Ceviche de gambeta roja y Croquetas de rabo de vaca vieja con trompetas de la muerte

Llevaba tiempo queriendo ir sin encontrar el momento. Coincidió que estab cerca y, a pesar de no tener reserva, conseguí mesa.

Local pequeño pero muy acogedor y, sorpresa, con música en directo: guitarra, bajo y cajón y cantante en un par de canciones. Ambiente agradable, servicio con muchas ganas de agradar y nosotros que ibamos dispuestos a que nos trataran bien.

Mesas sin vestir, algo estrechas pero con buena amplitud si vais dos. Si vais cuatro os tocará apretaros un poco. Servilletas de verdad, cosa que se agradece. Ricas aceitunas y aceitera y sal en la mesa esperando a un muy buen pan.

La carta invita a compartir todo aquello que pidas, aprovechando que algunos platos se acercan más a una media ración que a un plato.

Comimos:

Alcachofa del prat con cecina

Croquetas de rabo de vaca vieja con trompetas de la muerta, muy buenas

Un tartar de salmón con sus huevas, acompañado de un pan sardo muy crujiente

Una raya a la mantequilla negra, montada en pure de patata, muy sabrosa

y un morro de bacalao al pil-pil, muy bueno

Bebimos dos cañas y una botella de Bolo 2012 (Valdeorras)

Y de postre: una pera escalibada, bien

Café y Macallan, no tienen nada turbado

Aquí con fotos:
http://felixthefox.blogspot.com.es/2014/01/suculent.html

Mi estancia en Barcelona termino con este pequeño pero acogedor restaurante. Ambiente muy dinamico, decoracion sencilla pero con buenos detalles y un simpatico servicio. Una gran cocina de producto sencilla y con un contundente sabor. Recomiendo la raya a la mantequilla negra, las croquetas de setas y cualquier guiso de cocina catalana, aunque seguro que cualquier otro plato os sorprende por su sencillez y saber hacer.

Espacio recogido, con calor, decoracion simple, ingeniosa, para ver, comida para compartir rincipalmente, cuidada, elaboracion exquisita, sin pretensiones, con toque de modernidad, recomendable, lugar para visitar, para ir de tapeo o comida informal, platos alcachofa con cecina, brandada de bacalao, boquerones arinados, croquetas de rabo de toro, costillar iberico, precio, un poco espijat, 50€, subido para el contexto.

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar