Situado cerca de la conocida plaza de Toros Monumental y a pocos metros de l’Auditori, encontrarás un restaurante sorprendente llamado Piratas de Barcelona. Su especialidad es la cocina mediterránea y de mercado, que gracias a una cuidadosa selección de los mejores ingredientes traídos de la mismísima Boquería, lo convierten en un aclamado y conocido restaurante.
En este pequeño local encontrarás platos muy variados, como los tacos de bacalao de Islandia, que nos ofrecerán marinados, las patatas con atun escabechado, con su punto de romesco y unas ensaladas buenísimas. Son platos muy logrados que no nos hacen olvidar los embutidos ibéricos y los quesos, franceses, españoles y italianos, de gran categoría.
Barcelona tiene un amplio historial de bares y restaurantes que no son como los demás, de pequeños lugares donde cada bocado es un placer y Piratas de Barcelona es un claro ejemplo de ello. Y por si aún no estás decidido, el ambiente y la decoración te sumergirán en un mundo de piratas que realmente te sorprenderá.
Bien resumido por Victor, voy a añadir algún matiz. Local pequeño, rústico, limpio, acogedor y confortable. Comida extraordinaria. Excepcional materia prima, con la mínima manipulación posible. Los platos son atemporales, sabrosos y abundantes. Nada de extravagancias y todo es reconocible. El pan con tomate y los aceites, son mortales. Eliges el color del vino y te traen a la mesa las cuatro botellas que mejor van con la comida solicitada. La sumiller (muy cordial y agradable) te explica, sin prisas y con rigor, el porqué ha elegido esas botellas y las características de cada vino (el precio, muy correcto, va colgado del cuello de cada botella). Una propuesta original, atractiva y con encanto, que fomenta el diálogo sobre vinos, con las botellas a la vista. El dueño es un hiper-aficionado a la gastronomía pasiva y eso se aprecia en la selección de lo que se ofrece en este lugar, imprescindible ya en mi agenda. No aparece en ninguna guía y hace quince años que funciona, y yo sin enterar
Pequeño restaurante, atípico, de tan solo 6 mesas. Muy buena iluminación. Lo que convierte a este restaurante en atípico es su cocina, cuyos clientes han bautizado como "cocina vertical". Curioso de ver. Y el resultado que sale de ella, sorprende. La carta es cantada, y dependiendo de lo escogido, se ofrecen 4 vinos, con las características más adecuadas para los platos, a escoger. Por tanto, no existe carta de vinos. El surtido de vinos es bueno, todo lo que permite el tamaño del local, y cuenta con un armario climatizado para la guarda y servicio de las botellas. El servicio de vinos es más que correcto, con decantadores al uso y copas correctas. Pero lo realmente sorprendente es la forma de cocinar y la adaptación del propietario al espacio. El Foie con cebolla confitada y reducción de Pedro Ximénes está de vicio. Conviene reservar.
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