Bien resumido por Victor, voy a añadir algún matiz. Local pequeño, rústico, limpio, acogedor y confortable. Comida extraordinaria. Excepcional materia prima, con la mínima manipulación posible. Los platos son atemporales, sabrosos y abundantes. Nada de extravagancias y todo es reconocible. El pan con tomate y los aceites, son mortales. Eliges el color del vino y te traen a la mesa las cuatro botellas que mejor van con la comida solicitada. La sumiller (muy cordial y agradable) te explica, sin prisas y con rigor, el porqué ha elegido esas botellas y las características de cada vino (el precio, muy correcto, va colgado del cuello de cada botella). Una propuesta original, atractiva y con encanto, que fomenta el diálogo sobre vinos, con las botellas a la vista. El dueño es un hiper-aficionado a la gastronomía pasiva y eso se aprecia en la selección de lo que se ofrece en este lugar, imprescindible ya en mi agenda. No aparece en ninguna guía y hace quince años que funciona, y yo sin enterar
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.