Pequeño restaurante, atípico, de tan solo 6 mesas. Muy buena iluminación.

Pequeño restaurante, atípico, de tan solo 6 mesas. Muy buena iluminación. Lo que convierte a este restaurante en atípico es su cocina, cuyos clientes han bautizado como "cocina vertical". Curioso de ver. Y el resultado que sale de ella, sorprende. La carta es cantada, y dependiendo de lo escogido, se ofrecen 4 vinos, con las características más adecuadas para los platos, a escoger. Por tanto, no existe carta de vinos. El surtido de vinos es bueno, todo lo que permite el tamaño del local, y cuenta con un armario climatizado para la guarda y servicio de las botellas. El servicio de vinos es más que correcto, con decantadores al uso y copas correctas. Pero lo realmente sorprendente es la forma de cocinar y la adaptación del propietario al espacio. El Foie con cebolla confitada y reducción de Pedro Ximénes está de vicio. Conviene reservar.

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