Restaurante Güeyu-Mar en Vega-Ribadesella
  

Restaurante Güeyu-Mar

17
Datos de Güeyu-Mar
Precio Medio:
67 €
Valoración Media:
7.8 10
Servicio del vino:
7.2 10
Comida:
8.6 10
Entorno:
7.5 10
Calidad-precio:
7.6 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 40,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante Güeyu-Mar Güeyu-Mar Güeyu-Mar en Vega-Ribadesella Restaurante en Vega-Ribadesella Restaurante Güeyu-Mar Güeyu-Mar Güeyu-Mar en Vega-Ribadesella 1/2 ración de "pulpo de aquí" Restaurante en Vega-Ribadesella Salpicón de bogavante

17 Opiniones de Güeyu-Mar

... lo que es del Rey!!!

Cuantas ganas teniamos de visitar este establecimiento y por fín, llegó su dia! No acompañó el tiempo, el primer temporal del otoño nos cogío por banda pero no por ello ibamos a dejar de disfrutar. Tanto Mila como un servidor con resfriado, pero no por ello dejamos de percibir los grandes aromas de este restaurante!!

Local, bien situado. Frente a la playa. Si estuviese elevado y vieses la mar al comer el disfrute ya sería máximo pero vamos, aquí se come y como se come!!!!

Ya sabemos, carta elaborada al dia con el producto del dia. Ojeamos la oferta y lo tenemos muy claro. Queremos Rey a toda costa!! (Nunca mejor dicho).

Para compartir elegimos lo siguiente:

- Berberechos en conserva. Con lo que me gustan a mi!! Los hacen ellos, marcados primero a la brasa. Terribles!!!

- Sardinas a la brasa elaboración propia en conserva. Tienen dos opcines, en escabeche o a la brasa. Nos recomendaron probar por primera vez la brasa. Una sardina espectacular, rico, rico y con fundamento!!

- Salpicón de bogavante. Generosa ración. Buen abacanto. Desde el minuto uno que cruzas la puerta percibes que aquí el producto se trata y se elige con mimo!!!

De segundo, dos raciones de Rey. Lo hemos comido en más sitios, pero como aquí jamás nos ha sabido!! Tanto Mila como un servidor nos quedamos encantados con ello!!!

De postre... tarta de queso edición Gamoneu. Mas puddig que tarta, me equivoqué al no pedir el Gamoneu (quita el sentiu) que tenían en carta... para la próxima!!

Mención especial, muy especial al PAN!!! Aquí nuestro amigo Gastiola solo comería pan, porque es c-o--j-o-n-u-d-o. Creo que comimos 6 porciones, gigantes..... espectacular.

Bebimos Billecart Salmon. La verdad que la oferta de espumosos es más que generosa y a unos precios muy apetecibles!!

El servicio de sala nos pareció muy profesional. En ningún momento hubo paradas en el servicio ni cosas raras que hagan desmerecer la comida!

¿Volveremos? Joder que si!!! Salimos con una sonrisa que iluminaba a la lluvia!!!

Desde hace varios años acudo a Güeyu Mar y los pescados a la brasa brillan cada vez más. Abel Álvarez tiene elevadísimo mérito por haber sido capaz de colocar su restaurante de brasas en lo más alto del panorama nacional, en un entorno rural al borde la Playa de Vega en Asturias.

Este emplazamiento no es perfecto, sobre todo en verano y en la terraza, cuando los coches que acuden a la playa circulan hacia el aparcamiento. Resta privacidad y distrae, aunque sean vistos. Les recomiendo sentarse en la sala, ajenos a lo que ocurre fuera para concentrarse en lo que va a suceder en el plato o acudir fuera de temporada estival para disfrutar sin contagio acústico.

Pero este inconveniente es menor en comparación con el placer de degustar las piezas de rey, mero, rodaballo, bonito (verano) que Abel Álvarez es capaz de cocinar a la brasa. Pescados grandes para disponer de lomos gruesos y musculosos. Maderas, temperatura, distancia y corte del pescado, claves de una elevada técnica a la altura de casi nadie, dando como resultado pescados de sabor esencial y con una presencia de la brasa sutil y elegante. Un día leí a Josean Alija en una entrevista decir que la técnica era más importante que el producto y su argumento se basaba en que una técnica incorrecta podría estropear un producto, mientras que una elevada técnica sacaría todo el partido y propondría un buen plato con un producto estándar. Desde el punto de vista puramente culinario diría que Josean tiene razón; desde una vertiente gastronómica actual, la escasez del gran producto me provoca dudas para tener una conclusión tan clara. Sea como fuere, lo que resulta evidente es que en Güeyu Mar conviven un gran producto y una técnica perfecta alrededor de las brasas. Estamos ante una cocina desnuda que cuando el producto no está en las alturas se nota.

Güeyu Mar es un restaurante temático, centrado en una especialidad. Dentro de esa línea única, Abel Álvarez ha sido el primero en enlatar sardinas, berberechos y navajas que anteriormente han pasado por las brasas. Conservas artesanales que se pueden degustar en el restaurante y también se venden para llevar. Esta vez probé los lomos de sardina en escabeche. Abel para sus conservas separa los lomos de las colas. Viendo el grosor de los lomos, se detecta que se intentan utilizar sardinas de gran tamaño. La presencia de la brasa es muy ligera y el escabeche penetrante, de gestionada acidez y cíclico en su gusto. Recomendables.

Abel muestra inquietud en las últimas temporadas con su plato de ostra. Esta vez la acompaña de caviar y un jugo de navajas. Los rescoldos sirven para atemperar el gran molusco, mientras que el caviar y las navajas aportan salinidad a una ostra de sabor yodado y ligeramente dulce. Imperdible.

Seguidamente pasaron por las ascuas almejas y nécora. Las primeras de concha repleta y elevada naturalidad, mientras que el crustáceo mostraba perfección en la destreza del fuego pero la faltaba algo de potencia yodada en el gusto. Algunos “bichos” no son perfectos.

Tras los “entrantes”, un cierto interludio con unas verduras ecológicas a la brasa que Abel nos ofreció. Güeyu Mar compra estas verduras al Centro Social Don Orione en Posada de Llanes. Calabacines, tomates cherry, pimientos verdes y cebollas rojas, siendo los primeros y las últimas excelentes por su textura con cierto crujiente y su sabor.

Y partir de aquí, el tridente titular que esta vez conformaron mero, bonito y el insustituible rey. Casi no concibo una visita a Güeyu Mar sin tomar rey. Para comenzar medio lomo de mero; perfectamente asado, pudiendo visualizar los tonos amarronados y dorados en la parte externa superior  debido al efecto Maillard y los nacarados en su interior. Solo se puede alcanzar ese grosor con unidades que suelen superar los veinte kilogramos. El resultado en la mesa es un pescado de alta jugosidad, muy suculento y donde las “láminas” se extraen de forma sencilla pero al mismo tiempo consiguiendo una textura carnosa difícil de igualar. Indiscutible.

En plena temporada (le quedan muy pocos días), es obligatorio pedir ventresca de bonito. Como se puede visualizar en esta zona se almacena la grasa de este pescado. Asado impecable. En esta ocasión no aparecen esos colores amarronados ya que estamos ante una pieza más estrecha que no necesita la misma exposición en tiempo al calor. De esta forma la ventresca está algo más que atemperada y Abel sólo sirve la parte más noble de la misma. Imprescindible.

Para finalizar la trilogía marina, su majestad el rey. Desde hace un tiempo la zona que más aprecio de este pescado es la cabeza; en ella se concentran diferentes texturas, algunas zonas más untuosas y además te da riendas a ese placer de comer un pescado con las manos para apurar todas sus partes. Recuerdos maternos imborrables e inevitables; puedo visualizarla como si fuera hoy haciendo la autopsia a una cabeza de merluza al horno y dejando sus espinas limpias como la plata. Sabor superlativo con recuerdos de marisco y yodo. Sin duda, un placer gastronómico en toda su extensión. Un reencuentro con una gastronomía sincera y despojada de cualquier pasatiempo.

Esta vez no hubo postres, si llegan tírense al queso, a fuega´l pitu artesano que Abel suele tener y recomendar. La sala es cercana y familiar, sobre todo si el cliente es asiduo, con ciertas dosis de informalidad. Profunda carta de vinos, sobre todo en champagnes y vinos blancos, con alguna tendencia a los naturales.

Güeyu Mar es un lugar único, concentrado en el mar y las ascuas. Desde mi visión, su exclusividad no radica tanto en los mariscos sino en los pescados a la brasa. En esta vía, los factores que se dan en Güeyu Mar no se alcanzan en ningún otro lugar; peces de gran tamaño que dan lugar a lomos de gran grosor con mayor porcentaje graso y una maestría técnica en las brasas insuperable. La ecuación perfecta.

Güeyu Mar: Una catedral marina.

Post con fotos en http://www.complicidadgastronomica.es/2018/08/gueyu-mar-2018/

Comida: 8 (10 en Pescados Brasa)

Entorno:7,5

Servicio: 7,5

RCP: 7,5 

Última parada en nuestro viaje a lo largo de la costa cantábrica en la bonita población de Ribadesella tras una intensa jornada en Picos de Europa (Fuente De y Lagos de Covadonga). Pernoctábamos allí esa noche y se hacía muy tentador acercarse a cenar a este restaurante. Además, coincidimos en la ciudad con unos amigos que también andaban de viaje por Asturias y decidimos reservar para cuatro en el servicio de cenas.

El restaurante se encuentra en la Playa de Vega, a unos ocho quilómetros del núcleo urbano. Llegamos al lugar ya pasadas las nueve de la noche, pero la escasa luz solar que aún quedaba nos permitió contemplar la belleza de un paraje tan recóndito y solitario. Con la presencia de algunos campistas que transitaban por allí y de un par de locales más que sólo abren en verano había cierta vidilla por la zona pero uno piensa lo sobrecogedor que debe ser llegar allí para cenar en una noche invernal. Cruzamos la terraza y, prácticamente nada más entrar, nos encontramos con la hermosa vitrina donde se exhiben los pescados y la zona de parrillas donde un concentrado Abel se afana por vigilar y mantener el candor de las brasas. Como al noventa por cien de los clientes que cenamos allí aquella noche, nos acomodan en un salón que se ha habilitado en un anexo al caserón. Para evitar las molestias que podían ocasionar los transeúntes y los vehículos que circulan por fuera (ténganse en cuenta que la pared acristala limita prácticamente con el caminito de llegada a la playa) se ha cubierto toda ésta con unas tupidas cortinas con lo que el comedor transmite cierta sensación claustrofóbica. Materiales nobles como la piedra, la pizarra y la madera en el interiorismo del local y mobiliario de tonalidades claras y azul marinero.

La carta no es excesivamente larga y asusta un tanto de primeras por lo elevado de los precios que se indican. Cuando uno ha leído anteriormente sobre el local y su propuesta culinaria, llega preparado para ello y sabe que estos precios están sobradamente justificados: producto excepcional, selección y almacenamiento de la leña (encina, roble y, mayoritariamente, cerezo), elaboración propia del carbón, etc. Para aclarar aún más el trabajo que se esconde tras cada plato, Chema, el jefe de sala, se acerca y nos explica uno a uno los platos de la carta, la procedencia del producto, las elaboraciones…

Mientras confeccionábamos nuestra comanda, tomamos unas cervezas (Alhambra reserva especial) y un delicioso pan con aceite que cada uno eligió de la bandeja que nos ofrecieron: chapata, pan de miel, de maíz, panchón… Cada cual más rico que el anterior.

- Bonito en escabeche: aperitivo cortesía de la casa. Fino y elegante. Deliciosa la cebolleta que acompaña al pescado, a modo de encurtido.

- Anchoas: Seis unidades. Tamaño considerable, bien sobadas, muy ricas. Nos citan la conservera que las elabora, suponemos que de prestigio, pero siento no recordar el nombre.

- Conserva de sardinas: Asar sardinas en la parrilla y enlatarlas conservando todo el sabor de las brasas es uno de los proyectos que Abel Álvarez ha conseguido hacer realidad y del cual más orgulloso se siente. Nos sirven una lata de forma circular de la que se extrae una ración suficiente para que los cuatro podamos degustar dos o tres cachitos de sardina. El aceite que queda en la lata (sólo se usa aceite de oliva en la conserva) se cuela ante nosotros y se emulsiona con una espumadera para conseguir una especie de pil pil que se vierte sobre la sardina. El resultado en boca no es comparable a ninguna otra conserva probada con anterioridad. Delicioso.

- Salpicón de bogavante: Nuevamente sorprende la escasez de ingredientes: bogavante del Cantábrico, huevo, aceite de oliva y poco más. EL resultado es tremendamente placentero. Leí en algún lado lo escasas que resultan las raciones en el Güeyu. No es éste el caso.

- Ventresca de atún a la parrilla: Dos raciones a compartir entre los cuatro. Tamaño correcto y exquisitez en cuanto a su textura y sabor. Resulta difícil encontrar esta parte del atún en los restaurantes de mi zona donde prima el lomo de atún y donde ahora están entrando otras piezas menos nobles y mas económicas: la parpantana, el morrillo… La dificultad aumenta si queremos degustarla a la parrilla ya que aquí se trabaja la plancha y ya podríamos considerar una misión imposible degustarla habiendo sido cocinada de un modo tan excepcional. Para mí, lo mejor de la cena.

- Rey a la parrilla: Pedimos también dos raciones (la carta nos obliga a ello). Dos cortes del cuerpo del pez y la cabeza entera. Frescura extrema en el producto y perfecta la cocción del mismo. Rica también la guarnición que acompaña: tiras de calabacín, tomatitos asados y unas guindillas fruto del mismísimo diablo. Tal vez aquí sí resulta un tanto corta la ración.

- Tarta de queso: Se usa el queso gamoneu, típico de Asturias y enormemente valorado por el público gourmet,  lo cual le confiere una inmensa personalidad a la misma, no apta para todos los públicos. El resultado al tomar cada bocado es un tanto empalagoso debido a la sequedad de la base y al sabor intenso y la falta de cremosidad del queso.

- Tarta de chocolate: Casera, como no podía ser de otro modo. Se confecciona en tres capas las cuales no consigo recordar: una de flan de café o similar, el chocolate y no sé qué más.

Bebimos una botella de Ribeiro Viña Meín 2013 que estaba riquísima. Salió un tanto alta de temperatura, pero ello nos permitió descubrir en él matices que no había percibido otras veces que había tomado este mismo vino. También influye que, normalmente, se sirve la botella de la añada y éste, con su crianza en botella, estaba muchísimo más evolucionado. A continuación tomamos La Calma 2010, apuesta segura que fue muy del agrado de quienes me acompañaron en la velada. La carta de vinos es inmensa, con un número de referencias inabarcable. Sorprende la selección de vinos internacionales. Fue uno de esos momentos en los que servidor se siente afortunado de no saber nada de vinos pues aquellos que sí saben pueden sufrir un ataque de ansiedad a la hora de tener que decidir que vino degustar. Acabamos con unos deliciosos cafés en la terraza.

En definitiva, se trata de un lugar muy peculiar por el entorno que lo rodea, por lo arriesgado del proyecto y por la maestría en la parrilla de Abel Álvarez y de Chema y el resto del equipo en la sala. Esa exclusividad se tiene que pagar, entiendo yo. Huyendo del rey, podríamos haber pagado bastante menos, es cierto, pero ¿cómo renunciar al producto estrella de estas tierras y siendo como es un pescado que tal vez jamás tenga ocasión de volver a probar? De todos modos, tomarse media docena de gambas por comensal aquí en Dénia nos resultaría mucho más caro. Salimos del local pasada la medianoche (y de largo) con la sensación de haber vivido una experiencia singular y plenamente satisfechos haberlo hecho.

PD: El sistema de puntuación de Verema otorga un diez al aparatdo "Comida" al calificarla yo como "Extraordinaria". Me ciño al sentido literal del adjetivo y así me pareció: fuera de lo común, de lo ordinario.

Pasión, inquietud, producto y brasas son los pilares de Güeyu Mar. Estamos sin lugar a dudas ante un restaurante único. Abel y Luisa han convertido su pequeño rincón de Playa de Vega al oeste de Ribadesella en un lugar de peregrinaje. Todo aficionado a la gastronomía debe pasar por aquí para adentrarse en el mar a la brasa. Me atrevería a decir que estamos ante el “#parrillerodelmar”.

La concepción del pescado a la brasa cambia tras visitar Güeyu Mar. La calidad de las piezas y los puntos que Abel obtiene son atípicos, prácticamente inmejorables. Fundamentalmente se percibe a través de los niveles de jugosidad, de la ausencia de humo y de aderezos innecesarios que maleen los sabores de los peces. Todo ello provoca que estemos sin duda ante uno de los mejores asadores de pescado del país.

Permítanme hacerles una recomendación. Visiten Güeyu Mar en meses como noviembre, diciembre, enero, fuera de la temporada estival. Menor aglomeración de comensales y una mejor época para el pescado blanco.

Además de las sardinas, también Abel está realizando sus pinitos con una conserva de ventresca de bonito. Sabor verdaderamente intenso, ventresca proveniente de una pieza de elevado tamaño. Trabajo en progreso, pero marcando ya diferencias de calidad y gusto.

El conocimiento de los peces siembra esa capacidad de poder ir más allá. Con la melva, se conforma una trilogía siempre partiendo de la parrilla. En primer lugar, melva escabechada. Las lascas y los colores como señal de perfección en el punto. Pura elegancia.

De los lomos de melvas de entre 2 y 3 kg, una especie de makis de melva únicamente rodeados de sésamo. El pescado previamente marinado en soja y vinagre de arroz para después perfilarlo al fuego. Realmente jugoso.

Combinando cocina y parrilla, se atreve con la melva con fondo de sus espinas y soja. Menor intensidad de la brasa y mayor crudeza para que el sabroso fondo tenga más notoriedad.Bravo.

Abel es un enamorado de la conserva. Hace año y medio se preguntó por qué no añadir la brasa a la conserva. Trabajo, muchas pruebas y algunas noches para dar con la tecla correcta. Para que el ahumado sea suave, para que la delicada piel de las sardinas no se desprenda. Después de este tiempo, Güeyu Mar ha conseguido una patente que cubre la técnica utilizada en la brasa con este pescado azul.

Limpieza artesanal, maderas de encina y cerezo y un buen aceite oliva virgen extra son las otras herramientas para producir una conserva premium. Degustamos dos piezas grandes y otra más cercana a la sardinilla. De mayor sabor y potencia las primeras, mientras que en la segunda se percibe más el ahumado ante un pescado de menor tamaño y sobre todo menor cantidad de grasa. Con el tiempo, Abel se convertirá en un conservero.

Si se ha alcanzado la excelencia en el suave ahumado que se aporta a una ostra Guillardeau. Se sirve con su propio jugo. Observación, tiempo y distancia, tremenda meticulosidad. Un poco de caviar potencia el toque salino. Mucho vicio. Prueben.

Los únicos pases que no pasarían por la brasa a excepción de los postres, las angulas y el salpicón de bogavante de Luisa. Las primeras resultan jugosas, de textura ciertamente melosa, símbolo de haber sido cocidas hace poco tiempo. El salpicón se ha convertido en uno de los iconos de esta casa. Siempre generoso y cada vez que se degusta gana en ligazón y finura. Obligatorio.

Se debe dejar espacio para al menos dos piezas de diferentes peces. Como casi siempre, la elección es del propio Abel. Nadie como él. Conoce las piezas, sus momentos, sus maduraciones o tiempos de esperar entre pesca y consumo

Primeramente lubina. Siempre piezas de gran tamaño que antes de cruzarse con el fuego se trocean. Producto de altísima calidad. El paso por la brasa es elegante y exquisito. Sabor redondo, integrado. Las lascas se desprenden casi solas al percibir que los cubiertos se acercan.

En esta casa el rey de la casa es el rey. Joya cercana a los cuatro kilogramos para once comensales. Todos ellos conocedores y aficionados a Güeyu Mar. El veredicto fue unánime. Estábamos frente al mejor rey degustado en este rincón asturiano.

Tuve la suerte o la rapidez que media cabeza acabara en mi plato. Me acordé de mi madre. Ella siempre elegía la testa. Se exploran todos sus recovecos como si me fuera la vida en ello. Se encuentran diferencias en texturas y sabor. Algunos trozos con un marcado sabor a crustáceos y de textura más volátil. Jugosidad plena y un gusto delicado, natural. Espectacular.

En los postres, apóyense en los quesos y el arroz con leche. El Gamoneu es espléndido. La tarta un peldaño por debajo pero repleta de sabor y a falta de una textura de mayor cremosidad. El arroz con leche sin llegar a ser crema sale notablemente parado en la evaluación.

Globalmente parece que nos dirigimos hacia una cocina cada vez más técnica de puertas adentro, donde los tecnicismos se esconden al comensal. En Güeyu Mar, Abel Alvarez a la vista del cliente ha alcanzado la perfección del fuego.

El esplendor de lo primitivo como único enlace entre el pescado y el cliente.

Post Completo en http://www.complicidadgastronomica.es/2016/12/gueyu-mar-dic-2016/

Entorno- 7
Cocina- En su categoría Sobresaliente. hay que reflexionar que estamos ante un asador .
Servicio del Vino - 7
RCP - NA

Un restaurante es un compendio de factores , comida , servicio , instalaciones , ubicacion , variedad , etc etc . Creo que los precios de este restaurante estan muy por encima de lo que ofrece en su conjunto , siendo un restaurante una experiencia global y no solo comida pura y dura . La calidad de los pescados es innegable , pero es lo unico que esta a la altura de los precios que cobran. Siento discrepar sobre las zamburiñas en agua de tomate , no me gustaron nada , ni a mi ni a ninguna persona de la mesa , el pulpo a la gallega es francamente mejorable . Los pescados muy buenos y el punto perfecto , la racion de rey a 45 € y el lenguado a 40€ , en fin , es la playa de Vega no es Manhatan . El precio por comensal 75 € , la carta de vinos tan extensa como cara , cobran 2,5 por el servicio de pan . La carta con 4 o 5 entrantes y 4 o 5 pescados . Si estuvieran en el centro d una gran ciudad cobrarian 150€ por cabeza . A mi me parecio muy muy caro

Atraído por los numerosos y acertados comentarios , que sobre este local hay en esta página, no pude resistirme a acercarme hasta esta playa de Ribadesella, pelin apartada y situada en la zona de La Vega.

Será de los pocos lugares en lo que tienes claro lo que te vas a encontrar solo mirando la fachada, pedazo de pez, mas concretamente pedazo de Rey en tres dimensiones que tiene como cartel anunciador de lo que acontecerá si pasas ese umbral.

Pasas por la cocina, ves las brasas y te sientas en la terraza, bien cerrada, la zona no es muy grande, ni en cuanto a mesas, ni en cuanto a sitio para aparcar, esto en pleno agosto tiene que ser una locura, pero merece la pena.

Un aperitivito de salmorejo con aceituna te va preparando, en la carta todo pescado y marisco, ya te avisan, ni arroces, ni carnes.

Empezamos con unos chipirones de potera a la brasa, de pequeño tamaño pero de enorme sabor, nos comentan que están pescados de la noche anterior y manipulados lo mínimo, de hecho no estaban limpios ni por fuera ni por dentro, espectacular manjar.

Ostra a la brasa con caviar y asada con leña de cerezo, te la sirven acompañada de una copita de sidra brut, puro sabor y buen maridaje.

Empezamos con los pescados, algunos son para dos personas mimimo, pero hay varias opciones individuales, así que nosotros optamos por compartir tres elaboraciones distintas.

Empezamos por un tataki de bonita, así llaman en la zona al atún blanco que pescan, maridado lo justo en soja, apenas apreciable, cuidan mucho el producto y no enmascararlo con nada, selladito y rojo por dentro, nos encanto a los tres.

A continuación una ventresca, también de bonita, magníficamente elaborada, estaba espectacular, mantequilla de mar, que sabor, que textura, caímos rendidos.

Y finalizamos con mero, estaba muy bueno pero después de la bonita, ya nada era lo mismo.

Todos los pescados venían acompañados de una ensalada de tomate, bien troceadito y lombarda y rociado todo ello de un sofrito que le daba un valor extra a este acompañamiento.

Para los ahumados utilizan leña de cerezo y para los pescados roble y no me acuerdo que otra más, los pescados, como si de afinadores de queso o maduradores de la buena carne, se tratase, tienen sus tiempos de espera en hielo, el rey un par de días de cámara en esas condiciones, mejora su rendimiento en la mesa, otros de un día para otro y otros lo antes posible, pero como digo es cosa de Abel y su equipo, han ido probando y llegando a conclusiones.

El trabajo de Abel en su local con la elección de maderas, de pescados y mariscos y sus tiempos de elaboración me recuerda al trabajo que se realiza en otros grandes locales como cajoan en altea o el asador etxebarri y es que lo principal además de un producto de primera es tener la paciencia y la sapiencia de ver como se lleva a cabo la mejor forma de comerlo.

Para beber te enseñan una carta rápida de vinos, el único pero que le pongo, aunque te avisan al final de la carta en pequeñito, que tienen mas referencias, vamos que si tienen, varios folios de muy buenos blancos y espumosos y demás, en esta ocasión y pese a lo dicho lo tuve muy fácil , escogí un vino en peligro de extinción, Ratiño, del amigo Rodrigo Mendez, para mi el mejor hacedor de blancos y vinos en general.

De postre me pedí , iba enfilado , la tarta de queso gamoneu , buen trozo y sabia a queso , lo acompañe de un vino dulce de la tierra ,flor del narcea , la acidez de este vino acompañaba de maravilla este postre , Uxue y su madre , no me acuerdo , pero nada de queso , no les va , una pidió tarta de chocolate , buenas raciones también.

Servicio atento y profesional y conocedor de lo que tienen entre manos , no te sirven el vino , cosa que a mi nunca me ha gustado , pero tienen muy buenas referencia , que para mi es mas importante , aunque en el tema vino , Dios me libre de decir una palabra mas alta que otra.

En resumen una velada magnifica, instructiva y a un precio muy bueno, por 151€, disfrutamos de producto de primera y de elaboración superior, las raciones muy abundantes y hay incluyo el servicio de rico pan que en esta zona acostumbran a cobrar a parte y no incluyo el gin-tonic, ya que fue invitación de la casa.


Güeyu Mar se ha convertido en una de las parrillas de referencia del Norte de España y un enclave auténtico donde tomar el mejor pescado posible a la parrilla.

Abel asa los pescados por trozos y solo le valen piezas de tamaño importante. Meros de entre 15-20 kg, lubinas de 3-4 kg, reyes de alrededor de 2kg y bonitas que a veces alcanzan cifras superiores a los 100kg. Cuando una buena pieza de gran tamaño se les escapa en las subastas, pierden una joya y hay tensión. Si la pieza es un rey, se jura en arameo. Abel lo ha puesto en valor y ahora a veces le pasa partida. En Agosto, las capturas se están reduciendo y existe demasiada demanda, lo cual está provocando que los precios en lonja y carta se disparen. Mi próxima vez fuera de la temporada álgida.

Decidí visitarlo para el servicio de la noche. Menos concurrido que el de mediodía. En la zona anexa a la casa cuya balconada vigila un rey, han colocado un salón comedor prefabricado y aun así de lujo con vistas a la Playa de Vega. Se visualiza el mar Cantábrico en todo su esplendor. Tiene sentido observarlo antes de degustar lo que nos da. Da gusto percibir el esfuerzo de sincronización que existe entre la parrilla y el servicio para que todo llegue a la mesa en su temperatura y casi sin esperas.

Comenzamos con una ostra a la brasa con caviar y su propio jugo. Ostra del Eo, de gran tamaño que se presenta ahumada con madera de cerezo. Buena fase olfativa, caviar potenciando todavía más el tono salino de este tipo de ostra. Más hedonista que necesario. Reduciría en cantidad el propio jugo con el que se sirve, ya que en boca resulta demasiado salado.

A continuación también presentado en campana, las zamburiñas a la brasa con agua de tomate. Sabrosísimas y esa agua completando el plato aportando mucho frescor. Un mar y huerta que resulta muy veraniego contrastando brasa y la limpieza del agua de tomate. Imprescindible.

Muestra de inquietud y del viaje a Japón es el tataki de bonita. Previamente macerado ante de pasar por la brasa resulta de textura ejemplar. Todavía brillante en relación a su frescura. Se presenta sin ningún tipo de aderezo que enmascare su sabor. Grasa ligeramente fundida. Profundidad.

Tiene su estilo y hay diversidad de opiniones en torno al salpicón de bogavuelos de esta casa. De simplicidad aplastante, destaca por su abundancia. Más que un salpicón es simplemente bogavante cocido con una vinagreta (ligero exceso de aceite) que se acompaña con huevo muy desmenuzado. Sabor natural.

Se pasa a palabras realmente mayores con el mero. La pieza muestra en un simple vistazo los diferentes medallones en los que se puede llegar a separar. El calor provoca que la carne comience a separarse y la grasa fluya entre la pieza. La parte exterior muestra su cercanía a las brasas, su dorado, mientras que en el interior se muestra un mayor punto de crudeza. El pescado también tiene su punto. El mismo pez casi tratado de dos formas diferentes en un solo plato. Pescado carnoso, potente en sabor. Inmejorable.

Llega el rey. El pescado que Abel cual princesa ha empujado al altar. Sabe a marisco, a cangrejos. La piel braseada alcanza tonos dulces que combinan de maravilla con ese punto yodado. Un imprescindible de esta brasa de Playa de Vega que no deben dejar de solicitar.

A Abel le preocupa y le engancha la variabilidad del mar. Ya piensa en que podrá conseguir Luisa unas horas más tarde. Sabe que el servicio puede mejorar. Quiere estar cerca del cliente, mimarlo, disponer de un buen servicio de vino. A este ritmo se conseguirá.

El paraíso de la brasa está claro y en mi humilde opinión se llama Etxebarri. Es un horizonte, hay otros. El camino ha comenzado.

Güeyu Mar: La inquietud de las brasas.

Post completo y fotos en http://www.complicidadgastronomica.es/?p=5239

Un lugar al que no es fácil llegar, sobre todo en invierno y para cenar. Bien descrito por Joaquin en su comentario anterior no insistiré mucho más; destacar que el lugar es lo que se espera de un sitio de pescado de la costa asturiana: ambiente familiar, materia de primera, buen precio (comparado con los restaurantes de las ciudades) y una profesionalidad y amabilidad por parte de Abel a las brasas y Luisa en la sala, de quitarse el sombrero.

Llegamos pronto para pillar el atardecer en la playa y muy justos de tiempo (es fácil perderse) y muy nublado nos dejó con ganas pero nos permitió entrar en el local y hacer un rato de tertulia.
Pedimos unas cervezas y nos sacan Er Boqueron un vino blanco y nos sacan Viña Gravonia 2005, un buen pan (y rosquilletas) con buen aceite picual Original Melgarejo, un poco de queso y nos sacan Gamoneu del Valle curado. ¡¡Ésto apunta maneras!!
Si miras la fresquera encuentras en hielo un mero de 17 kilos, varios Rey (Virrey llaman en otros lares) de más de 3 kgrs y un rodaballo que taparía la mesa entera, un par de lubinas salvajes de casi un metro de largas...

Veniamos (3 de los 5) de comer en Casa Gerardo un menú de 17 platos incluida fabada tradicional, pero no dejamos nada de la merienda que nos prepararon pues esa cerveza, ese blanco y ese Gamoneu no podían quedarse. Mientras se preparaban las brasas para la cena.

Pasamos a la sala de la ventana a la playa, con una mesa donde caben 7, con lo que los 5 estábamos a las anchas. Acuerdo general, nos hacemos monárquicos y un Rey de casi 3.5 kgrs para nosotros; a la brasa. Tamaño pescado requiere tiempo de brasa, así que acortamos la espera con:
. melva: muy jugosa, poco aceitosa.
. berberechos hechos al vapor y luego puestos en campana con el humo de una brasa; gran tamaño de los moluscos, buen punto de cocción.
. zamburiñas con agua de tomate y servidas en cuenco de cristal con forma de pez; muy buenas y el toque ácido del tomate le combina bien.

Mientras disfrutábamos de la carta de vinos, vimos matar las angulas con un baño de agua y nicotina, del que trataban de escaparse. Eso sí que es pescado fresco.

Para acompañar, además de agua Solan de Cabres, de bebida, hay que disfrutar de una carta de vinos de más de 300 referencias, 200 de ellas en blancos y espumosos, con más de 20 champagnes (varios de pequeños productores, como Hebrart, Camille Sauvés, Cedric Mousse..) llegando a Dom Perignon, y a precios comedidos.
En tintos hay también de todo, hasta Pingus.

Para el Rey optamos por Fiore del Carme 2009, original hasta en su botella y en su tapón de cristal.
Por fin llega el pescado, entero pero troceado para mejor hacerse a las brasas. Un espectáculo en la mesa y también en la boca; sabroso, jugoso, densa carne para ir comiendo despacio, fácil de desespinar. Si hacía falta un poco de aceite crudo había La Niña de mis ojos de Baena en garrafa de cristal.

Pensamos por un momento en no tomar postre, pero, aparte de que son todos caseros, al nombrar una tarta de queso hecha con queso Gamoneu, pues nos desdecimos: hay que probarla y ese punto de dulzor final vino de la mano de algo dulce: Finca Sandoval Cuvée (Cecilia) especial 2011 un tinto dulce interesante.

No pagué yo. Comida sí, pero cena no me tocaba a mí.
Un sitio que como dice Michelín para otorgar su estrella: merece la pena desviarse para conocerlo. Aquí el local físico, no le permitirá la estrella pero su producto es de gran estrella.

Tras el intenso periplo gastronómico habido durante la semana, y habiendo probado ya la mayoría de las especialidades asturianas, tocaba abordar otro de los puntos fuertes del lugar donde nos encontrábamos: el pescado, entendido en su versión producto, esto es, lo más natural posible, sin filigranas ni aderezos.

De ahí que, siguiendo los siempre sabios consejos de otros foreros, encaminamos los pasos hacía el Gueyu-Mare, a 10 escasos minutos de Ribadesella en coche. (Taxi/10 euros).

Entorno: En los aledaños de la playa de vega, se respira un evidente ambiente marítimo, y muy, muy surfero -innumerables los aficionados a este deporte que vi pasar-, sin perjuicio de cierto un aire montañés, pues, no en vano, en función del espacio en el cual te ubiquen se puede ver tanto la playa como el verdor de las montañas asturianas.

Como digo, diversos espacios -terraza frente al mar, interior, y lateral mirando a las montañas, siendo éste último en el cual nos ubicamos. Muy agradable, y con capacidad para unas 80 pax (en total). Nuestra zona, situada en una especie de exterior, con un cierto toque rústico asturiano, paredes de piedra, vigas de madera, tonos blancos y azules, cuadros con motivos marineros. Lo dicho, muy agradable-

Buen tamaño -y separación- de las mesas, bien aderazadas -mantel y servilletas blancos, de hilo, impolutos-. Las sillas, de madera, de corte un tanto rústico y, para mí, un poco incómodas. Cubertería y vajilla correcta. Vasos de agua de diversos colores y coperío Riedel -lo mejor-. Buena presentación en conjunto de la mesa. Buena ambientación, en azules y blancos. Y un sitio muy limpio, de los que te encuentras cómodo.

Servicio y servicio del vino: Muy agradables. Atención inmediata -y había parroquianos y foráneos en abundancia-, amabilidad y buen trato. Buenas recomendaciones del jefe de sala y atención excelente por parte de la camarera que nos atendió, compartiendo con ambos no sólo la experiencia -“cómo va la cosa?, está todo bien?”-, sino también diversos detalles gastronómicos del pescado a la brasa, conversación a la que se unió -ya en los gin tonics- el dueño del lugar, que salió con amabilidad para hablar con nosotros y apuntarnos su ilustre clientela (entre ellos, el día anterior, el Maestro Aduriz).

No comimos más que tres platos, pero los tempos fueron excelentes, sin prisas, dejando disfrutar. El servicio del vino consistió, en exclusiva, en la presentación del mismo y su ubicación en cubitera. Ahora bien, disponen de una pléyade de blancos ciertamente reseñables, al igual que de espumosos, siendo más parca la cosa en rosados y tintos.

Tanto es así que de blancos disponen de una carta corta -los más habituales, gallegos en lo fundamental, unos 12/14, y algún rueda y rioja-, que rápidamente fue rechazada para reclamar la carta larga, la cual dispone de aproximadamente unas 300 referencias, de las cuales unos 250 serán blancos, de prácticamente todo el mundo, incluyéndose todo tipo de variedades y de elaboración. Muy completos en este aspecto.

Y, ojo, a unos precios que da gusto (x 1 ó x 1,2), para darse un buen capricho, o dos, o ..., siendo un ejemplo a seguir en este aspecto (otro gallo nos cantaría si fuera siempre así). Siendo esto así, optamos por un Emilio Rojo 2011 (38 euros): excelente. Si a ello le unimos las ya comentadas Riedel, miel sobre hojuelas.

Comida:

Ni carne, ni paellas -reza la carta en su parte inferior-. Como a mí me gusta, las cosas, cuanto más claras, mejor. Y, si no se quiere pescado, pues no se va. Pescado, y a las brasa, sin más... pero sin menos. Y prácticamente todos los habituales, los cuales te dan la bienvenida al entrar -pues no en vano se encuentran debidamente expuestos-, siendo el género de una indudable frescura y de un tamaño -como las raciones- ciertamente considerable, y moviéndose entre los 20 y los 33 euros. Junto a ello, una docena de entrantes -básicamente marisco y pescado- que se movían entre los 12 y los 30 euros.

Había gana relativa, por lo que tras un pequeño aperitivo de la casa -salmorejo (en realidad, un mix entre sopa de tomate y gazpacho) con anchoa marinada, rico-, optamos por compartir un entrante y un segundo.

Optamos por elegir las andaricas (nécoras) a la plancha, lo cual fue desaconsejado por el maître, al indicarnos que, al no ser temporada, posiblemente no darían la talla a la brasa-bien hecho!!- Se nos aconsejó ½ ración de salpicón de bogavante, explicándonos su elaboración y las piezas de este último que se utilizaban para ello.

Buen consejo: un muy buen salpicón, con trozos de bovagante de excelente tamaño, aderezado con un rico aceite y una suave salsa de pimiento. Hubiera agradecido un sabor con un punto más de vinagre, pero esto va por gustos. En todo caso, magnífica textura del elemento principal, excelente cocción y buena presentación. La ración (insisto, ½), adecuada como entrante, por lo que no me puedo imaginar lo que debe ser para uno una ración entera.

El segundo, un pescado tradicional por estos lares: el pixín (rape). Fenomenal pieza, con perfecta cocción y todo el sabor y frescura que se le puede pedir a un pescado. Carnoso y tierno. Sin más, cierto, pero lo suficientemente bueno para que, añadido al aspecto y tamaño de los salmonetes de los de la mesa de al lado -dos señores mayores que estaban reventados de comer-, sugerirle a mi propia si seguíamos con el festín, pero mi gozo se quedo en un pozo.

Pues nada: un buen queso asturiano a las brasas para acabar, rico, cremoso, acompañado de una mermelada de higos que fue el perfecto colofón para darle matarile a la botella antes mentada.

Panes: De tres tipos, y muy ricos, parecían caseros. Acompañados de unos grissinis de dos tipos y de una excelente calidad que no suelo ver más que cuando me garbeo por alguna ciudad de la “bella” Italia.

Estábamos tan a gustito (cuidadín con los chistes) que aún cayeron un par de GT de Martin Millers (8 euros/GT), para dejar una cuenta total de 106 euros.

Excelente atención, muy buen producto, generosas raciones y un buen precio. Vayan y disfruten. Por el precio de uno seguramente comerán y beberán por 1,5. ¿Qué más se puede pedir?

Que Güeyu Mar está en este momento de moda es un hecho, restaurante lleno, doblando mesas en un día no excesivamente playero. Que no es una moda, y también ha venido para quedarse es un hecho. El restaurante dispone de tres terrazas y un pequeño interior; así como de parking privado, y una zona de chiringuito con una oferta totalmente distinta a la que ha dado fama a este restaurante de Playa de Vega al oeste de Ribadesella. En el exterior se muestran, diría hasta con orgullo las botellas que se van consumiendo, destacan por su cantidad las de champagne, albariño y ginebra, teniendo esta última su propio rincón decorativo.

El fuego y el conocimiento como únicos instrumentos para sacar el máximo rendimiento al producto, que cada día provoca un reto, y requiere una intervención parecida pero diferente. El tiempo, la observación, las pruebas y el sudor como vías de aprendizaje, para llegar a ser un verdadero maestro de las ascuas.

Comenzamos con una nécora a la brasa, pieza de unos 200-250 gramos, muy prieta de su carne en su interior, como debe de ser. La brasa en este caso tiene una aportación ligera, casi únicamente de sensación olfativa, y para nada tiene un sabor predominante; manteniendo el del crustáceo que es inmejorable. Sobresaliente.

A continuación, el desfile de pescados comenzaría con la merluza, sin ningún tipo de aderezo adicional más que el calor y el fuego. Pura sutilidad, con unas lascas que se separaban por sí mismas con nuestra mirada. El sabor de la brasa alcanza un mayor grado ante la elegancia frágil de la merluza.

El tataki de rape ofrece la oportunidad de degustarlo tanto cocinado como cuasi crudo, como en el caso de la andarica las ascuas aparecen de forma más tenue. El interior del pixin muestra un color entre rosáceo y blanco. Personalmente me quedo con la parte exterior, algo más cocinada, que evidencia un gusto más reconocible, y una textura más agradable.

En nuestra anterior visita, en Enero de este mismo año, no pudimos probar el virrey. Así que esta vez no podíamos dejar pasar la oportunidad de degustar ese pescado que Abel tanto reivindica, habiéndolo convertido en el diamante de su joyería. Carnes prietas, jugosas, punto perfecto, en el cual las espinas parece que se apartasen solas al notar los cubiertos acercarse. De gran suculencia, sobre todo en las partes más cercanas a la cabeza. Recuerdos familiares que aparecen gracias a personas que ya no están con nosotros, y que nos enseñaron a succionar las cabezas de los pescados apelando a su mayor jugosidad. Solo por este pez merece la pena el viaje. Entre los mejores.

Siguiendo la recomendación de Abel, también se incluyó en este quinteto de pescados titulares el mero, al que en las redes sociales él había denominado chuleta blanca. Después del virrey, nos pareció que estaba uno ó dos escalones por debajo. Sin tanta jugosidad como el anterior, posiblemente le faltará un poco de infiltración de grasa para apreciar mayor gusto.

Luisa nos había dado la pista sobre una bonita de unos 50kg, bonito dije yo, bonita insistió ella. Ahí se quedó el diálogo por incapacidad de contestación por mi parte, y por su conocimiento frente al mío, más bien escaso. Una buena pieza de la misma estuvo atemperando en el mostrador cercano a las brasas durante al menos dos horas. Según el saber de Abel, etapa necesaria del proceso para que la grasa del pez aflorara. Y tanto que apareció, como si de la ventresca se tratara pero con mayor potencia de sabor, y ese toque pantagruélico que le da el tocino de este “pescado”. Con este plato, nos asombran, por la calidad del producto, su tratamiento y posteriormente su corte, todo da como resultado, saborear el bonito como no lo habíamos hecho antes. Suculencia y máximo esplendor para rematar un diálogo entre las brasas y el pescado.

Focalizarse, convertir la especialización en el pescado en peregrinaje de gastrónomos a un pequeño pueblo de la costa asturiana, a través de una selección severa del producto, y la sabiduría de los rescoldos de la lumbre. La evolución de las brasas vía la profundización en ellas, de su continua y obsesiva observación, y de lo que éstas insinúan cada día, junto con los frutos de la mar que también expresan sus diferencias de forma continua. El refranero español modificado, “las brasas, con sudor entran”. una vez más nos vamos impregnados, nos llevamos en nuestra memoria, las brasas, la delicadeza del fuego, y esa andarica, el virrey, y la bonita.

Por otra parte, el servicio algo lento, y sobrepasado por el número de comensales, pero tenemos presente que estamos en la semana más álgida del año; lo cual también provoca cierta severidad en los precios que en Güeyu Mar son variables en función del precio al cual el mejor pescado se paga. Aquí se compra lo mejor, y eso se paga.

La voluntad de la mar, el esfuerzo de los pescadores, la selección del producto, y la pericia brasera son los pilares de una inmersión en el mundo del pescado de manos de Abel “El parrillero” y su mujer Luisa.

Ya saben como siempre post completo con fotos, y maridaje musical en
http://www.complicidadgastronomica.es/?p=3955

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.

Cerrar