Restaurante Lambrusqueria

Datos de Lambrusqueria
Precio Medio:
24 €
Valoración Media:
4.7 10
Servicio del vino:
4.0 10
Comida:
5.4 10
Entorno:
4.8 10
Calidad-precio:
5.0 10
Fotos:
0
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Zona: L'Eixample
Dirección: Conde Altea, 31
Código postal: 46005
Tipo de cocina: Italiana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 22,50 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Nunca

Teléfono


6 Opiniones de Lambrusqueria

Me lo habían recomendado varios amigos y veo que tenían razón. Comimos mucho y bien. Nos dejamos guiar. El ambiente, espectacular. Estaba lleno hasta la bandera (era el único así de concurrido de la zona, una noche de miércoles). Mucha gente guapa y algún futbolista conocido. Una ensalada original con pera y frutos secos. Un carpaccio de solomillo de buey con queso parmesano. Queso gorgonzola para untar. Varias pastas muy originales, y para terminar, unos postres espectaculares. El vino, suficiente. Relación calidad-precio, lo mejor que he probado en tiempo en Valencia, y el ambientazo, digno de ver.

Ubicado en ese delicioso tramo de Conde Altea en el que se agolpan restaurantes con encanto con estrechas y sugerentes terrazas y camareros invitándote a entrar.

Habíamos pasado mil veces por ahí y mil veces habíamos comentado eso de “algún día tenemos que venir aquí a cenar”. Nos atraía todo: desde el nombre -Lambrusquería. Pane vino e fantasía- hasta el interior que se vislumbra desde la entrada, pasando por la graciosa terraza. Todo menos el tipo de comida, italiana, que no es precisamente nuestra preferida.

Al final, después de muchos años, sucumbimos a la tentación y entramos.

Se trata de un modesto local con dos estancias anexas pero estancas, de tal modo que los camareros pasan de una a otra por la calle. Ambas son muy similares, una más espaciosa que otra, totalmente abiertas a la acera y a la terraza y con decoración a base de mucha madera: mobiliario, estanterías, parabanes, botelleros, barricas… Paredes enfoscadas, algún bodegón moderno, plantas y, como protagonista absoluto del restaurante, y es lo que nos cautivó, la iluminación. Ni una luz cenital, toda la sala repleta de velas, muchas de ellas en botellas de vino que exhiben una gran capa de cera de tanto consumirse en ellas velas y velas y más velas.

Tiene una atmósfera especial y, pese a lo que pueda parecer tras la descripción, no es un lugar “de parejas” sino más bien todo lo contrario, pues está frecuentado en su mayoría por animosos grupos de jóvenes.

La cocina es, evidentemente, italiana. Muy básica, mediocre, anodina.

No tienen carta, ellos te van sacando lo que les parece hasta que dices basta o pides más. Siempre platos al centro:

Coppa. Un fiambre italiano que a la postre fue lo mejor de la cena.
Hojaldre manzana, trufa y queso. Flojo.
Masacarpone con gorgonzola. Una crema para untar, interesante.
Carpaccio de solomillo buey con parmesano. Nada nuevo ni destacable.
Ensalada de queso cabra, pasas, frutas y nueces. Sin ningún aliciente que comentar.
Tagliatelle con trufas setas y carne. Discretos.
Strozzapreti con tomate y pesto. Curiosa pasta, como un macarrón alargado fino, denso y retorcido, que no estuvo mal.
Semifrío de champagne. Un postre que no me gustó nada, muy empalagoso, como con exceso de carga de mantequilla, mascarpone…

Carta de vinos cortita pero con unas cuantas referencias italianas. Tomamos, por capricho de mi acompañante y por hacer honor al nombre, un lambrusco tinto que, dentro de lo que odio yo este tipo de ¿vinos? fue de los mejores que he probado. Copas mejorables y sin mimo alguno.

Servicio joven, rápido, alegre pero sin miramientos.

Pues eso, ya hemos ido, nos hemos quitado de encima esta cuenta pendiente, y la experiencia no se puede decir que fuera negativa, pero no creo que volvamos.

enytre tanta oscuridad y las raciones tan deficientes creia que me estaban tomando el pelo,hasta que me trajeron la cuenta,entonces entendí que iban en serio.La escasa comida estaba buena y la camarera nos atendió muy bien pero repartir una empanadilla entre 4 (porque fuimos 2 parejas)me parecia tan ridiculo,que no entendia como no le daba verguenza a la camarera decirnos que ese plato era para los 4 y de verdad que no somos personas comedoras pero es que hasta mi hijo de 5 años se hubiera quedado con hambre.La proxima vez que quiera italiano ire a cualquier otro de los muchos buenos que ahí en la zona.YO NO VUELVO.y ademas caro.nos costó 96 euros mas la hamburguesa que nos compramos en el foster de gran via

La verdad es que haciendo eco del comentario que me precede, mi sugerencia es que sólo si no hay otra opción..., optemos por este italiano. Los entrantes, muy muy justos, aceptable el embutido, la pasta, excepto los fetuchinni... flojos, el postre, sólo se salva el tiramisú, y por los pelos. Por suerte no optamos por el lambrusco, sólo apto para estómagos privilegiados.
Optamos por un Finca Antigua Merlot, a buena temperatura y buen precio. Las copas de balón pero vastas como el esparto.
El café muy bueno, sólo y corto. El limonchelo demasiado azucar... invitación.
El servicio bastante atento, pero no compensa. Teniendo cerca Casa Nostra aunque sea una pizza o dando un paseo, Il Ritrovo, otro nivel, no lo dudemos. Sólo para emergencias cuando está todo cerrado.

Acudimos en una cena de amigos para quince personas, con un menú cerrado tanto en comida como en bebida.

Visité este restaurante hace unos cinco años y ya no le encontré la gracia al tema de las velas, esta vez, más que no verle la gracia, me supuso un verdadero problema: poco atractivo, incómodo y poco higiénico.

Para empezar las figuras caprichosas que va formando la cera de las velas acumulada sobre botellas y candelabros, son una decoración perfecta para una película de Béla Lugosi o Boris Karloff, pero no para un restaurante. Además esta tenue luz hace que no veas bien lo que tienes en el plato y no puedas observar la limpieza del local que, por otro lado, o la gravedad había aumentado su valor en algunos puntos o el suelo no estaba demasiado limpio. Esto junto a la acumulación de polvo en las velas hicieron que me sintiera poco a gusto.

Cocina italiana de calidad media/baja, con algunos embutidos típicos italianos correctos, carpaccios normalitos y alguna pasta mediocre que no desmerece. Servicio joven y atento, poco profesional pero que cumple el expediente sobradamente, ya que ni el local ni la cocina despuntan.

En cuanto al vino pues, obviamente, teníamos Lambrusco seleccionado para la cena, así que me decanté por la maravillosa agua mineral que nos sirvieron. El vino se sirve en vaso chato de cristal y se le presta poca atención.

Yo no le veo el romanticismo por ningún lado, pero para gustos... Para una cena informal en la que es más importante la compañía que la mesa o la copa.

Decente. Intimo. Sorpresivo. Esto engloba lo que encontre en este espacio polivalente , me sorprendio, porque soy un amante de la comida italiana bien hecha. Nos OBLIGARON a dejarnos guiar, cosa que al principio no me emociono nada...pero segun avanzo la cena, me sorprendio gratamente.
Pascualina , Hojaldre de quesos (el que menos me gusto y el mas insipido), Strozzpeli, Carpaccio a la monegasca (para repetir, y sin cansarse...)Tiramisú , ENOOOOORME y bueniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo, que me cobrasen el pan a 2 euros me parecio un crimen. Primero porque no lo pedimos (pan con pan...comida de tontos), y en segundo lugar, porque estaba mas tieso que una alpargata...horrible, pero...en fin, lo pagamos y a cambio no dejo propina (lo siento por una camarera guapisima y encantadora, que nos embeleso toda la noche, pero sus jefes se han pasado esta vez)
Un genuino Barbaresco que dio mucho de si a un precio ,mas que razonable (24 euros) y una copa de licor (algo cara para lo que era, pero, no lo tengo en cuenta, me tangan en muchos sitios) .

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