Restaurante Taberna del Chef del Mar en El Puerto de Santa María
Restaurante Taberna del Chef del Mar
País:
España
Provincia:
Tipo de cocina:
Vino por copas:
Precio desde:
22,00 €
(precio más bajo introducido por un usuario)
Nota de cata PRECIO MEDIO:
36 €
Nota de cata VALORACIÓN MEDIA:
7.4
Servicio del vino SERVICIO DEL VINO
6.3
Comida COMIDA
8.5
Precio medio entorno ENTORNO
6.7
RCP CALIDAD-PRECIO
7.8
Opiniones de Taberna del Chef del Mar
OPINIONES
6

Visitar la taberna en donde estuvo ubicado Aponiente debe ser una de las actividades turísticas de El Puerto de Santa María, el número de personas (turistas, familias, etc…) esperando hueco en las mesas, en la barra, en la puerta… para un servicio de cena es cuanto menos sorprendente (recomiendo acudir en la apertura). No se puede dejar de mencionar que en este espacio en donde se ha “cocinado” una de las propuestas más novedosas y exitosas del panorama internacional.

Recurrimos a:

Guiso de atún rojo”. Bueno. Al niño se lo endosamos como un guiso de carne con patatas. Muy logrado.

Arroz meloso de plancton”. Ya lo habíamos probado recientemente en Glass Mar en Madrid, pero difícil resistirse. Muy bueno.

Croquetas de choco”. Cremosas e intensas. Buenas.

Un par de copas para acompañar…, y dejar hueco para otros deseosos clientes. Servicio muy atento y servicial, a destacar.

Y de paso unas fotos en la entrada de Aponiente, a la espera de una deseada visita.

Nos sos vos, soy yo.

He esperado rato y medio antes de escribir mis impresiones. Cuestión de buscar la ecuanimidad que fija la distancia, ya que dicen que la distancia es el olvido pero yo no concibo esa razón.

He buscado palabras y frases, pero creo que, sencillamente, la primera mirada es la que vale y eso ya lo enseñan las madres: Decepcionado. No hubo ningún problema. Todo estaba bien. Sin embargo, ¿volvería mañana? En mi primera y segunda visita el sí sería rotundo. Esta vez no. Realmente no me apetece.

Ensaladilla "del Patiño". Bien, vale. Correcta ensaladilla rusa. Saam de pulpo: Una suerte de tiras de pulpo especiadas al (digamos) estilo moruno y acompañadas de una ligera salsa de color verde. Vale, correcto, aburrido. Huevas de choco en holandesa de tinta: Un buen plato. De postre (y ejke yo soy asín), croquetas de choco: Intensas y ricas.

Para beber una copa de Forlong blanco (3 EUR) y otra de amontillado Micaela (3,5 EUR).

El servicio agradable, las raciones bien (muy) generosas. Todo bien, sin embargo... me falta algo y me decepciona.

Ya descrito como el antiguo local de Angel Leon convertido en una taberna con aires de mar con peces colgando del techo y decoración de ambiente marinero pero moderno, con mesas corridas y una barra para un aperitivo. En el techo cuelgan las típicas cajas de pescado de las lonjas, bien coloreadas dando un ambiente informal pero muy agradable ("canalla").

Con destino al restaurante Aponiente con mesa a las 13.30 nos encontramos que está aun cerrado porque falta más de media hora con lo que decidimos no quedarnos solos al sol y, sin bajar del taxi que nos ha traido de Cádiz, vamos a hacer un aperitivo en el orígen, donde se ganaron las dos estrellas Michelin, así que allí fuimos los tres.
Resultó que estaba aun cerrado (hasta las 13 h que abren) así que a por una cerveza en la cercanía con unas olivas partidas y negandonos a tapear: primer aperitivo.

El segundo aperitivo antes de ir a Aponiente ya fue en la barra de esta taberna, casi en solitario, con una buena atención del personal.

Tomamos:
. cuatro manzanillas con unas olivas por cortesía de la casa
. bocados de caballa con pipiñaca: perfecto el pescado, bien presentado.
. ración de embutidos del Atlántico: trampantojo de caña de lomo pero hecho con pez mantequilla de la bahía (Tomaso). Extraordinario, con las especies propias y el color de una caña de lomo.
. pan con tomate para acompañar

El precio total 35.70€ y aunque fue un aperitivo compartido, lo dejo como precio por persona porque no sería menos el costo normal de comer allí.

Las expectativas eran altas: habíamos comido dos veces en el antiguo Restaurante Aponiente y, en ambas ocasiones, el resultado fue espectacular, tanto que, a partir de entonces, Ángel León se convirtió en uno de nuestros Chef favoritos. Y, viniendo de su mano, estábamos seguras de que La Taberna sería otro éxito.
Buen decorado: cajas de pescado en los techos, peces colgando de él, mesas altas y grandes, para compartir, con taburetes,…, un amiente totalmente pesquero, recuerdo de una lonja. Nos sentamos en una de las mesas altas (¡uy!, los taburetes algo, por no decir muy, incómodos, algo falla). A nuestro lado se posiciona otra pareja. Todo preparado para la navegación. La tripulación de la sala, floja, muy floja, quizá le falta horas de navegación, esperemos que se vaya resolviendo.
Y para comenzar a navegar:
- “A que sabe la Bahía de Cádiz?”: una latita de plancton marino, con dos, ¡dos! berberechos, (y con arena!!, no creo que se pueda consentir), y gelatina de mar. Para que sepáis a que nos supo a nosotras la Bahía os pongo en situación: estás saliendo del mar, viene una ola, te tira y tragas agua; como puedes, te levantas y llegas a la orilla, pero, antes de pisarla, llega otra ola traicionera por detrás y te tira al suelo, con tan mala suerte, que caes con la boca abierta sobre la arena. Así nos supo esta Bahía de Cádiz. Decepcionante, más, vergonzoso, además, sabiendo su precio (16€), deplorable, lamentable y, para nosotras, triste sabiendo de quien viene.
Quiero abandonar el barco, pero me tienen atrapada entre redes y aparejos. Me convencen: quizá la tripulación de la cocina ha tenido un mal día. Me recompongo, me enjuago la boca y sigo:
- San Jacobo de acedías rellenas de jamón: fuera de carta. Muy bien conseguido y muy bueno.
- Mollete de atún rojo: sutil.

Parece que la travesía va mejorando. Me relajo y seguimos:
- Ensaladilla del mar: buena, simple ensaladilla con la curiosidad de la añadidura del calamar.
- Porras de camarones: crujientes y sabrosas pero en cantidad excesiva para dos personas, lo que te hace llegar a aborrecerlas (incluso a pensarte en pedir un chocolate para mojarlas).
Mientras navegamos por estos altibajos, quizá por el oleaje, nos percatamos de que nuestros acompañantes de mesa siguen esperando su arroz con plancton después de casi una hora y varios reclamos. Parece que la queja en la sala, en este sentido, no es exclusiva de ellos, sino que es demasiado generalizada. En esto, nosotras hemos tenido suerte, nuestros platos siguen saliendo:
- Atún al whisky: riquísimo, todo perfecto.
- Lasaña de pescados azules: riquísima, lo que más nos gustó.
Y, así, llegamos, a puerto. Con esto más:
- 4 cervezas, pan de algas (muy bueno) y un café: 80,40 euros.
No probamos el arroz con plancton porque ya lo habíamos hecho en las dos ocasiones anteriores, ni las chistorras de mojarritas porque ya habíamos comido sus famosos embutidos marinos, pero es obligado probarlo si no lo has hecho.
¿Volveremos? Sí, con algo de tiempo para relajar el mareo, volveremos para quitarnos este sabor agridulce y comprobar que la mano del Chef del Mar ha conseguido dirigir los fallos de navegación y reflotar la embarcación antes de que toque fondo.  

  • Porras de camarones

    Porras de camarones

  • Atún al whisky

    Atún al whisky

  • Ensaladilla del mar

    Ensaladilla del mar

  • Lasaña de pescados azules

    Lasaña de pescados azules

  • San Jacobo de acedías rellenas de jamón

    San Jacobo de acedías rellenas de jamón

  • “A que sabe la Bahía de Cádiz?”

    “A que sabe la Bahía de Cádiz?”

En el antiguo local de APoniente, Ángel León ha abierto esta taberna a la que algunos comentaristas gastronómicos denominan como “taberna canalla”. De canalla nada, estaba todo buenísimo, en todo caso yo la llamaría “la taberna del cielo” por las cosas deliciosas que comimos.

Bromas aparte, la carta nos ofrece un gran número de posibilidades de disfrutar de una alta cocina en versión de tapas y raciones, especialmente las de pescado

Algunos ejemplos de lo que probamos: sardinas a la brasa con sal sobre pan, ensaladilla del mar, porra de camarones y unos chocos con salsa de placton, todo buenísimo.

Nos quedamos con ganas de probar más platos, pero la noche no dió para más, habrá que pensar en volver cuanto antes.

Muy buena atención y a un precio moderado.

... ¿cómo de bien? Pues como para repetir. Y por eso fui en dos ocasiones en cinco días. Ale, los de la urba ya pueden irse a cenar. Los que hemos tenido barrio continuamos.

En la calle Puerto Escondido. Que ya sólo el nombre te predispone. En donde se encontraba situado el restaurante Aponiente, hasta hace poco, se encuentra la Taberna del Chef del Mar. No, que no venga nadie aquí pensando que es Aponiente en versión low-cost ni nada por el estilo. Que tampoco venga quien busque un restaurante. Es un bar. Una taberna. Que otra cosa no, pero el local ya se anuncia como lo que es.

Carta variada con algunas cosillas para picotear y algunos platos que podemos denominar como principales. También parece que acostumbran a tener alguna sugerencia fuera de carta.

¿Qué hubo el primer día? Mollete de atún, que era un bollito relleno con una suerte de mahonesa y una lámina de atún atemperado sobre él (¿soplete?). Resultón.
Después un nam de camarones. Sobre una hoja de lechuga unos camarones rebozados y sobre estos una ligera salsa. Oigan, sin miserias, un platazo de camarones bien lleno. Una excelente fritura crujiente. Pues nada, echar la mano al asunto y a bocaos con el nam. De esto que te podrías comer veinte, tener una "death by camarón" y con una sonrisa de oreja a oreja.
Galete glaseado. ¡Ay madre! ¡¡ Ay madre !! ¡¡¡ Ay madre !!!. ¡Qué pedazo de plato! Un pedazo de guiso de galete, de sabor oscuro y profundo. Imaginad el guiso de rabo más meloso que os hayáis comido. Pues esa es la textura pero con el sabor del atún y con la profundidad del guiso. ¡¡¡ Más !!!
Fuera de carta había un lengüado desespinado sobre parmentier e hígado de rape. ¿Sabéis esa sensación de que pruebas un plato, dices mmm, cierras los ojos un segundo y se te relajan todos los músculos del cuerpo? Pues esto pasa con este plato. Pla-ta-zo.

Es un bar, no debería molestarme en tomar postre, pero oye, me encuentro tan a gusto que sigo. Chocolate fluido, esto es, el habitual coulant con una peina de helado. Solvente.

Pan sorprendentemente rico. Creo que de Triticum. Café, también rico, de Illy.

Y como me quedé con ganas de más, el segundo día el asunto fue...

Mollete con pringa. Esto era una especie de bao, ligeramente ¿pasado por la plancha? relleno de pringa y por encima unas finas láminas de ¿papada? ¿panceta? Muy bueno.
Tras este un guisote de huevo de choco en cremoso de plancton. Muy bueno. Predominando el sabor del choco.
Sigo con un arroz con plancton. Un arroz, lógicamente, con un excelente aroma y sabor a mar y un impecable punto de cocción.
Para terminar el xuxo de calamar. Etereo.

El segundo día me castigué sin postre, aunque sí hubo café.

Vamos con la bebienda. De nuevo, qué bien, ¡pero qué bien que te venden los platos! Pero qué poco venden los vinos. Aunque el servicio es extraordinariamente amable hay que sacar la información de qué vinos tienen a fuerza de preguntar y preguntar. Menos mal que, lo dicho, el servicio es en cualquier caso excelente y muy amable.

El primer día tomé un par de copas de manzanilla pasada Xixarito y el segundo día una copa de manzanilla Maruja y dos de Fino Colosía. Fino que etiquetan específicamente para la Taberna y para Aponiente. Impecable el servicio, temperatura y coperío.

Lo pagado fue 45,2 EUR el primer día y 42,7 EUR el segundo.

¿Volvería? ¡Ahora mismo!

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