¿Naufragio o sólo tormenta de un dia?

Las expectativas eran altas: habíamos comido dos veces en el antiguo Restaurante Aponiente y, en ambas ocasiones, el resultado fue espectacular, tanto que, a partir de entonces, Ángel León se convirtió en uno de nuestros Chef favoritos. Y, viniendo de su mano, estábamos seguras de que La Taberna sería otro éxito.
Buen decorado: cajas de pescado en los techos, peces colgando de él, mesas altas y grandes, para compartir, con taburetes,…, un amiente totalmente pesquero, recuerdo de una lonja. Nos sentamos en una de las mesas altas (¡uy!, los taburetes algo, por no decir muy, incómodos, algo falla). A nuestro lado se posiciona otra pareja. Todo preparado para la navegación. La tripulación de la sala, floja, muy floja, quizá le falta horas de navegación, esperemos que se vaya resolviendo.
Y para comenzar a navegar:
- “A que sabe la Bahía de Cádiz?”: una latita de plancton marino, con dos, ¡dos! berberechos, (y con arena!!, no creo que se pueda consentir), y gelatina de mar. Para que sepáis a que nos supo a nosotras la Bahía os pongo en situación: estás saliendo del mar, viene una ola, te tira y tragas agua; como puedes, te levantas y llegas a la orilla, pero, antes de pisarla, llega otra ola traicionera por detrás y te tira al suelo, con tan mala suerte, que caes con la boca abierta sobre la arena. Así nos supo esta Bahía de Cádiz. Decepcionante, más, vergonzoso, además, sabiendo su precio (16€), deplorable, lamentable y, para nosotras, triste sabiendo de quien viene.
Quiero abandonar el barco, pero me tienen atrapada entre redes y aparejos. Me convencen: quizá la tripulación de la cocina ha tenido un mal día. Me recompongo, me enjuago la boca y sigo:
- San Jacobo de acedías rellenas de jamón: fuera de carta. Muy bien conseguido y muy bueno.
- Mollete de atún rojo: sutil.

Parece que la travesía va mejorando. Me relajo y seguimos:
- Ensaladilla del mar: buena, simple ensaladilla con la curiosidad de la añadidura del calamar.
- Porras de camarones: crujientes y sabrosas pero en cantidad excesiva para dos personas, lo que te hace llegar a aborrecerlas (incluso a pensarte en pedir un chocolate para mojarlas).
Mientras navegamos por estos altibajos, quizá por el oleaje, nos percatamos de que nuestros acompañantes de mesa siguen esperando su arroz con plancton después de casi una hora y varios reclamos. Parece que la queja en la sala, en este sentido, no es exclusiva de ellos, sino que es demasiado generalizada. En esto, nosotras hemos tenido suerte, nuestros platos siguen saliendo:
- Atún al whisky: riquísimo, todo perfecto.
- Lasaña de pescados azules: riquísima, lo que más nos gustó.
Y, así, llegamos, a puerto. Con esto más:
- 4 cervezas, pan de algas (muy bueno) y un café: 80,40 euros.
No probamos el arroz con plancton porque ya lo habíamos hecho en las dos ocasiones anteriores, ni las chistorras de mojarritas porque ya habíamos comido sus famosos embutidos marinos, pero es obligado probarlo si no lo has hecho.
¿Volveremos? Sí, con algo de tiempo para relajar el mareo, volveremos para quitarnos este sabor agridulce y comprobar que la mano del Chef del Mar ha conseguido dirigir los fallos de navegación y reflotar la embarcación antes de que toque fondo.  

  • Porras de camarones

    Porras de camarones

  • Atún al whisky

    Atún al whisky

  • Ensaladilla del mar

    Ensaladilla del mar

  • Lasaña de pescados azules

    Lasaña de pescados azules

  • San Jacobo de acedías rellenas de jamón

    San Jacobo de acedías rellenas de jamón

  • “A que sabe la Bahía de Cádiz?”

    “A que sabe la Bahía de Cádiz?”

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