Restaurante Nakeima en Madrid

Restaurante Nakeima

Datos de Nakeima
Precio Medio:
50 €
Valoración Media:
6.6 10
Servicio del vino:
5.8 10
Comida:
8.3 10
Entorno:
4.8 10
Calidad-precio:
7.4 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Madrid
Localidad: Madrid
Dirección: Melendez Valdés, 54
Código postal: 28015
Tipo de cocina: Asiática
Vino por copas:
Precio desde 27,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)



12 Opiniones de Nakeima

En los dos años y medio trascurridos desde la primera visita, ideas, medios y formas se mantienen como ideario primordial en NAKEIMA. Releyendo  el blog de Isaac, no puedo estar más de acuerdo “Son sus reglas y cuando comienzas a hacer la cola, ya estás aceptándolas”, pero mi sensación es que ha faltado cierta “exploración” (o ambición) en el sorprendente concepto inicial.

En cualquier caso, excepto por el servicio del vino en el que me sorprendió la total y absoluta falta de medios (a cerveza la próxima vez), la experiencia gastronómica sigue siendo única y diferente.

Iniciamos el viaje con un aperitivo: “Ensalada de corujas y arenque ahumado”, preludio de dos interesantes propuestas servidas en plato para compartir, la curiosa “Aspic de médula de atún y percebes”, propuesta difícil de olvidar por la dificultad, aparatosidad y sorprendente muy buen resultado final, y el fantástico “sabayón trufado con helado de espárragos, uva de mar y erizo laminado”, un plato de muy alto standing.

Los siguientes pases son ya con las manos, de inicio, “Infladita de boletus” (sorprendente envoltorio de masa de maíz), para dar paso a los dumplings, todos de locura: “Din Sum de pitxon”, “Siu Mai de papada ibérica” (el mejor por siempre), y el espectacular “Black bao” (bao sedoso de tinta de calamar con guiso de chipirón). Terminamos este pase con los sorprendentes “Wonton relleno de gambas picantes y alga codium” (rebañando con los dedos todo lo que se podía, incluido unos polvitos de limón).

Continuamos con los niguiris: de “Gamba al ajillo” (para aplaudir), “Ibérico” (de papada; bueno), “Lecter” (una muy simple lamina cruda de solomillo; es espectacular) y “Dorada” (correcto). Terminamos esta fase con un poderoso y soberbio “Temaki de erizo con huevo frito de codorniz”.

Nos recomiendan para terminar el “Dry Ramen”, una sopa de ramen seca, un concepto diferente, que me pareció genial en todos los aspectos. Muy bueno.

De postre “Natto&Chololate”, que no nos dijo mucho, la verdad.

Nos costo decir basta..., lo que incremento el precio, pero sinceramente, no importa.

3ª visita y confirmación de que es uno de los sitios más sorprendentes para comer hoy en día en Madrid.

Acudo un día de diario a mediodía para no tener problemas (claro, hay que pedirse el día libre), y como sin problemas aunque el sistema sigue siendo muy fastidioso. Entiendo que no quieran servir más de x platos y seguir instalados en la excelencia pero el local está muy desaprovechado.

La comida genial, muy alto nivel

A destacar: el mortemochi, un mochi de morteruelo que es espectacular, el baoxi de panceta, pura pornografía gastronómica, el bao de guiso de sepia, super jugoso, las bolitas de boletus que explotan en la boca,

Me dejaron más fríos: el ramen, por debajo del resto de platos. El cocktail de gambas, sí, muy irónico, servido en su minisalsera, pero no deja de ser un cocktail de gambas, plato ya rancio. Aunque estaba bueno.

El vino va mejorando: nos bebimos una botella de Côtes du Jura blanco (Domaine Buronfosse Les Ammonites 2014) , empieza a haber cositas.

La cocina es de restaurante de estrella michelin. Pena del peaje que hay que pagar.

Eso sí, noto que ya no es tan barato, aunque es verdad que nos fueron sacando platos alegremente sin que les parásemos. Estaba todo tan bueno...

Después de mi visita un poco decepcionante hace un par de años, hoy hemos recaído ahí casi de casualidad. La verdad es que no me gusta ir a un sitio a comer sin saber si será posible, y en Nakeima eso es un poco la norma. Afortunadamente estaba por la zona a la hora adecuada y nos hemos acercado a probar suerte.

Hemos encontrado una cocina bastante más definida y pulida, y la verdad es que hemos disfrutado. También es de agradecer la interesante oferta de buenos vinos por copas.
Muchos bocados ya han sido descritos con anterioridad así que no me extenderé

- Dimsum de cerdo: muy rico y goloso
- Siu Mai de papada: un poco dulzón pero rico
- Wonton de gambas: muy rico y jugoso el bicho
- Black bao: espectacular! para comerese 16
- Ensalada de callos: rico e interesante
- Euskonomiyaki: tortilla tipo taco con bacalao encebollado. Muy bueno también
- Ramen seco: plato más flojo que no nos dijo gran cosa
- Postre: pijama Nakeima. Versión del viejuno pijama con un delicioso helado de pandam

El menú nos lo hicieron a medida ya que mi acompañante está embarazada (nada de pescado no congelado previamente) y no come carne. Estas condiciones en un sitio de estos son un poco complicadas, pero los chicos de Nakeima salieron airosos.

Destacable que tengan Gravonia por copas y el Fino Collantes que no conocía y me pareció soberbio.

Volveré

Qué es Nakeima???

Un lugar donde se respira libertad, estilo libre y una gastronomía sin reglas. Un grupo de jóvenes capitaneados por Luis y Gonzalo que desde un perfil de outsiders fusionan nuestro producto con técnicas asiáticas, fundamentalmente japonesas. Asia en el pensamiento y España en el alma.

Como saben el germen fue lo más alternativo posible, un antiguo local de kebabs. Crecer desde esa posición, permite gestionar la inexistente presión y poder manejar un cierto perfil de “hacer lo que les da la gana” siempre que sea lo suficientemente bueno. De esta forma se llega a platos como el ochentero cocktail de gambas ó el pijama. Horteras, divertidos, sabrosos y refinados. Revisando con cierta clase la cocina más cercana a la época de Naranjito.

La transgresión se encuentra mucho más en los formas que en el fondo. El entorno, la cola, la espera, la lista, el llamar a cada comensal es parte de esa desobediencia juvenil que desaparece en el mismo momento que uno se lleva a la boca el bao relleno de rabo de toro, el dim sum de papada ibérica, el dumpling de txangurro o el tan imitado (Chang) bocadillo de panceta ibérica con pan chino y pepino. Alternativos sí, pero alma de guisanderos ibéricos y kimono japonés para disfrutar de la cocina de mayor temperatura. Línea clara de fusión asiático-ibérica para gozar.

Si uno se pone en sus manos, claramente hay una etapa del menú degustación que te elaboran dedicado a los nigiris. Nivel elevado por la soltura y liviandad del arroz junto con un buen producto y aderezos acertados. De un solo bocado, como deben ser, destacan por esa ligereza. El mercado y la despensa mandan, aunque suelen ser habituales los de gamba al ajillo, papada ibérica, atún. Esa noche se añadieron rodaballo con mantequilla al estragón y jargo (xargo). Verdaderamente indispensables. De los mejores de la capital.

Además siguiendo esa estela nipona, se probó un extraordinario mochi de cangrejo, tanto por sabor como por textura y un profundo wanton de gambas. Bocados que te hacen olvidar donde uno se encuentra verdaderamente.

Menos acertado me pareció el gunkan de ensaladilla y erizos. Complejo de degustar y con este marisco que personalmente creo que ya está fuera de temporada.

Los platos principales comenzaron por unos callos, a modo de ensalada. Acompañados de cebolla francesa al horno, tomates escaldados, vinagreta de chorizo, curry rojo y alioli de jengibre. Libertad y riesgo. Equilibrando la frescura y la potencia.

Seguirían con una okonomiyaki con pulpo, lechuga de mar, codium (en su interior) y por encima katsobushi y una salsa de pulpo. Técnica para hacernos llegar una tortilla consistente y marinera.

Y después, el ramen seco con confit de pato con puntos salinos de alga nori y bonito seco, huevo, shitake encurtido, huevo, sichimi. Más arriesgado. De aquí y de allí. Fusión inteligente. Meloso, especiado, sin ser potente pero con matices.

Una gran demostración de querer es poder y de ganas por mejorar de forma constante Kastor_Nakeimareside en el aspecto vinícola. Dejen que Ignacio les dé de beber y les acompañará en el menú yendo de menos a más en cuanto a potencia y realizando guiños divertidos si es necesario como ese champagne rose en el cocktail de gambas. Copa a copa se sentirán enganchados y comenzará a despertar esa ansiedad infantil que les cuestionará cómo será la siguiente combinación. Se disfrutó de Ad Libitum Rioja (Maturana blanca), Agas Do Tempo( Godello y Treixadura), Les Rocher des Violettes (Loira Chenin Blanc), Chapagne Michel Gonet ( Pinot Noir), Fossil (Arinto- Lisboa), Manzanilla Goya, Amontillado Fossi (Chiclana), Viña Gravonia 06, A Torna dos Pasas (Brancelao , Caiño tinto), Le Fleur de Erables (Chenin dulce, Loira)


Aires de independencia, de espontaneidad, de sinceridad y osadía. Podrían buscar otras formas, otro escenario, otra metodología de reservas pero probablemente Nakeima no sería lo mismo. No me importan los códigos cuando la cocina funciona, cuando se agrada al paladar. Todo lo demás es menos relevante, pero en este caso los “Nakeima boys” manejan una simpatía natural sin alardes que se retroalimenta con la satisfacción de los que nos situamos a este lado de la barra.

Nakeima: De las mejores barras de Madrid.

Post completo http://www.complicidadgastronomica.es/2016/05/nakeimamayo2016/

Muchas ganas teníamos de visitar este bar y si no lo habíamos hecho antes era únicamente por su particular sistema de reservas, ya que solo admiten 20 personas por turno (el aforo de la barra y dos mesas altas) y no reservan previamente, así que hay que guardar cola antes de la hora a la que toman nota (13:30 en comidas, 20:30 en cenas) para asegurarse de estar entre los 20 elegidos. Nos acercamos un jueves santo a mediodía y acierto total, llegamos a las 13 horas, aparcamos enfrente y éramos los primeros de la cola. Nos toman nota y las 14 horas nos acoplamos en una esquina de la barra sobre los taburetes y… a disfrutar. Los propios cocineros nos sugieren la comanda y hacemos un recorrido por casi toda la carta.

Gunkan Uni (7,1€): maki gigante envuelto en la propia alga nori con el arroz por dentro y relleno con erizo. Bocado fresco y genial para comenzar.

Dim sum de setas (3,8€) y Sui mai de papada (3€): serie de dobles dim sum, que destacan por la delicadeza de la pasta y el marcado sabor del relleno, simplemente adictivos.

Bao de ternera y pimientos (7,6€): los ya conocidos pan bao pero realmente deliciosos por lo jugosos que resultan y su potente sabor.

Wonton de gambas (3,7€): una especie de dim sum pero fritos, crujientes y con toda la frescura de una muy buena gamba de relleno.

Makis de lechal (6,5€): 6 makis sencillamente geniales por ejecución y sabor, con una curiosa presentación coronados por una rama de romero prendida.

Nigiri ibérico (5,7€), nigiri gambas ajillo (5,4€), nigiri xargo (6,3€): dos unidades de cada y ojo con los nigiris, producto sensacional y punto del arroz perfecto. De los mejores que hemos probado, para hacer un monográfico.

Ramen seco (7,8€): los clásicos “noodles” ligados con yema de huevo y un sinfín de ingredientes como el bonito seco, algas, setas… que van añadiendo delante de ti y que constituyen un plato lleno de sabores y sensaciones, para repetir.

Chipirones al wok (6,9€): finalizamos con este riquísimo plato basado en unos chipirones troceados y salteados al wok con verduras, un plato que resume el estilo de este bar, explosión de sabores y mucha frescura.

Nigiri de queso de arzúa y membrillo: de postre nos prepararon estos nigiris con el suave queso gallego y lámina de membrillo y la verdad que estaban deliciosos y sumamente originales, siempre nos gusta terminar con algo dulce.

Cocina llena de sabor y con imaginación, obviamente basada en recetas del mundo oriental pero con ingredientes cercanos y con una calidad de producto muy destacable, todo fresco y preparado en el momento, por lo que los tempos no son muy rápidos pero tampoco nos importa, aquí hay que venir sin prisas y a dejarse llevar, como hemos comentado solo dan un turno de comidas que obviamente puede alargarse.

Pero como bien saben, para nosotros sin vino no hay paraíso y nos encontramos con una oferta bastante bien diseñada, con vinos de distintas clases y sumamente originales, con posibilidad de copa y/o botella para casi todos ellos, con lo cual experimentar con nuestros propios maridajes es posible. Comenzamos con dos copas de la siempre excepcional Manzanilla Barbiana de Delgado Zuleta (3,5€) para los dim-sum, otras dos de Dr. Loosen Riesling 2013 (3,7€) para makis y nigiris, dos más de Amontillado Fino Fossi de Primitivo Collantes (4€) para los platos fuertes y terminamos con dos más del Sablonnettes Fleur de Erable 2012 (4,6€), un delicioso Coteaux du Layon para el postre. Copas correctas y bien llenadas, como debe ser. La chica que nos atendió realmente simpática, estuvimos muy a gusto, la verdad.

Pues hay que reconocer que las expectativas que teníamos con Nakeima se vieron incluso superadas con creces, cocina de muy alto nivel con elaboraciones muy cuidadas y llenas de sabor, una oferta de vinos bastante bien enfocada tanto por calidad y originalidad y un personal ameno y que conoce perfectamente su trabajo dan como resultado una de las barras más auténticas y rompedoras de Madrid en la actualidad, además no nos pareció nada caro porque tomando casi toda la carta y sin escatimar en vino nos fuimos a algo menos de 50€ por persona. A pesar del engorro de las colas sin duda que volveremos, en este bar hay magia, sorpresas y sabor.

  • Chipirones al wok

  • Ramen seco

  • Niguiris

  • Sui mai de papada

  • Dim sum de setas

  • Gunkan Uni

Llevaba tiempo queriendo ir a Nakeima. El poco sitio disponible y la imposibilidad de hacer reserva, hace muy difícil ir en fin de semana, así que nos presentamos allí un jueves a las 14:00 ... y hubo suerte.

El local es un antro. Oscuro, feo... Sólo hay dos mesas y el resto son sillas alrededor de una barra. Música horrible, pero parece que es la moda ahora (no sé donde está la gracia de poner chunga chunga en un restaurante).

Nos preguntan que queremos comer. Decidimos ponernos en sus manos. Pleno acierto. Empiezan a salir todo tipo de platos y a buen ritmo. Muchos se terminan en la propia barra. Empiezan con Dim-sus, niguiris , makis (de cordero lechal!), todos ellos espectaculares, pero destacaría los platos finales, un bao de lengua de ternera sublime, unos callos "thao" impresionantes y una especie de noodles con distintos ingredientes (me los tendría que haber apuntado) para repetir y repetir. Todos los platos de un altísimo nivel. Ninguno deja indiferente. Un auténtico homenaje (no dejamos hueco para el postre).

No pedimos vino, pero vi que tenían una selección bastante apañada y opciones de tomarlo por copas, lo que es un acierto con este tipo de comidas. El servicio joven y muy amable.

Les falta local, pero la comida es increíble, fuera de serie. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto.

Ante la imposibilidad e incertidumbre de acudir a NAKEIMA el fin de semana, y cuando por fin mis compromisos profesionales me lo han permitido, acudí un miércoles a las 13:00 horas a la calle Meléndez Valdés para encabezar la fila de 6-7 personas que finalmente disfrutamos del servicio de comidas del sorprendente y por varios motivos único NAKEIMA.

Como bien es conocido, la decoración corresponde a la estructura de una cafetería de los años 60-70, reconozco que no me desagrada y que incluso tiene cierto encanto, aunque indudablemente hay cierta dejadez tras más de un año de apertura (e incuestionable éxito). Sonido de fondo moderno sin necesidad de convertir el local en una discoteca al estilo StreetXO (por volumen).

Constante atención del equipo del NAKEIMA, muy joven y siempre dispuesto a colaborar con cada cliente. Son los responsables de la elección de platos, una vez que la inexistencia de un menú degustación o de un sinfín de propuestas no permite saber lo adecuado o no de las elecciones, el único “pero”.

Desgraciadamente, por el tiempo transcurrido he perdido las notas de cada uno de los platos degustados, gracias a los comentarios de Lorden y a las fotos realizadas, mantengo un recuerdo fabuloso de los inigualables de los dumplings (todos ellos con salsas increíbles que mejoran el ya extraordinario producto y técnica), muy buenos los niguiris (ibérico, papada y gamba al ajillo), asombrosa la medusa marinera, así como el resto de propuestas degustadas (Oreja y kimchi, etc…).

Sorprendente servicio de vino, no por la atención al mismo, sino por la nada habitual composición de las propuestas. Facilidad de acceso a servicio por copas, con un recuerdo superior de un Ribeiro “tinto”.

Conclusión: Más de un mes después, me sigo preguntando quién, qué o de donde viene el formato que ofrece NAKEIMA. Lo considero una experiencia sobresaliente y de visita obligada. Pero OJO, algo estamos haciendo mal porque este formato ya habría muerto de éxito en Londres, no entiendo como nadie no apuesta incondicionalmente por NAKEIMA.

Experiencia con luces y sombras en NAKEIMA, sitio que teníamos pendiente desde hace tiempo, pues siempre nos echaba para atrás el hecho de no poder reservar, tener que hacer la cola y demás parafernalia.

Nos pasamos un festivo a las 20:45, preguntamos y había sitio, así que les dijimos que nos apuntaran. A las 21:00 pasaron lista y “pa dentro”. Únicamente dan servicio a los 20 afortunados que se apuntan en la lista y tienen “derecho” a banqueta y hueco en la barra o en las dos mesitas altas que existen. Te van colocando (de mejor a peor sitio) por orden de aparición. Como se ha comentado ampliamente el sitio es un bareto de toda la vida, al que le han dado un lavado de cara, unas luces de flexo, una mano de pintura y a correr.

Los mejores puestos son los más cercanos a la cocina, pues se puede ver mejor el espectáculo de los cocineros trabajando. Si no has estado nunca, lo mejor es dejarse aconsejar, porque la oferta es muy variada y abruma un poco, la verdad es que no sabes qué pedir. Nosotros nos pusimos en manos del cocinero que nos tomó nota y que, tras un aperitivo de una rica ensalada de tofú, nos puso:

- Rollito de primavera. Bien crujiente y perfecto de fritura.
- Dos “dim sum” (vienen dos unidades), unos de papada ibérica y otros de lamprea a la bordelesa. Ambos de sobresaliente, mejor el de lamprea.
- Surtido de “niguiris”: de gambas al ajillo, de vieira, carnívoro e ibérico. Hechos en el acto, con el arroz todavía templado y con un golpe de soplete. Todos muy buenos.
- Dos “baos” de pollo con carabineros. Nos contaron que la masa la hacen ellos y que lleva doble fermentación. La verdad es que fue lo mejor de la comida. Una locura de sabor, para comerse una docena.
- Un “yakitori” de pollo macerado. Bueno, pero menos sorprendente.
- Medusa a la marinera. Textura melosa, parecida a los callos de bacalao, con un fuerte sabor a mar. Aquí no hubo unanimidad, a mí me gustó mucho, pero a mi acompañante no le gustó nada.
- Oreja y kimchi. Presentado en un bol, con dos orejas de cochinillo confitadas que hacen de cuchara para comer la salsa y la col fermentada. Rico aunque muy picante.
- Terminamos la parte salada con dos “temakis” de atún a mayores, que nos ofrecieron y no fuimos capaces de rechazar.
- De postre un helado de cereza artesano a compartir, muy poco dulce, con un sabor muy plano, no nos dijo mucho.

Para beber un Ribeiro llamado Versatus, de uva Treixadura y Torrontés, muy agradable y fácil de beber, que maridó estupendamente con la comanda. Servicio muy atento, explicando los platos y pendiente del cliente. Y es que, entre cocineros y camareros, tocan a dos comensales por persona. Manteles de celulosa y servilletas de papel. Música en plan bar de copas.

Pagamos por todo 96,70 €. Una relación calidad-precio que consideramos regular, no por la comida pues la cocina es excelente y bordan todos los platos, sino por el local, que nos pareció de lo más incómodo y no nos gustó nada, factor que también influye en el disfrute.

  • Medusa

  • Oreja de cerdo y kimchi

  • Baos

Hace más de un año en Diciembre de 2013, escribí mi primer post sobre Nakeima con el título de “Futuro Prometedor”. Llegó la consolidación. Se formaron las colas. Veinte comensales por turno. No había vuelto a visitar el local. Las esperas, la escasez de tiempo, la incertidumbre de si podrás entrar ó no. Incomodidad democrática. Te podrá gustar ó no, pero las reglas son las mismas para todos.

De las denominadas barras callejeras, esta es la más verdadera y creíble. Se come lo que hay, sin carta. El entorno carece de importancia. No hay reservas, come el que se pone en la cola. La localización no es adecuada, fuera de cualquier calle de paso ó de alguna agrupación de locales gastro en grandes almacenes ó mercados.

El bullicio comienza con la ostra con huevas de bacalao picantes. De bocado, manteniendo el sabor del molusco a excepción de un punto picante que aparece al final. Curiosa la textura de las huevas, de volumen casi inapreciable. Naturalidad punzante.

Seguimos con dos dumplings, uno de txangurro con cortezas caseras y otro de papada ibérica. De nivel ambos, sobre todo el primero que destaca por un gusto concentrado a mar que se acompaña con los toques ahumados y crujientes del cerdo. En el bocado del buey de mar, se perciben las mismas impresiones de que en esta barra se guisa.

A continuación un bocado sugerente a la vista, el black bao ennegrecido con tinta de calamar y relleno de un guiso de sepia encebollada que se acompaña de una salsa de ajo negro. Muy sabroso, en ese punto del condumio donde la sepia es pura textura predominando el ajo negro, la cebolla, el cilantro y ese sabor a tinta del bao. Para comernos una docena. Mezclando la tradición con las tendencias culinarias internacionales del foro; actualizando costumbres.

Damos paso a los nigiris. En principio una primera tanda, que incluyen salmonete con mango thai, sargo con fruta de la pasión y soja ahumada y papada ibérica con una picadita de cebolla, tomate y cilantro. A destacar salmonete por su gran corte y ese matiz de dulzor y picante. El más plano en principio el de papada ibérica, pero la llama hace que la grasa se funda y a que tragón no le gusta eso.

Segundo grupo que viene conformado por uno de sepia con alioli, otro de gamba al ajillo y un plato en pruebas, que nos dieron a probar en forma de nigiri, foie escabechado. Clasicismo de tapeo marino de cara a esa nacionalización del nigiri. El arroz como soporte la tapa. Sobre el hígado al escabeche, aparecen notas ácidas y amargas que suavizan la contundencia resultando en un verdadero acierto.

Nos adentramos en terrenos de mayor pujanza con la medusa con tartar de vieira, huevas de salmón, algas kombu y nori. EL protagonismo está en un fondo de pescado de elevada categoría y melosa densidad. De la medusa se percibe su textura, las algas incrementando la potencia del guiso, mientas que la vieira y sobre todo las huevas de salmón aportan explosiones de frescor. Gran equilibrio marino. Un plato de cuchara moderno pero a la vez clásico. La espera compensa.

Para finalizar con fuerza, nada mejor que el tuétano con reducción de anguila, piparras, setas, y gelatina de jalapeño encurtido. La anguila potencia el umami que para mí el tuétano posee, mientras que piparras y esa gelatina colaboran con toques amargos y ligeramente picantes que llegan a refrescar. Gestos que marcan hasta donde se quiere llegar, detalles que hacen un plato más grande rodeándolo de contrastes y diversas sensaciones en boca. Como mejora, otorgar al hueso de caña más calor en la parte superior.

En el apartado “dulce”, que no lo es tanto, comenzamos con el nigiri de queso con membrillo. En este caso, es el arroz el que se sustituye por un queso fresco y moldeable de Arzua. Divertido.

Juego adivinatorio en el helado de oveja de leche negra. Sensaciones saladas, más cuando se absorbe nasalmente el aroma a romero. Complejo poder averiguar de qué se trata. Comienzan las pistas. Galleta de huitlacoche, pecorino rallado que aporta esa potencia salada, curada y un helado de trompetas de la muerte. Un postre chocante. Reflejo de cómo son los “Nakeima”.

La banda este mediodía estaba liderada por Roberto en los fogones e Ignacio en servicio y vinos. En este apartado cada vez más atención, pudiéndose maridar la comida con algunos blancos, champagnes y manzanillas.

Define la RAE el término punk como movimiento musical aparecido en Inglaterra a fines de la década de 1970, que surge con carácter de protesta juvenil y cuyos seguidores adoptan atuendos y comportamientos no convencionales. El planteamiento de Nakeima no es habitual en absoluto.

Como una banda punk que comienza, haciendo disfrutar en un garito modesto a un grupo pequeño de personas. Sin mayores deseos que el cocinar, divertirse y ganar unas perras. Algunas veces las bandas que comienzan como punkis se pasan al “mainstream”. No parece que vaya a ser el caso. Como comensal, me provocan cierto rejuvenecimiento sintiendo como una nueva generación plantea la culinaria de forma distinta, pero respetuosa con el buen fogón.

Nakeima: Punk culinario y disfrutón.

Post completo y fotos
http://www.complicidadgastronomica.es/?p=4763

Alegato final

Comienzo por el final, para ahorrar el trago de leerse toda mi prosa habitual a quien no le apetezca: Mola.

Si queda alguien en la sala, vamos allá con la prosa.

Tiene sus peculiaridades el lugar. Si vas pensando en algo canónico vete despejando el hipotálamo que te puede descolocar. Yo, como suelo ir con las manos en los bolsillos, tan bien me resulta una cosa como otra. Yo, a lo mio, que es disfrutar y eso, lo hice.

Comenzamos con el sistema de reserva. Pueeees no hay. Yo pasé por allí paseando algo más tarde de las 13.30, pedí mesa y me apuntaron. Y ya está, no hay más forma de reserva. A las 14.00 comienza el servicio y para los que están apuntados. Salen a la puerta donde esperas y van llamando; sí, en plan Seguridad Social, y entras. Si queda sitio libre, pues supongo que podrás ponerte a comer, pero si se llena con ese peculiar sistema, pues ya está. No se doblan turnos. Y por turno sólo 20-22 personas. Chimpún.

Barra (con taburetes) en la que nos sentamos el grueso de los comensales y un par más de mesas. Al fondo la pequeña cocina, de la que de cuando en vez ves surgir una llamarada wokiana.

El servicio es amable, cercano sin llegar a ser de ese extraño fenotipo de "palmada en la espalda". Esa actitud de cercanía por su parte, unida a un ritmo de servicio relajado, suave quizá, transmite una tranquilidad a la hora de disfrutar que a mi, al menos, me resultó muy agradable. Además de que al tener continuamente a quienes preparan y montan los platos tan cerca te solventa cualquier duda no sólo del plato si no de cómo hacer alguna cuestión (hubo un momento "apertura de huevos de codorniz para muchos comensales de lo más didáctico" ;-) )

Otra peculiaridad. Como la cocina es pequeña es preferible que pidas todo lo que vas a comer desde el principio, de modo que ordenen las comandas en grupos. Esto es, no empieces a hacerte componendas en el orden de servicio porque les rompes la forma de servirlos y esto llevaría a demasiado retraso. Esto no significa que si quieres comer algo más no lo pidas. No te van a poner problema, pero es posible que tengas que esperar un rato más de lo que ellos también quisieran.
Bien, cuando ya están los comensales acomodados comienza el servicio preguntando qué quieres beber y te cuéntan qué hay para comer, ya que también te indican que tampoco te fijes mucho en lo que aparece en la pizarra, porque esto varía bastante.

Vamos con lo comido. En general, muy bien, una comida sin altibajos y que en términos generales me hizo salir con una sonrisa. Un rollito muy elegante y ligero. Siu mai de papada para comer de un bocado (y por decenas). Los niguiris bien; el de carne me resulta una curiosidad y un punto por encima de los demás me resultó el de sepia con all i oli de jengibre.

Hay un par de platos que siempre que puedo los pruebo. No es que pierda la cabeza por ellos, porque realmente no la pierdo por ningún alimento, pero ya son para mi una suerte del croqueta-tortilla. Ya sabéis, si en algún lugar hacen bien las croquetas y la tortilla de patatas, lo demás dificilmente lo harán mal. Para mi son el tataki de pez limón y las mollejas. En el caso del pez muy bien resuelto. Bien de punto y un exterior de sabor ahumado bien agradable. También muy agradable la molleja en su conjunto. Con un buen contraste entre el arroz, la molleja y el katsuobushi.

Vamos con lo bebido. Como en el caso de la comida, carta no hay, pero igualmente te cuentan qué tienen. Tienen vino por copas, tanto tinto como blanco. Dado el tipo de comida y la época en la que estamos voy directamente al blanco. Ese día había por copas Leirana, Dr. Loosen y Guímaro. Opté por Leirana y Guímaro ya que el básico de Dr. Loosen como que no me va. El servicio nuévamente muy amable y agradable, la temperatura bien y las copas solventes. Pero ¡ay el precio! ¡¡ ay, ay, ay, ay, el precio !! No sé, habrá muchas consideraciones y cada cual tendrá las suyas. Las mías son que la copa de Leirana a 4.4 y la de Guímaro a 3,9 están notablemente bien cobradas. Muy, muy, muy notablemente bien cobradas. Sigo sin comprender como echan las cuentas los restaurantes con esto del vino, la verdad.

En suma y lo dicho, muy bien. Salí con una sonrisa que es de lo que se trata (pese al precio del vino por copas).

La nota total quedó en 39,4 EUR

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