"Lubricaciones del Manifiesto Cambloriano", Pte. 3
"Lubricaciones del Manifiesto Cambloriano", Pte. 3
Llego a Santo Domingo, a mi semana mensual de tormentos, y me encuentro con que mi padre ha hecho una compra masiva de vino para una fiesta que tuvo que cancelar inesperadamente. Al lado de la puerta de nuestra bodega me encuentro cuatro cajas de El Coto de Rioja. Como es una bodega que hace vinos que generalmente me agradan, no veo mal el asunto hasta que me doy cuenta de que las cuatro cajas son de dos vinos solamente.
El Coto de Imaz, Reserva, Rioja 1997 es uno. Aromas tímidos de tabaco, caramelo, romero, mora y frambuesa. En boca la fruta se expresa limpia, pero débilmente. Poco material ahí. El otro vino es el básico ";El Coto,"; Crianza 1999. Bonita nariz de bizcocho recién salido del horno, mermelada de arándanos, tabaco, té verde y sándalo. En boca es vivaracho y afrutado. Pasa bien e invita a seguir bebiendo. Refrescante acidez y taninos carnosos. Buen largo, si bien un poquito simple de posgusto.
Luego de probar estos vinos tan masivamente adquiridos por mi querido padre, me dedico a ver lo que ha venido en las canastas navideñas enviadas por amigos y relaciones comerciales a casa en diciembre. Unos cuantos Valbuenas, unos cuantos ";Únicos,"; dos Gevreys pasteurizados de Louis Latour que no me interesan en lo absoluto. Opus One, que me interesa aún menos. Mouton 88 que debe sobrarle a alguien en bodega y nos lo ha descargado...
En fin, llego al pie de la pila y me encuentro un Fuentespina, Crianza, Ribera del Duero 1998,. Lo abro, a ver... Comienza con un potente pestazo a barrica, luego nueces, pasas, arándanos y jalea de frambuesas, seguido todo por una ola de chocolate. Limpia bastante al airearse, desapareciendo casi totalmente el barrilazo. En boca es de cuerpo medio. Algo de fruta, algo de especias. Pero es un vinito, corto e insignificante.
Por casualidad, en la misma pila anda un Bodegas parxet, ";Marqués de Alella,"; Clásico, Alella 2001. Bajo alcohol y pansa blanca, que es un nombre que no se oye o lee todos los días. Huele bien maduro, con manzana dorada, uvas, cáscara de limón y tiza. Amplio y afrutado en boca. Sencillo, pero sabroso, con acidez vibrante y excelente estructura.
A todas éstas, aparece por casualidad una botella más del Muga, Prado Enea Gran Reserva, Rioja 1994, un vino dle cual aún no habían encontado una botella satisfactoria. Ésta se acerca. Levemente animal de aromas, con bastante de barrica vieja (pero no en el sentido negativo), lavanda, arándanos, cereza y pimienta blanca. Medianito de cuerpo, pero se expresa mejor que en ocasiones anteriores. Buen largo, pero sin profundidad; acidez que recuerda a cerezas amargas y taninos suaves.
Hace años me encantaba el ";Glorioso"; de Bodegas Palacio. Recuerdo con un suspiro el entrañable crianza 1987, el reserva 1985, el gran reserva 1981, o el 1978... Hoy día, la bodega ha cambiado de administración y metodología. Pruebo el Glorioso, Crianza, Rioja 1998 y me asqueo. Una dictadura despiadada de roble nuevo en nariz y boca. El despotismo y la burrada del barril, reprimiendo brutalmente una frutilla (arándano seco, frambuesa) a la que le queda muy poco espíritu. Da lástima.
Un Enate, Tempranillo-Cabernet Sauvignon, Crianza, Somontano 1998 huele como si fuese un coctelito de jugo de uva Welch’s, extracto de vainilla y sudor de caballo. Un cadáver gordo en boca, muerto sin decoro.
Pensando que la mala racha debe acabar a toda costa, me abro un Muga, Reserva, rioja 1994. Sigue bello y potente, un vino con casta y verdadera elegancia, que apenas comienza su trayecto. Y pensar que las seis cajas que compré de esto me costaron menos de $140 cada una... Aromas de silla de montar, azahar, tabaco maduro, laurel, mora, frambuesa, cereza negra y tierra. Apretado en boca. Un vino musculosos, recio, con una estructura solidísima. Excleente fruta, que revela capa tras capa de sabor. Le falta una buena década de reposo en botella aún para comenzar a cantar ";como él sabe.";
Nos metemos mi padre y yo, en una tarde de trabajo, en un garito de la Zona Colonial de Santo Domingo. Somos prófugos del deber y hemos encontrado en el Bar Restaurant América una pierna de cordero decentita y el Contino, Crianza, Rioja 1998. Un vino que cais se pasa de compacto en este momento. Denso y sin deseos de mostrar mucho detalle. Pero se percibe buenísima sustancia y el tratamiento de madera es el justo. Hay buena acidez y taninos maduros. No lo juzgamos.
Seguimos el viejo y yo la tarde, con los móviles desconectados y sin llamar a la oficina ni por casualidad. Hablando de un bote que se quiere comprar para adoptar la pesca como hobby a sus 63... Viene un Bodegas Riojanas, ";Monte Real,"; Gran Reserva, Rioja 1994 que es un desorden de aromas de barrica vieja, ketchup, cáscara de ciruela, tabaco verde y oficina de veterinario. Magro en boca. Carente de encanto completamente. ¿Qué pasó con Monte Real, por todos los orishas? Esto sí que es un desencanto grandeeeeeee...