Finalmente: Una de

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    ManuelCamblor

    Finalmente: Una de

    Ayer domingo en la tarde, a raiz de un muy desagradable intercambio con Paco Higón, tomé la decisión de concluir mis participaciones en este foro y mis colaboraciones con Verema en general. Cancelé mi cuenta en el sitio inmediatamente después de mandar a la mierda al Sr. Higón, uno de los principales de Verema, a uqien nunca he conocido personalmente, pero que alega conocerme a mí “mejor de lo que imagino”.

    Lo de mandar a alguien al sitio preciso al que mandé al Sr, Higón no es una incursión en lenguaje especialmente colorido, la verdad. Si la palabra “mierda” es adecuada para García Márquez, Vargas Llosa y otros autores del canon latinoamericano, no veo por qué no deba utilizarla yo cuando me parece la más apropiada para transmitir un significado exacto.

    El Sr. Higón, mostrando su habitual “repartée”, inmediatamente aprovechó mi exabrupto para hacer referencia ica a “excelentes modales” de mi parte. Claro, tomando la mandada a la mierda de forma aislada, podría deducirse que un servidor, en efecto, adolece un poco en cuanto a “modales” se refiere. Pero es importante dejar bien claro que la mandada a la mierda en cuestión obedeció a un patrón de ocnducta muy objecionable (al menos para mí) por parte del Sr. Higón.

    Desde hace tiempo ya, el Sr. Higón ha insistido, cada vez que sostiene un diálogo conmigo, en imputarme todo tipo de rencillas, inquinas, odios, “tirrias” y malas intenciones de orden personal para con ciertos personajes célebres de la actualidad del vino. Vamos, que de sucederle algo malo a alguno de los antedichos personajes, la policía seguro que tocaría a mi puerta primero para cuestionarme como sospechoso, si leyeran y creyeran al Sr. Higón.

    Si bien tiendo a ser mordaz y burlón en muchos de mis comentarios y tengo severos desacuerdos con las formas de pensar (y a veces de obrar) de esos famosos individuos, todo queda en el plano ideológico. A gente como Robert M. Parker, Jr., el equipo editorial del Wine Spectator Michel Rolland, etc., no les conozco personalmente. No puedo basar en absolutamente nada un sentimiento u otro a nivel personal. He discutido en muchísimas ocasiones el trabajo que realizan y la influencia que tienen en el mundo del vino. A nivel puramente ideológico—reitero—me he colocado en el plano opuesto al de ellos, tal y como lo han hecho muchos individuos con mejores cualificaciones que yo para rebatirles. Pero jamás podría yo encontrar, al menos en mi presente situación, una justificación lógica para la “tirria” hacia esos personajes que el Sr. Higón me atribuye.

    En términos estrictamente legalistas, al acusarme de algo que es falso, el Sr. Higón ha incurrido en una calumnia. Yo, hasta ayer, no quería dar mucha importancia al asunto. Le pedía cordialmente que cesara en sus acusaciones e imputaciones respecto a mi persona, especificando una y otra vez que el patrón de pensamiento y conducta que pretendía asignarme no tenía nada que ver con mi realidad. Pero él hizo caso omiso a mis repetidas peticiones. Como uno de los responsables y/o moderadores de esta web, esta es la casa dle Sr. Higón, donde yo he sido hasta ahora un mero invitado (invitado por su socio, Juan Such, hace un par de años, a conocer Verema, un sitio cuya existencia desconocía, y a colaborar con él si lo creía apropiado). No sé por qué, pero me parece seña de los mismos “excelentes modales” que me adjudica el Sr. Higón a mí el hostigar a un invitado, un contertulio en lo que debe ser un debate intelectual amable, lanzando infundios acerca de su persona. Hasta un punto pude yo aguantar. Y vamos, lo que dije fue un petalito de rosa comparado con el resto de lo que me estaba pasando por la mente en el momento en que le escribí al Sr. Higón.

    En este punto usualmente surge alguno que me dice “¡Pero por Dios, Manuel, muestra un poquito más de snetido del humor!” y me asegura que Higón va en amistosa broma, “jugando un poco conmigo”, por así decirlo.

    Pero aún las más amistosas chanzas pueden convertirse en algo desagradable si se repiten mucho. Y másaún si el ostensible objeto de las bromas no puede encontrar nada de hilarante en ellas. Vamos, que si iba en broma la cosa, mi “bueno, para ya con el jueguito” debiera haber bastado, entre caballeros, para que pasáramos del asunto y nos dedicáramos a otros menesteres.

    (Conclusion en el mensaje siguiente)

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