De nuestra "cultura" y el mundo corporativo...

9 respuestas
    #1
    MCamblor

    De nuestra "cultura" y el mundo corporativo...

    http://www.internetdj.com/article.php?storyid=653

    Este escándalo recién comienza a hacer olas acá en EEUU. La industira de la música se ve ante un momento muy feo, en el que se revelan los pecados de gigantes corporativos que creían poder actuar con impunidad en virtud de su propio poder.

    Otra interesante perspectiva del asco en cuestión y la bancarrota moral e intelectual que conlleva es ésta:

    http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2005/07/28/AR2005072801789.html.

    Me da curosidad si alguno de ustedes ve en este sórdido affaire algún paralelismo notable con la actual industria del vino...

    No emito ningún juicio ni voy a implicar a nadie. Solamente abro el tema a discusión.

    M.

    #3
    Iñaki Blasco
    en respuesta a MCamblor

    Re: De nuestra

    Ver mensaje de MCamblor

    No sé por qué no me ha sonado nada extraña toda la historia sobre la música en las emisoras de radio. Sólo hay que ponerla aquí en España y escuchar...

    La transposición al mundo del vino... no se antoja imposible, pero tampoco fácil (sólo alguien con mucho poder mediático...) o incluso probable. Digamos que no jugaré a las adivinanzas en esta cuestión.

    #4
    JA_Dianes
    en respuesta a MCamblor

    Re: De imposible a improbale

    Ver mensaje de MCamblor

    Definitivamente, como dice Iñaki, es injusto jugar a las adivinanzas a la hora de trasladar un tema escabroso como este que ha tenido lugar en el ámbito musical al mundo del vino. Yo no tengo pruebas de ello y no seria justo lanzar acusaciones infundadas.

    Sin embargo, partiendo de la noticia a la que has hecho referencia podríamos reflexionar acerca de las similitudes de este tipo de mercados, así como la posibilidad de que fenómenos similares se repitan.

    Partimos del hecho de que, en esta sociedad de mercado, a todos se nos supone una libertad de elección y una capacidad para opinar. De hecho se encuentra entre nuestros derechos. Sin embargo resulta que, ya sea por falta de conocimientos, de sensatez o de voluntad, esa capacidad está ausente o bastante diezmada en la gran mayoría de nosotros. Eso cuando los diferentes medios de difusión no se han encargado de atrofiárnosla. Es algo así como el derecho a votar, si se me permite la delicada analogía.

    Los diferentes productores de ‘cultura consumible’ son bastante conscientes de esto, y para dar la fluidez que necesita el marcado (sobre todo su mercado), que no olvidemos sostiene nuestras vidas hoy por hoy, han de encargarse de forjar esa opinión, de dirigirla hacia el lugar que desean.

    Ahí creo yo que entra la figura del crítico y de la publicidad en general. Y no se trata sólo de aconsejar, sino que la feroz batalla por la cuota de mercado a entrado a forjar esa opinión inexistente en la mayoría de consumidores, crear necesidades y deseos inexistentes, hacernos casi saborear y adorar productos que jamás hemos consumido. Así luego, cuando probamos o escuchamos algo estamos tan predispuestos al disfrute que nos aferramos a ello como una parte de nosotros mismos, pues es nuestra opinión, que nos define como personas (y mira que se hace hincapié en la diferenciación del yo en la publicidad de hoy día, a pesar de la contradicción). Por supuesto todo esto es más sencillo si el producto es sencillo y fácil de digerir cual papilla.

    Supongo entonces que existirá, dentro de la legalidad obviamente, un mercado entre productores y forjadores de opinión, al igual que existe un mercado de publicidad muy legítimo.

    Lo malo de esto es que está cubierto de una capa de falsedades y hipocresía, pero recordemos que eso es algo que a día de hoy está bastante permitido en la sociedad. Para observar pruebas de esto remito al hipotético lector a la TV, omnipresente hoy día.

    Creo que el deber de todo buen aficionado es estar por encima de este fenómeno, aunque a algunos se nos antoja muy difícil. Para ello hay que hacer un enorme ejercicio de humildad y voluntad.

    Aunque igual todo esto son cosas mías, que me estoy volviendo un poco paranoico.

    Y bueno, por ahora es lo que se me ocurre. Otro día podemos hablar del contubernio judeomasónico y del sentido lacaniano de todo esto.

    Saludos.
    Jose Ángel.

    #5
    MCamblor
    en respuesta a Iñaki Blasco

    Ni por un instante...

    Ver mensaje de Iñaki Blasco

    Ni por un instante pretender7a yo que nadie se pusiera a hacer acusaciones contra nadie. En realidad mi pregunta va más bien por los derroteros del análisis sociocultural de neustro momento histórico, con las industrias de la música y del vino--y sus maneras de ";mover producto";--como ejemploa. No me leerás sugiriendo conducta ilegal de ningún particular y no espero que nadie haga aquí semejante cosa. Pero creo que tanto en los patrones de oferta, como en los patrones de ";demanda"; (las comillas no son accidentales, lee mi respuesta a José Angel, debajo, para más la respecto) y consumo, hay similaridades no solamente entre la música y el vino, sino entre una infinidad de industrias dominadas por una icerta mentalidad corporativa.

    M.

    #6
    MCamblor
    en respuesta a JA_Dianes

    La cuestión no es que seas...

    Ver mensaje de JA_Dianes

    Como decía el malo en una de las más magistrales (y poco reconocidas) pelis de acción de Kathryn Bigelow, Strange Days: ";No es que seas paranoico. Es que seas lo suficientemente paranoico...";}:-)

    Gracias por pillarme bien la onda, José Angel. Menudo lío nos buscábamos y menuda porquería inútil creábamos si convertíamos la otencial discusión de este hilo en un ";J’accuse..."; de particulares o empresas. Allá los locos que se pongan en ésas. Pero creo que estamos de acuerdo en que un poco de examen de nuestra cultura (y a la vez un poco de autoexamen como miembros de la misma) no vendría nada mal.

    Lo que más me ha llamado la atención del escándalo de Sony es que el fiscal general e Nueva York, en sus concusiones, lo primero que declara es que las disqueras han tratado de manipular las ";listas de éxitos"; para influir sobre las ventas.

    Eso me ha hecho pensar en la importancia que tienen esas ";listas de éxitos"; sobre el mercado. Al fin y al cabo, son escalas numéricas que funcionan mal que bien análogamente a las puntuaciones que se le meten hoy día a los vinos, si bien supuestamente ";miden"; distintos parámetros (la ";Hot 100"; mide el supuesto nivel de rotación de un idsco en la radio, o las ventas en las tiendas; los puntos del vino pretenden declarar un ";mejor"; en términos dizque cualitativos). Al final, es cuestión deimpartir un cierto ";prestigio"; a un producto y hacerlo más deseable al público, pues si al crítico X le gusta el vio Z, tiene que ser bueno y, como creo que va el título de los ";Grandes éxitos"; de Bon Jovi (¡AAAAAARRRRGGGGHHHH!!!), ";10,000,000 de fans no pueden estar equivocados";. Al final, esas valoraciones numéricas y esos ";rankings"; para lo que sirven es para orientarnos en el consumo en base a la opinión del prójimo, no la nuestra propia.

    En el escándalo de la payola, estamos hablando de ";listas de éxitos"; tergiversadas, que en realidad no reflejan los gustos del público, o lo que el público quiere y pide, sino aquello que las disqueras respaldan y por lo que pagan. Una fuerza corporativa mayor crea una ";demanda"; ficticia. Y en muchos casos, lso consumidores tragan sin preguntar. No sé por qué ese fenómeno me hace pensar en el mercado actual del vino, donde ciertos estilos de vino son las ";niñas lindas"; de los ";creadores de opinión"; y, por ello, se ven constantemente proclamados como ";lo mejor";, a detrimento de vinos que quizás no sean ni ";mejores"; ni ";peores";, sólo diferentes.

    Que conste, no estoy diciendo que esas ";niñas lindas"; de los ";creadores de opinión"; al final carezcan de mérito. Eso lo dejo a cada uno de ustedes. Porque lo importante es cuestionar en base a aquello que a uno de verdad le gusta, lo que uno, como consumidor, quiere consumir.

    En este complejísimo tema, otra cosa que resalta es como las disqueras también se las arreglaron para afectar la presentación de sus artistas en las tiendas de discos. Negociaban por espacio prominente para los productos musicales que querían mover. Y los que no tuvieran el respaldo poderoso de un monstruo corporativo capaz de realizar una negociación para conseguirles el buen puesto y cerciorarse de que la gente en verdad los viera, pues, ajo y agua.

    Vivimos en tiempos de mercados sobresaturados y propuestas frenéticas. Para competir contra los productos avalados por las grandes estructuras corporativas (digamos que tanto en la música como en el vino hay sus Britneys, sus J.Los, sus Celines, y sus artistas independientes que, por más talento y dedicación que tengan, al no tener un gran respaldo corporativo, han de resignarse a tocar en bares de mala muerte y a ser descubiertos solamente por los aventureros individuos que a esos sitios lleguen...), un artista o un productor de vinos tiene que tener la capacidad de hacer muchísimo ruido, si es que percibido quiere ser por más de uno o dos gatos de oído finísimo.

    La ";libertad"; del ";mercado libre"; actual resulta algo dudosa si uno la ve desde este ángulo, ¿no?

    Pero me callo ahora. En mi experiencia es mejor dar la comidilla para el pensamiento en dosis no muy grandes. Luego continuaré, según vayan ustedes reaccionando.

    M.

    #7
    Iñaki Blasco
    en respuesta a MCamblor

    No esperaba de tí

    Ver mensaje de MCamblor

    ... una retahíla de acusaciones contra nadie, claro que no, pero como a veces este foro sigue unos derroteros caprichosos, prefería que el asunto quedara claro desde el principio no fuera que me hubiera tocado estar de guardia delante de la pantalla del ordenador todo el día.
    Siguiendo con la cuestión que nos ocupa, me considero lo suficientemente paranoico para esperarme cualquier cosa en cualquier instancia. Creo yo de todas formas que el público que mueven las listas de éxitos musicales es más influenciable, más joven, que el que puedan mover las listas de los vinos ";tops"; ¿no?. O al menos en cuestión de vinos te engañan una vez, pero no más. De todas maneras no estoy convencido de la veracidad de mi afirmación.
    Lo que sí es un hecho es que en estos momentos de la historia donde lo que no falta es ";publicidad"; sí que falta verdadera ";información";. Y estoy pensando, por ejemplo, en los estrenos de las superproducciones de Hollywood, que constituyen hasta ¿noticias? en los informativos de todas las cadenas de televisión, y portadas en todos los semanales de periódicos ¿serios?. ¿Es un verdadero interés por informar de cine?

    #8
    MCamblor
    en respuesta a Iñaki Blasco

    Las listas...

    Ver mensaje de Iñaki Blasco

    El problema es que todo el revelo alrededor de las disqueras revela que las listas en realidad no las ";mueven"; los jóvenes ingenuos comprando disquitos de J.Lo o Britney. O por lo menos que en ";moverlas"; son ampliamente asistidos por el billetaje que echan las disqueras en payola para cerciorarse de que su producto tenga lugar privilegiado en la lista.

    No sé por qué pienso en ciertas revistas de vino, que no cubrirían ciertas regiones o ciertos productores jamás, aunque tengan estas regiones o productores una leal fanaticada y hagan vinos verdaderamente fascinantes. ¿Por qué no lso cubren? ¿Tendrá que ver en algo con que esos productores y regiones puedan ser poco beneficiosos en términos económicos (o de mero ";glamour"; para esos ";medios informativos";?

    No puede uno aseverar nada, pero debe abrirse a toda la posibilidad...

    Estamos completamente de acuerdo en lo de la suplantación de la información hoy día por publicidad e la más venal y vulgar. Mis invitaciones a la reflexión en este hilo tienen muchísimo que ver con un odio acérrimo a ese fenómeno y un deseo de que no traguemos tan fácil lo que nos echan.

    M.

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