Re: Vino, sexo y literatura
Ver mensaje de Jose ContrerasPersonalmente me decanto por dos grandes libros, aunque el sexo no aparece de una forma explicita, es mas bien erotismo fino y elegante.
El primero es el Rubaiyat, de Omar Khayyam, astrónomo, matemático, filósofo y poeta persa, nacido hacia el año 1045. Casi todos sus poemas hablan del vino y de las mujeres, curioso siendo un autor musulman.
“Cuando a los pies me vea de la muerte y se corte el hilo de mi vida, con mis cenizas quiero que se fabrique un jarro. Quién sabe si al llenarlo de vino hasta los bordes, renaceré a la vida”.
“Un bello rostro junto a la florida orilla. Rosas y vino. De estas delicias gozar quiero. Desde que nací, ahora y hasta el último día de mi vida, he bebido, bebo y beberé vino”.
“No dudes en beber y en gozar del amor. Tendrás tarde o temprano que dormir bajo tierra sin mujeres ni amigos. No digas esto a nadie: la amapola marchita no florece de nuevo”.
“Oigo decir que los amantes del vino se condenarán. No hay verdades, pero hay mentiras evidentes. Si los amantes del vino y del amor van al Infierno, el Paraíso debe de estar vacío”.
“¡Vino!,¡mi corazón enfermo quiere este remedio!, ¡Vino, para apagar el incendio de mi tristeza!, ¡Vino, y tu laúd de cuerdas de seda, amada mía!
El segundo libro es mas universal todavia, se trata del Cantar de los Cantares del rey Salomon, incluido en La Biblia, vino y erotismo a raudales.
CANTAR 7
1 ¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros?
2 ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.
3 Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado.
4 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela.
5 Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco.
6 Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso!
7 ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias!
8 Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.
9 Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas,
10 tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan.
11 Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.
12 ¡Oh, ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las aldeas.
13 De mañana iremos a las viñas; veremos si la vid está en cierne, si las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí te entregaré el don de mis amores.
14 Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti.