¿Es J.L. Mateo el mejor viñerón de España?
Resumir lo que José Luis Mateo significa para el vino en Galicia en tan solo un post es una tarea compleja. Para mucho el Viñerón gallego en mayúsculas, cuyo trabajo se asienta en la cúspide de una pirámide imaginaria de calidad que posiciona los vinos gallegos en el Olimpo viticultural a nivel mundial.
Hecho que no deja de ser paradójico. No por su trabajo, sino por donde está asentado. Un lobo solitario — no como persona, sino como elaborador — en una tierra histórica, prácticamente desierta de proyectos que miren al Origen, como el suyo:
Monterrei
Una realidad distinta a lo que entendemos por Galicia. Monterrei es una zona interior al sur de Galicia, justo en la frontera con Portugal. Se asienta en el valle al que da vida el río Támega, que lo atraviesa de norte a sur para ir a morir al Douro, en lugar de hacerlo en las cuencas del Sil y del Miño, casi como dictando que su naturaleza no está en Galicia, siendo más afín con el ADN de sus vecinos.
Atrás queda el vergel verde que todos tenemos en la mente cuando pensamos en Galicia, para dar paso a un paisaje rojizo de interior, menos frondoso. Una olla a presión encajonada entre laderas montañosas que consiguen que esta región sea el punto más caliente de Galicia donde dedicarse a la viticultura. Una tierra famosa porque de ella emanan aguas minerales. De echo, empresas como Sousas, Fontenova y Cabreiroá se asientan en la zona.
Tradicionalmente, si consideramos el castillo de Monterrei como el punto central que observa parsimoniosamente el devenir de la región, los viñedos históricos estaban la parte noreste del Valle y en su zona suroeste. Sin embargo, desde la llegada de los grandes grupos bodegueros, la frontera de la viticultura tradicional se ha difuminado bastante.
Quizá sea por esa colonización por la que Monterrei vive en una travesía algo confusa por el desierto donde parece que prima más el sumarse a la moda, que apostar por la tradición. No hay nada más que ver donde pone los esfuerzos la D.O. a la hora de lanzar sus campañas publicitarias. Hay que dejar claro que lo nuestro es la Godello de Monterrei, o eso parecen querer indicar. Cuando la Godello, no es tradicional a Monterrei.
Tirando de hemerotecas me hace gracia ver como, desde hace unos 3 años, se insiste en la idea de que Monterrei es tierra de Godello; mientras que, allá por el 2003/2004 (poco después de haberse creado la D.O.) se hablaba de que en Monterrei se encontraban variedades como la Verdello, la Monstruosa, la Doña Blanca, la Mencía o la Bastarda.
Campaña publicitaria de la D.O. Monterrei
Una memoria que J.L. Mateo lleva años intentando preservar a través de su trabajo en viñedo, no exento de retos en esta última década. Es aquí, en un territorio donde surgen vinos potentes y cálidos, donde él es capaz de embotellar vinos con una elegancia y una finura digna de un fuoriclasse.
Me contaba que algunas de las viñas que hoy tiene ya pertenecían a su padre, quien era cantero, pero le gustaba elaborar vino para autoconsumo. Poco a poco, Jose se fue introduciendo en el vino, compaginando sus estudios en publicidad y relaciones públicas — en la Complutense de Madrid — mientras volvía a casa para hacer sus pinitos con elaboraciones que se vendían en el bar familiar.
— Ese era el verdadero reto. El estar expuesto día a día al feedback directo de tus convecinos.
A principios de los 90, la prospectiva de dedicarse al mundo del vino con la superficie de viñedo que ellos tenían no era real, porque “para hacer unas pocas botellas, no compensaba volver de Madrid”. Sería precisamente ese deseo de poder volver a casa para hacer algo ligado a la tierra lo que le llevó a prometerle al padre que volvería si éste le ayudaba a encontrar una parcela lo suficientemente grande como para poder dedicarse al mundo del vino de manera profesional y como modo de vida plena.
Un día recibió la llamada:
— Jose Luís, neno, ya te encontré la parcela. Ahora ya sabes lo que te toca.
Y así fue como la Quinta da Muradella se topó en su destino. Es la parcela que hoy da nombre al proyecto.
El propietario era un terrateniente de Ourense y el primero en tratar con él fue el padre, aunque sin demasiado éxito. Nunca llegaron a saberlo a ciencia cierta, pero sospechan que no quiso venderle las tierras por temor a que acabasen siendo objeto de especulación. Cuando llegó el turno de Jose, éste le explicó que quería la parcela para dedicarse a la viticultura, recuperando variedades como la Bastarda, la Monstruosa o la Doña Branca. A los pocos días acabó vendiéndoselas, quizá movido por la curiosidad de apoyar a alguien que apostaba por preservar un territorio. Pero había una una única condición: que la primera botella que saliese de aquella finca fuese para él. Dicho y hecho.
La parcela al centro de todo
— Nunca vi un año que venga tan adelantado como este. Años atrás, el clima de Monterrei tenía esos contrastes térmicos brutales entre el día y la noche. Cambios que no experimentamos durante los últimos 10 años. Los días son cálidos y las noches son cálidas, por lo que todo se adelanta y hay que estar muy encima de las plantas.
Me comentaba Jose Luís entrando en Gorvia, uno de sus viñedos más top que se encuentra en la zona de Pazos, de donde era su padre. Una parcela que plantó junto a él hace 39 años. Gorvia es la forma en la que los locales se refieren a la “gorxa” (garganta en gallego), porque este viñedo se formó como resultado de la erosión de las dos laderas que lo flanquean a ambos lados, depositándose todo el material erosionado en esta garganta del valle.
La trabaja en ecológico, dando tratamientos preventivos eco como lo son algunas infusiones de hierbas — No los prepara él, los compra, asegurándose que sólo se usan elementos naturales.
El perfil de suelo que tiene aquí son pizarras muy fragmentables, con alto contenido en sílice (de hecho, al tocarlas, se parten muy fácil y te dejan un brillo en las manos), con arcillas y arrastres de coluvión.
Es la parcela con las temperaturas medias más altas. De echo, la deja de trabajar a eso de las 11 de la mañana porque no hay ni Dios que aguante como pega el calor ahí a partir de esas horas.
Sin embargo, una de las cosas que más le llama la atención es también la parcela que mejor aguanta las condiciones extremas de sequía, ya que nunca le fallaron las vides. No importa cuanto sea de caliente el año, que las vides no se le apagan ni dejan de producir.
Y todo esto se lo debe al tener ese suelo maravilloso que permite que siempre haya reservas de agua accesibles de las que puede tirar la planta.
No despunta sus vides, sino que sólo las guía. Más que nada porque si despuntas tienes que tratar con un cicatrizante y eso es ya restarle vitalidad a la vid. Además, el follaje juega un papel importante a la hora de dar sombra al racimo, protegiéndolo a esa fuerte exposición solar. Recordemos que aquí se pueden llegar a alcanzar temperaturas de hasta 48 grados.
Las variedades blancas las conduce en guyot, mientras que las tintas las está reconduciendo hacia un gobelet muy parecido a los que se usan en el norte del Ródano. Del mismo modo, también está pensando en incrementar un poco la densidad de plantación.
Gorvia es una viña que se vio muy afectada por la grave helada del 2017, que afectó a una gran parte de sus vides; muchas de las cuales pudo recuperar buscando los chupones de la base y renovando el tallo. Para JL Mateo el preservar las plantas originales en lugar de replantarlas fue un trabajo de crucial importancia porque son las raíces lo que hacen que la planta sea interesante.
Las cepas viejas tienen más concentración de celulosa y almidón en el tronco, lo que suponen reservas de las que tiran las plantas en momentos de estrés para no paralizar su ciclo productivo, por eso las cepas viejas tienen mecanismos de defensa mejores y, también por el mismo motivo, los racimos más cercanos al tronco son siempre mejores, más concentrados.
Aquí se ve como el antiguo tallo está cortado y del chupón ha nacido el nuevo tronco.
En la parroquia de Tamaguelos tiene su otro Grand Cru en la parcela que compró en el 1994 — Quinta da Muradella. Mientras conducimos hacia ella, los pinares que se ven al fondo son ya Portugal, con la parroquia de Mandín — donde tienen su proyecto Xico y Bernardo Estévez, los otros dos nombres que me parecen interesantes en esta tierra — quedando a medio camino entre ambos.
Es una finca que tiene dos partes bien diferenciadas ya que la atraviesa una autovía que se construyó a principios del 2000 y que supuso que le expropiaran un pedazo de terreno. La parte baja nace a 420m mientras que la alta llega hasta los 470m. Una parcela con 17 perfiles de suelo diferentes, donde predomina la arena y una arcilla muy roja que ralentiza la maduración, lo cual es importante para una de las variedades que impera aquí, la Treixadura, ya que se le alarga el ciclo.
Esta arcilla tiene mucho hierro, lo que da un perfil diferente a los vinos, aportándoles una sensación ferrosa, de textura y frescura. Es de esta viña de donde sale la base para los Alanda y también ambas cuvées del Quinta da Muradella.
El bancal más alto es lo que embotelló alguna vez como El Pliegue, porque nace de un pliegue geológico con roca en superficie, no hay suelo, es todo mineral de hierro — sobre todo wolframio — por lo que tuvo que trabajar mucho el suelo para que asentasen las vides. De todas formas, aunque se pensase que esto podía llegar a ser un “Grand Cru” resulta que es donde más dificultad tiene para obtener una buena cosecha, siendo las partes medias de la finca, donde más finura y calidad obtiene.
Es destacable el trabajo que actualmente está llevando a cabo de estudio de suelos, orientaciones, altitudes… en cada una de sus parcelas y contrastando eso con cata de cada una de sus cuvées en diferentes añadas con el fin de clasificar sus vinos. Así, por ahora, Alanda es su vino de comarca, Gorvia y Quinta da Muradella son sus parcelarios y, luego, la recuperación de variedades autóctonas embotelladas en solitario las etiqueta como selección masal. He de mencionar que, en otra bodega de unos amigos suyos, también hace junto a ellos lo que son sus vinos de entrada de gama, los Candea, que viene a ser su vin de négoce, por decirlo de alguna manera.
El universo plurivarietal de JL Mateo
Jose no niega que en sus inicios también plantó algo de Cabernet Sauvignon y Tempranillo. El padre lo miraba con escepticismo:
— Mira, yo de esto no entiendo mucho, puede que hasta sean una buena cosa, pero no te olvides de lo que siempre se dio aquí.
Esta frase hizo que naciese el mayor dogma de su filosofía — mantener una coplantación de variedades autóctonas. De echo, cuando hay que renovar alguna planta lo hace con variedades gallegas y, cada vez más, usando variedades de ciclo medio o largo para combatir el cambio climático. Porque “la situación actual nos invita a repensar el territorio y, seguramente, tener que cambiar paradigmas preestablecidos”.
Como regla general, en sus fincas encontramos alrededor de un 60/70% de variedades tintas y un 30/40% de blancas, arriba o abajo. Porque esto era Monterrei. No tierra de Godello, ¡sino de tintos!
En Monterrei dominaba la Brancellao, aunque también se daban otras variedades tintas como la Mouratón o la Bastarda — esta ultima le flipaba particularmente al padre. En blancas, la mezcla típica, la de siempre, era la Doña Branca con la Monstruosa de Monterrei — variedad todavía no permitida por el consejo regulador, tócate las narices. Que queréis que os diga, me sigue volando la cabeza que, una variedad autóctona que no se da en otro lado, que era típica a más no poder en el pasado… por no ser todo lo productiva ni de interés enológico para una D.O. no la puedas embotellar amparada bajo su sello. De locos.
También está recuperando variedades blancas como la Verdello Antigo y la Loureiro— aunque con esta última tenías dudas de si plantarla o no porque no es de la zona. Sin embargo, las condiciones climáticas lo empujan a apostar por variedades de ciclo medio-largo. La Treixadura también lo tiene enamorado.
En tintas destaca su fetiche por la Zamarrica (o Caíño da Terra) que huele a zumo de naranja, piel de pomelo, pino, eucalipto, arándanos y mentolados. Es una variedad que lo que percibes en campo (es decir, comiendo la uva) te lo da en el vino. Brutal. Junto con la Brancellao, una de las variedades con mayor identidad de Galicia porque “sólo con olerlas ya sabes lo que son”. Va a hacer pruebas con ella en solitario para entenderla.
Adicionalmente juega con la Sousón, la Carabuñenta (o Touriga Franca), el Verdello Tinto, la Tinta Femia, la Caíño Longo y la Garnacha Tintorera, además de las ya mencionadas Brancellao, Zamarrica y Mouratón. Tiene algo de Tempranillo plantado en su día, pero dice que no vale para nada en esta zona.
Sus plantaciones se arrancaron siempre por selección masal, encontrando clones viejos y diversos de una misma variedad por la zona, reproduciéndolos y plantándolas en sus varias parcelas para ver como se comportan.
Incluso hoy, cuando le toca replantar o hacer una nueva plantación, lo hace apostando por esa filosofía plurivatietal respetando el ratio de variedades antes mencionado.
El trabajo en bodega
Como ya os podréis imaginar, el mismo mimo y respeto que tiene Jose por sus viñas, lo mantiene a la hora de elaborar, donde no lleva a cabo correcciones de ningún tipo, y arranca fermentaciones en espontánea. Lo único que hace es que bloquea las malolácticas en sus blancos con pequeñas dosis de sulfuroso, pero reconoce que cuando lo hace, las malos, ya han arrancado un poco, consumiendo en torno al 40% del ácido málico.
Al igual que vimos en el caso de Jonatan García, de Suertes del Marqués, JL Mateo es de la opinión de que el sulfuroso es necesario a la hora de proteger los vinos. No usa dosis elevadas — quedándose sus vinos en torno a los 30 mg/L de sulfuroso total — pero lo suficiente como para que los vinos no se desestabilicen.
Aunque tiene barricas formato pequeño, no las usa porque no les sabe coger el punto, prefiriendo sin dudarlo los foudres a la hora de elaborar sus vinos.
He de decir que he catado tanto de botella como directamente de depósito y de barrica, por lo que os dejo por aquí tanto con mis notas de cata de las cuvées descorchadas, como con las impresiones de los vinos que se están terminando de asentar, para que tengáis una idea general de lo que se viene: click aquí
Miguel Crunia (7º Top 50 Best Somm UK). https://atlanticsommelier.substack.com/




