Blanca y el móvil

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    Nitidopress

    Blanca y el móvil

     Nos sentamos en un bar del centro histórico de la ciudad de México en una mesa cerca de la ventana para ver pasar a la gente. Blanca pide una cerveza clara, le da un par de sorbos, me sonríe y se dispone a revisar las actualizaciones de sus redes sociales. 

    Blanca es mi abuela paterna, nació en un pueblo de Asturias en donde nadie tenía teléfono en casa. Le gusta viajar a lugares cercanos los fines de semana, pintar y beber una cerveza todos los días, lo considera un hábito saludable. Su hermana me contó que todas las tardes cuando vivían en el pueblo les gustaba abrir la ventana para observar a las personas que pasaban. Su pasatiempo favorito era inventar historias sobre sus vidas y reír juntas. 

    Después de un largo silencio y terminar la mitad de mi cerveza, le pregunté qué la tenía tan absorta en el móvil. Me dijo que estaba muy nerviosa porque subió una foto nueva a su perfil de Facebook, que había recibido varios “likes”, pero no le gustaba cómo se veía y quería cambiarla.  Le pregunté si había pintado algo últimamente, me respondió que no tenía tiempo porque la vida ahora va más rápido, tampoco ha salido de viaje, ni hablado con su hermana Covadonga, porque ella no sabe usar el móvil. Blanca pide apresuradamente la cuenta, me dice que su batería marca once por ciento y quiere que la lleve a casa porque se le olvidó el cargador. Su cerveza ha quedado a la mitad.

     

     

    Mónica Costa

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