Obra de arte portuguesa.

A la vista presenta un color picota negruzca con menisco morado azulón. Capa alta. Lagrimea con profusión, grosor y limpieza.

Nariz bien definida, perfilada. Intensa y compleja. Una gran nariz que va evolucionando copa tras copa. Si en la primera copa la impresión inicial era e laca de uñas, en la última es de unos anisetes finos y sublimes. En todas ellas sin embargo hemos encontrado ciruelas negras, vainilla, pimienta, clavo, tabaco negro... Y unos lácteos que se mostraban lácteos al principio y que afloran sin complejos al final. Vaya nariz!

En boca es sublime. Una demostración categórica de que potencia y elegancia pueden ser compañeros de viaje. Redondo, pulido, domado, pero ojo, que mantiene el carácter y se puede encabritar este brioso corcel. Le quedan muchas yardas por recorrer. Notable carga frutal que se ve compensada por unas trazas vegetales que además le otorgan frescura. Estaban antes ahí las trazas vegetales, pero poco a poco se ven abrumados sin llegar a anularse por la comentada fruta y un cacao que persiste hasta en el tacto final...

Postgusto largo y soberbio, queda la boca como después de haberte tomado un bombón de chocolate negro relleno de buen licor.

Grande, grande.

P.D.: ¡Gracias Chini!

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