Amarillo pajizo claro. Limpio y brillante. Glicérico.
Descorchamos y un primer efluvio "raro" desaparece al instante. A partir de ahí coge aceleración y es cuando nos damos cuenta de que nos encontramos frente a un gran blanco. El espectro aromático es enorme y todo se muestra muy compensado. Empezamos detectando notas florales como la acacia y el jazmín. Después aparecen la hierba, el plátano, la piña, un deje anisado, otro mentolado, las almendras, la mantequilla, la madera vieja, el fósforo, el bosque húmedo y las piedras.
Boca con la corpulencia justa y una gran acidez. Cada sorbo es mejor que el anterior pero todos ellos invaden la boca. Flores, frutas, (alguna de ellas exótica) especias punzantes, madera vieja y un gran matiz salino.
Final duradero.
Una chardonnay clásica y cargada de matices de otro de esos productores que también molan. Como un Mercedes "Alas de Gaviota" del 54, así de bonito.
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