El 2 de noviembre, se celebra el Día de Los Muertos : una buena ocasión para abrir esta botella de champán, un champán inexorablemente condenado a la decrepitud. Como el labrador de La Fontaine, a punto de acabar su vida, el moribundo se despertó de su letargo, ante la estupefacción general. En la nariz, nos encontramos con un vino intenso y juvenil ; en boca, se muestra a la vez delicado y carnoso, bastante largo, con predominio de notas de panecillo recién salido del horno y de cerezas en conserva : una manera de reivindicar su identitad. Lo creían perdido pero aún no ha dicho su última palabra.
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