Saca 2012, solera Museo. Unos 45 años de vejez.
Color ambarino con reflejos color oro viejo, muy limpio y brillante. Ligero precipitado en el fondo de la botella.
La nariz es impresionante, apabulla por su intensidad y, especialmente, por su complejidad. Frutos secos tostados (nueces, avellanas), notas herbáceas, ligeras notas a laca, sal de mar, con la madera muy poco marcada para lo que podría esperarse, punzante pero deliciosamente equilibrada y elegante.
En boca descoloca un poco; la madera se marca más que en nariz y, sobretodo, tiene una salinidad muy pronunciada, casi en el límite, que no recordamos en botellas previas (nos recordaba de hecho a una botella con más de 100 años que nos dio a probar A. Flores). Tras ello, sabores avellanados, finos apuntes amargosos y flores secas.
Final casi infinito, con una fuerza arrolladora, que inunda las papilas con notas de frutos secos y deja un rastro amargoso y herbáceo.
De sobra es sabida mi debilidad por estos vinos “viejos” de Jerez, obras maestras de nuestra enología, pero he de reconocer que esta saca (o esta botella?) es bastante extrema y difícil de entender si uno no está bastante acostumbrado a estos vinos.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.