Diez meses después, sigue siendo un vino que enamora por lo bebible y agradable que és.
La frutosidad con dulzura es su punto clave, tanto en nariz como en boca y su equilibrio y toques de elegancia, es su punto máximo o algido (no me gusta nada esta palabra para expresar el punto más elevado).
Mucha estructura y acidez correcta y justa, que dan toques de sedosidad. Largo y persistente final. Demasiado frito para este vino que tiene que expresar mucho, mucho, mucho.
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