He seguido la pista de este vino desde su primera cosecha, 1999. Sinceramente creo que es un serio aspirante al trono del cabernet chileno, mismo que hoy (y desde hace tres lustros) detenta Don Melchor, de Concha y Toro. Es un hueso duro, muy duro de roer y falta mucho camino por recorrer. Pero los Errázuriz no bajan la guardia.
Nariz intensa y compleja, entre tonos de chocolate negro, cenizas y fruta negra de buena madurez, se insinúan cedro, virutas de lápiz y alguito de palo de regaliz. Se asoman por ahí tambien té, piel de ante y tinta china. De cuerpo amplio, concentrado y muy primario en su fruta dulce, quizá un pelín sobremadurada, tiene un recorrido sorprendentemente dócil y tanicidad más bien suave, integrada, que conduce hasta un retronasal más especiado que mentolado. El final, elegante y lleno de fruta, no pierde empuje pero tampoco está para aventar la casa por la ventana. Lo volvería a catar en tres o cuatro años.
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