El vino está vivo.
Y esta elaboración lo demuestra.
Su aspecto es ahora impenetrable.
Su lágrima, una auténtica cascada en la copa.
Rico. Riquísimo, diría yo. No deja indiferente.
Se acentúan en esta cata los aromas de sobremaduración,
con grandes recuerdos de oporto y chocolate en nariz.
La boca se muestra ahora también llena de fruta madura y
recuerdos de helado de ron con pasas.
Fantástico. Oportorizado. Multiplicado.
Golosísimo... Comienza otro camino.
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