La verdad es un vino maravilloso, que generosamente el buen Daniel compartió con sus amigos/paisanos. Cabe mencionar que no me vi influenciado por la etiqueta, porque tuvo la ocurrencia de llevar la botella envuelta en la sección de tiras cómicas de un periódico local...luego entonces, fue una doble ciega para un servidor y una gran sorpresa cuando se develó el misterio.
Fue decantado unos 45 minutos antes de servirse y en nariz fue toda una explosión terciaria, cueros, hongos porcini, trufas, especias, posteriormente mostraba frutos rojos deshidratados, pero esta nariz era cambiante, cada minuto que pasaba mostraba matices diferentes, me traía loco,,, En boca es como se dice "un puño de hierro con guante de seda", todo potencia pero a la vez elegancia y balance, taninos finísimos y cada sorbo invitaba al siguiente para tratar de descubrir el nuevo matiz que presentaba en el retrogusto, unos sorbos especias, otros balsámicos,,,, una locura.
Definitivamente no es un St Emilión típico, mas bien se asemeja por algunas de sus características a un gran Brunello, pero con una elegancia inédita. Ahora se porqué les llaman vinos de culto,,, está para hacerle una capilla.
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