Mineralidad en estado puro

Dorado pálido.
Nariz de buena intensidad con aromas marcadamente minerales, fruta tropical verde, algo de piña madura, primeros atisbos de los hidrocarburos y unas flores blancas muy perfumadas que van a apareciendo paulatinamente entremezcladas con aromas de miel.
En boca tiene una muy buena acidez, buen equilibrio y siempre amable durante todo su desarrollo, que es largo y con notas cítricas que marcan muy cerca a esa inconmensurable mineralidad.

Es un vino excelente aunque creo que es la añada más floja de todas las que he probado (si no recuerdo mal desde 2002). Pese a mantener un carácter singular, con ese terruño expresándose a cada momento, le falta algo de profundidad y complejidad, además de que no creo que mejore mucho con el tiempo. Recién catado el 2007 hay un abismo enorme, pero también el 2005 estaba excelso.

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