Amarillo ambarino,en apariencia espeso, y con poca persitencia de lágrima en la copa, que discurre fluida.
Nariz: el trópico apunta desde el inicio, con un leve toque herbáceo, pero en el que se imponen los aromas dulces, a pappaya, mango y piña.
Boca: confirmación de las notas olfativas, con el conocido recordatorio a uvas, con muy poca acidez para un trago fácil de recorrido medio. Lo peligroso es que no resulta fácil dejar de beber una vez comenzado, sobre todo a una temperatura que le va de maravilla, rondando los 12º-14ºC.
Baldomero sigue poniendo mucha fruta, y una inmensidad de afecto en esta elaboración, de la que soy un privilegiado catador gratuito.El vino sigue teniendo una gama de productos que encajan de maravilla; a los anteriores les añadiría pescados a la plancha, y postres de chocolate amargo. Un placer
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