Un vino sabroso, pero raro. Perfecto para tomarle el pelo a los crédulos, y mejor aun para perderle el respeto al gran Gaja. ¡Y sin embargo, tiene la calidad que uno espera del buen Angelo! Trataré de explicarme:
Uno puede engañar a los crédulos haciéndoles pensar que este vino tiene algo del perfil aromático del nebbiolo, cuando en realidad no tiene nada. Tiene mucha influencia de la crianza (vainilla suave, tostados, café), fruta negra, tierra mojada, cierto tono boscoso y algo de la serie animal. Lo mejor es un acento de almendras que incluso recuerda al amaretto. Buen volumen, con ciruelas maduras, chocolate y algo de cuero en un recorrido amargoso, de buena acidez y tanino muy suave. Me recordó más al syrah... ¿en un Gaja? Caray, esto no me acerca nada a sus grandes vinos, y este vino no es barato. ¿Qué hago, le doy una mala nota por puritano, o juzgo al vino por sus propios méritos?
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