Botella de 375 ml, decantado 1 hora. Uno a veces tiene que probar vinos

Botella de 375 ml, decantado 1 hora. Uno a veces tiene que probar vinos como éste para darse cuenta que los estuchitos de aromas y los cursos de cata no sirven pa nada. Ningún Nez de Vin ni ningún curso lo transportan a uno a un jardín de monasterio justo después de llover. Este vino sí. Pura elegancia, pura intimidad, de grava, tierra mojada, rosas secándose, violetas, habano; todo se escucha y canta, no hay que "trabajarlo" sino dejarlo solito, y entonces despliega además kirsh, peletería, zarzamoras, ebanistería. Al paladar es lleno, aterciopelado, clásico, anti-parkeriano, y poco a poco su fruta empieza a "tostarse", como si uno la metiera a hornear con caramelo encima, como si fuese un pomerol --quiero suponer que se debe al alto % de merlot y al suelo, que también se manifiesta con un tanino terroso, como si fuera ceniza, denso y no agresivo, que expresa mejor el suelo que lo que cualquier técnica de vinificación podría hacer. Este es un vino que se escucha, como igual se saborea el canto gregoriano. (Y eso que 1999 fue una cosecha ’malita’.)

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