Bosques de coníferas, apuntes vegetales que se resuelven hacia monte bajo y hierbas finas con un punto especiado y fresas. Estaré loco, pero me recordó un chateauneuf de garnacha. En boca al inicio se percibe algo desacoplado y el final se debilita. Con todo, trae un tanino suave y bien trabajado, y buena acidez. Lo mejor llega cuando la cariñena llega a reclamar lo que es suyo, en nariz y en boca con notas de chocolate, guinda, frangelico. Quizá lo único que tiene de mineral es esa concha de mar en etiqueta y corcho (¿representa algo del Camino de Santiago?); pero no veo porque un priorato deba ser bueno, o dejar de serlo, por su “mineralidad” –whatever that means. Enhorabuena a Dominic que se las ingenió para crear un priorato diferente al vino de pelo en pecho y voz de barítono wagneriano a los que esta comarca nos ha acostumbrado, para bien o para mal.
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