Me temo que la cata de un vino como éste, con las temperaturas que tenemos - sí,sí, incluso en Bilbao - lleva un exceso de sesgo que - en mejores circunstancias -podríamos "suavizar".
El "deje" de regalices, madera y cuero está en nariz rodeado de una nota alcohólica que ayer, cuando abrí la botella (roconozco mi despiste) no se notaba. Seguramente, el calor de hoy lo potencia así que -aviso a navegantes- adaptemos la ingesta de este vino a las condiciones más apropiadas.
Astringencia en boca que a mí no me desagrada, aunque abandona el aterciopelado característico de los caldos "históricos" de esta bodega. Recuerdos en el postgusto a madera - posiblemente, lo que más destaco, junto con la fruta muy madura- y algo de limón (??, que no sé justificar.
Ganará adeptos entre los aficionados a los Riojas menos potentes, porque une un equilibrio "diferente" con una presentación clásica elegantísmia (!!y también se bebe por los ojos!!).
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