Se intuye, al inicio, su alma roja y pizpireta, proveniente de una cereza como la Rainer, con su característico tono bicolor, de piel amarilla y roja. También se aprecia la granada madura y las moras entreveradas. Fondo a regaliz tan rojo como negro. Fondo balsámico, rica madurez, con profundidad y alma golosa, recuerda a la mermelada de Itxassou.
La entrada en boca es con nervio y garra, el tanino es tan noble como elegante. La acidez es pura y jugosa, trama y hace al conjunto más amable y fluido. Retumba lo sentido en nariz con intensidad, claridad y naturaleza. Un vino que gusta hoy, mañana y cuando él quiera.
La verdad que es algo que se observa cuando catas las nuevas añadas, imaginarte lo que puede llegar a ser. Normalmente como bien dices, se cumple.
Creo que los vinos, casi todos, buscan más la inmediatez que la guarda en el tiempo. Somos más bien pocos quienes guardamos durante muchos años el vino. Pierden longitud y presencia pero ganan mucho en los tres o cinco años. Pienso ante vosotros. Un abrazo.
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