Rojo intenso, con ribete teja. Capa media, tirando a alta. Aunque al principio parece muy limpio, tiene algo de poso. Posee un buen brillo. Lágrima poco uniforme y discontinua. Corcho en perfecto estado de conservación.
Nariz impresionante. Tiene de todo, es compleja, evocadora y misteriosa, cambia. Ciruelas, moras, grosellas, maderas viejas, sangre, cueros y tierra. El olor es inconfundible.
En boca está tremendo: es floral, sabe a violetas y moras a comino y pimienta, a madera no muy tostada, a carne, a grafito, a ceniza, a miel, a tierra...
Final muy elegante a frutas rojas y licor.
Después de casi veinte años el color y la capa siguen siendo intensos, y perduran los sabores primarios, que están estupendamente conjuntados con otros que denotan su madurez.
La estructura es grandiosa, y la acidez sigue siendo altísima.
Esta noche hemos descorchado dos botellas y ambas estaban absolutamente igual de buenas. Eso da mucho que pensar acerca de la regularidad, buen hacer y capacidad de envejecimiento que tienen los vinos de la "Casa".
Cuando era pequeño, mi padre abría alguna botella de vez en cuando, y siempre me decía que, además de que Vega Sicilia era su vino favorito, se podía distinguir de otros porque, aparte de su genuino sabor, nunca sentaba mal, y no emborrachaba. Desconozco el rigor que tenía aquel pensamiento, pero cada vez que me bebo un Único o un Reserva Especial, (desde luego muchas menos veces de las que me gustaría) doy fe de que es verdad.
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