Tiza y arena mojada en nariz, muy mineral. Fruta muy variada: cítricos (mandarina), manzana verde, níspero, melocotón... También especias como la nuez moscada y notas florales.
En boca entra bastante untuoso y con mucha acidez, amplio en boca y con un rico amargor emparejado con una ligera golosura que combina deliciosamente. La persistencia es muy considerable y el final es frutal, amargoso y salino.
Pese a que los Aubert suelen tener una crianza marcada (unos 12 meses en barrica francesa mayoritariamente nueva) la madera y los tostados apenas destacan y están muy integrados tanto en nariz como en boca. Quizá en boca se percibe un poco más.
El vino está ligerísimamente turbio cosa que en la bodega atribuyen a la mínima intervención (“slightly hazy”, dicen en la página web propia) pero no afecta en ninguna manera a la cata.
Al igual que en el Powder House que caté hace unas semanas me cuesta creer los 15º de contenido alcohólico que figuran en la etiqueta. El vino no se siente pesado en ningún momento ni da ninguna nota alcohólica en cualquiera de las fases gustativas. Me gustó marginalmente más el Powder House, pero quizá los dos años de botella (2021 vs 2023) explican la mayor complejidad e integración y probablemente alcance un nivel similar.
Muy borgoñón, aunque rico y concentrado.
Un infanticidio en cualquier caso. La bodega recomienda 10 o 15 años para su consumo. Pero no tengo la paciencia de esperar cuando la cosa está tan rica ya!
Como curiosidad, el nombre UV-SL es un homenaje al antiguo encargado de la viña (Ulises Valdez) con la mención de la carretera donde está el viñedo (Stoetz Lane).
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