VISTA: Granate oscuro, opaco y con el ribete estrecho diferenciado en tonos violeta. Limpio y brillante. Lágrima muy abundante, densa, gruesa y de caída lenta que tinta profusamente la copa.
NARIZ: Intensidad media, profunda, penetrante, sutil, evocadora, con aceptable definición y mucha persistencia. Lo primero que encontramos son aromas de frutos rojos maduros y algo alicorados, desarrollándose con frescura de la mano de notas de monte bajo y césped recién segado. Después va encerrándose y virando hacia un perfil más oscuro. Cuesta más apreciar las notas de tinta china, betún y carbón vegetal. Al final aguarda un elegante fondo de madera de cedro y ebanistería que persiste buen rato después de apartar la copa.
BOCA: ¡Un titán! Intenso y potente sin resultar agresivo. Pasa denso, lento, no tiene prisa. Con una presencia arrolladora, colmando la boca plenamente desde la entrada, con contundencia controlada y prolongando el recorrido una barbaridad. Tiene mucho cuerpo, peso y bastante concentración, pero también tiene frescura para equilibrar cualquier exceso. Hay buena sintonía entre alcohol, acidez y taninos. El equilibrio no es perfecto, pero, lejos de ser un defecto, es una virtud, un aliciente para buscar un nuevo trago y volver a sentir esa tensión tan sugerente. Mención especial merecen los taninos, carnosos y con el punto justo de astringencia. Invitan a retener y paladear. A pasar la lengua por las encías en busca del hollejo pegado. ¡Soberbios! Al igual que la descomunal carga frutal. Viene pegada al hueso, jugosa, tersa y crujiente. Menos madura que en nariz. Hace vibrar la lengua y el paladar. ¡Maravillosa! Al igual que los complementos. Ese monte bajo, apenas un suspiro que se concreta en notas de tomillo y romero. Y esa madera tostada que esperabas pero tarda en aparecer, dejando notas garrapiñadas y café para un postgusto memorable. Me sorprendo inclinando la copa para vaciar la última gota...
Este año se cumple una década desde que me suscribí a Verema. Best Of es una serie con la que quiero volver a disfrutar de los vinos que mejor he puntuado a lo largo de estos diez años. Probablemente no hayan sido los mejores, pero si son los que mejor sabor de boca me han dejado, porque me han llenado, emocionado y me han ayudado a aprender lo poco que se.
Torre Muga es el primero de ellos. "La expresión más potente e intensa de la familia" según reza su etiqueta. Y no puedo estar más de acuerdo. Un vino moderno, concebido en una de las casas clásicas de La Rioja por antonomasia.
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