Un Albariño que recobra la memoria del pasado.

Añada joven todavía pero de perfil más evolutivo que el resto de los vinos que trabaja. Es una cuvée parcelaria, donde hay cepas con más de 250 años a pié franco sobre roca madre granítica. Es un vino muy emotivo desde el punto de vista de como se trabaja porque es una vuelta a los Albariños del pasado, sin controlar la temperatura ni hacer bâtonnage, dejando que el vino trabaje de manera natural en fudre. Austeridad cargada de aromas que recuerdan a la cebada, a la camomila y el heno, a las frutas de hueso secas y a la manzana asada. Es un vino bastante textural, de boca amplia y grasa, pero con un velo de frescura linear y una impronta yodada muy bien integrada. Catalizador de emociones.

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