Un vino que hemos disfrutado poco a poco.

Tras tres semanas abierto en la nevera, hemos acabado con esta maravilla que nos ha acompañado como copa antes de comer o como remate final con el café y algún puro.
Excepcional nariz de vino rancio, de guindas en aguardiente, arrope, café muy tostado, duelas envinadas y notas casi yodadas entremezcladas con las notas de ciruelas pasas.
En boca es amplio, con ese perfil oxidativo tan personal, con carácter. Una excelente acidez que da frescor al conjunto, recuerdos a pastelitos marroquíes y notas especiadas. Largo y con un gran cuerpo.

Un vino que hemos disfrutado poco a poco.

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