Esta vez le ha llevado lo suyo abrirse: lo decanté en la bodega, a unos 11 grados, y ahí lo dejé. Parece ser que decantar a temperaturas muy bajas no tiene el mismo efecto que a temperaturas medias. Pero a las tres o cuatro horas vuelve a ser el que caté el verano pasado. Tostados, torrefactos, hojarasca, fruta roja y negra, todo con buena intensidad. Y boca elegante, con tanino perceptible pero bien integrado y con buena acidez.
Sigue también el pequeño amargor en el retrogusto que me despista.
Y hoy sin embargo pienso que quizá sí esté mejor en unos años, pero no se puede esperar siempre: que la vida va pasando...
Ya estoy pensando en los Carmes "de nueva generación", los 2015, 2016 y siguientes!
Por cierto, que después de ver precios de otros Burdeos recientemente me parece que la RCP es comparativamente buena.
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