En Xalet Suis, Lérida. Noto diferencia entre la copa de mi mujer (que permanece sin beber durante mucho más tiempo que la mía y queda un resto mucho más aromático al final de la cena, 90 minutos tras abrirse la botella) y la mía.
Buena intensidad en nariz, muy frutal y madera sin timidez pero elegante, sin estridencias. Eso sí, la madera es inequívoca y a quien guste la moda poco maderosa este vino no le cuadrará. Balsámicos, sotobosque, tierra mojada y humo completan una aromaticidad muy elegante y compleja.
Pero es en boca donde destaca más, en mi opinión. La nariz es típica de un buen Ribera de Duero de hornada tradicional, pero la boca es más sutil y exageradamente suave y sedosa. Tanino bien presente pero sutil y alcohol bien arropado por un cuerpo medio que encaja esa elegancia natural del conjunto.
El nombre “interpretación” me hacía esperar algo distinto del típico buen Ribera. Y es, en efecto un buen Ribera, muy bueno, pero dentro del arquetipo tradicional de esta zona.
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