Grandes expectativas en torno a este vino y a esta añada. A mi particularmente , 2010 , no me está deslumbrando. Este Castillo de Ygay tampoco, más si cabe , tras la cata del 2004. Quizás esta añada aporta algo de mineralidad, recuerdos de brea y lapicero , pero de momento no alcanza la excelencia frutal y la crianza sublime de 2004. En cualquier caso está , como gran clásico, en la misma línea: fruta roja y buenos terciarios de su crianza. Integración, armonía y dulzura frutal
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