Clásico

Se trata del vino tinto superior de esta histórica bodega de Costers del Segre. Se ofrece encerrado en una pesada botella bordelesa, etiquetado con una larga etiqueta de diseño clásico y cuidado. Lo sella un tapón de corcho de buena longitud.

A la vista se presenta con un color rojo cereza profundo, con buena capa, con un ribete tirando a granate. Tinta la copa de rojo, dejando una espesa lágrima que se desliza con parsimonia.

En nariz desprende sobre todo aromas de la crianza: madera noble, toques especiados y un deje mentolado. Con el movimiento se deja notar algo de fruta roja madura.

En boca es carnoso y con acidez moderada, con la fruta algo más presente y las notas de crianza menos obvias. El tanino es abundante pero bastante domado. 

Se puede beber ya sin temor a cometer un pecado, pero creo que tiene gasolina para aguantar todavía algún añito en botella.

De todos los que he probado, diría que es uno de los mejores tintos de la DO Costers del Segre. Entre su hermano mediano Oda y este 1740 creo que hay un salto cualitativo importante.

Vino perfecto para regar platos de carne consistente y embutidos bien curados. Lo bebimos comiendo cordero asado y manitas de cerdo con caracoles, y creo que acertamos.

En tienda cuesta unos 24 €. 

 

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