Y 10 meses después estamos en el mismo restaurante (primera vez desde la p*** pandemia) para cenar y volvemos a pedirnos este delicioso bivarietal. Veamos como ha evolucionado. Nos sacan la botella de su vinoteca a 9°C y nos sirven en unas bonitas copas tipo Sauternes.
VISUAL: De color amarillo pajizo con reflejos verdosos y muy luminoso (87).
OLFATIVA: En primer término desprende aromas marcadamente cítricos de ralladura de limón con toques de tamarindo y lichi. También asoman apuntes herbáceos de manzanilla y apuntes de pastelería (crema inglesa). Bien de complejidad con una intensidad media (88).
GUSTATIVA: Presenta un buen ataque, de acidez media y gran untuosidad. Paso por boca cremosito y sedoso, muy amable. Asoman aromas retronasales cítricos con un post-gusto que nos trae sabores de fruta tropical (lichi y piña) con un toquecito ácido de manzana verde. Final mineral, con notas salinas y con una persistencia de dos minutos exactos. Realmente la botella le ha sentado genial pues ha ganado en elegancia y equilibrio (92).
La RCP la mantenemos en muy buena.
MARIDAJE: Nos lo pedimos con un filete de dorado ecuatoriano (llampuga) con puré de arveja, vegetales y salsa de mostaza. Maravilloso maridaje, notas salinas en ambos lados coqueteando con los frescos apuntes vegetales y cítricos. Riquísimo.
Salud-os!!
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